Herrera, estratega del desorden

Indigno y vergonzoso resulta el episodio del lunes pasado en el Aeropuerto de Filadelfia, donde el entrenador de la Selección Nacional de México (léase fuerte), Miguel Herrera, se fue a los puños a un polémico y a muchas veces ácido Christian Martinoli, comentarista de TV Azteca.

No tomaré partido por Martinoli y mucho menos por el Piojo. Lo que me preocupa es la imagen que se está dando del futbol mexicano, cuando el timonel del representativo nacional, quien se convierte desafortunadamente en un embajador, enloquece enfrente de tanta gente.

Sí, señores, Miguel Herrera ha dejado mal parado al país no solo por la terrible manera en la que se jugó en Copa Oro, sino en la nula seriedad que se manifiesta en el que hasta ese momento era el entrenador de la Selección Mexicana.

Por supuesto, los temas políticos, sociales y económicos son los más importantes y donde México debe tener una mejor imagen, pero cuando estos fallan (como sucede en nuestro país), el deporte se convierte en un oasis para decir: ¡Oye, México no es tan malo como pensamos!

Pero cómo nos defendemos cuando un tipo como Miguel Herrera muestra su lado más silvestre, su esencia neandertal, su poco juicio y se lanza a las trompadas contra un comentarista, al cual jamás le encontré una crítica fuera de lugar contra Herrera.

Al igual que Martinoli, todos pensamos que la Selección Mexicana jugó basura en Copa Oro, que se le regaló el pase a la final y que en Copa América se fue a hacer un ridículo de proporciones continentales.

El estilo del comunicador puede gustar o no y como bien dice Martinoli, ese ya no es problema del periodista. Sin embargo, futbolistas, entrenadores y directivos deben entender de una vez por todas que son figuras públicas sujetas al escarnio de la sociedad.

Herreradebía preocuparse por el desastre que era en la defensa, por darle confianza a un Ochoa perdido por tantos meses de inactividad, por no inventar posiciones en la media y por bajar de su nube a Giovani dos Santos.

De acuerdo estoy en que tal vez el vestidor de la Selección Mexicana estaba lleno de camarería. ¡Qué bueno! Eso siempre ayuda a que las cosas salgan bien dentro de un equipo. Pero esa camarería no debe convertirse en relajo.

Señores, representan a un país en el plano deportivo y como escribí líneas arriba son embajadores de México, por qué no lo comprenden de una buena vez.

La falta de estudios no puede ser un argumento de defensa para las –perdonen la palabra- estupideces que escriben futbolistas como Jona y Gio dos Santos en redes sociales. Vaya, hay personas que no terminaron la primaria y son un ejemplo de civilidad.

Ojalá y este castigo que recibió Miguel Herrera al ser cesado de la Selección Nacional en verdad le sirva y no regrese como amenaza: con la misma mentalidad y manera de ser.

De su hija no vale la pena emitir comentario. Los hijos son el reflejo de lo que ven en casa. Dicen los que saben que la educación se mama en el hogar.