@PabloJourno

El rumor es que si vienes a comprar una refacción a Pablo de la Garza seguro te venderán la que antes te robaron, y te harán descuento en la que te están robando mientras esperas. Sé que es falso, pero de todos modos he venido un par de veces en metro, disque por no batallar para estacionarme. Ahora vengo a pie, siguiendo a dos gancheros que agitan latas de pintura, las calles están solas y sorprende el silencio, en una zona en la que los gritos de los vendedores y la música de los negocios hace difícil hablar de voz baja durante el día. El silencio no sirve de nada cuando se sabe participante de un acto ilegal, ante uno de los sistemas de valores que operan en esta sociedad, y una transgresión territorial desde el punto de vista de otros. No es fácil saber si me preocupa más la aparición de una patrulla, o de la pandilla local.

No solo se trata de dejar huella, debe lucir el apañe, la caligrafía. La firma ha sido practicada una y otra vez sobre papel, hasta que las curvas se vuelven naturales. No es fácil de imaginar la transición del papel al gran formato que exigen los ganchos, no se raya en pequeño, eso es para taggers.

La ventaja de los taggers es que dejan sus marcas rápido, sin pensarlo casi, “Willy de la Granja” tiene tapizada la ciudad y todos conocen su nombre, porque usa una letra normal, escribe como nos enseñaron en la escuela, pero sin dejar de transgredir.

Tampoco se trata de hacer bombas, esas letras gordas, como globos, que tanto están de moda. Las bombas las hacen los más chavos, los que quieren hacer algo más que dejar su nombre en la pared. Basta con hacer una búsqueda en internet para encontrar miles de páginas y videos de youtube que enseñan a hacerlas: bombas vacías, bombas infladas, bombas con brillos y sombras, por eso están en todos lados y se ven todas iguales. Es el graffiti post-internet. El graffiti globalizado tiene forma de globos.

Los gancheros, en cambio, afirman con orgullo que son únicos, cualquiera que esté un poquito involucrado con el arte callejero lo confirma. Antes del internet y poco después de la explosión del hip-hop, comenzaron a desarrollarse los ganchos en Monterrey. En esa época la información que llegaba acerca del graffiti de otras latitudes era muy poca, la mayoría en películas comerciales o revistas de corte musical. La falta de información permitió que los apañes adquirieran características propias: fluidez de movimiento, amplias curvas, una geometría casi obsesiva, simbolismos, letras que no parecen letras sino animales.

Se escucha el sonido de un televisor dentro de una casa mientras el primero de los gancheros selecciona el lugar para comenzar a firmar, él es el bueno, el líder del crew. Él elige su pared y decide dónde rayará el otro. Comienzan con una lata de negro.

No sé donde les caben las latas, yo sufro para cargar dos lentes en la mochila y ellos se meten cuatro o cinco latas en la cintura sin problema, listas para usar. Tras un par de ganchos en negro avanzamos unas cuantas cuadras y de nuevo a rayar, ahora con una pintura plateada, a la que llaman “de cromo”.

Vengo con dos FXP, hace más de veinte años que comenzaron a juntarse afuera de un depósito y se autonombraron los Fox Power. Entonces pasaban las tardes frente a un depósito practicando rítmicos pasos de breakdance. Se formó la pandilla con un grupo de amigos, habitantes del mismo bloque de edificios. Entre tres de las avenidas más transitadas de la ciudad, naves industriales y enormes baldíos, crecieron escuchando rap, rock, cumbias, bailando break e inevitablemente con la tentación de escribir su nombre en las paredes como la única manera a su alcance de decir “Aquí estoy”.

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El líder de los Fox ahora es adulto, no muy alto, con buena condición física, siempre sonriente, su liderazgo no es uno de violencia e intimidación, él es amigo de todos y cuida a los suyos. No se debe olvidar, sin embargo, que tiene un gimnasio de box, donde dice no enseñar más que lo que aprendió en la calle. El gimnasio comparte pared con la casa que David habita con su mujer y sus dos hijas, la mayor ya casi de la edad en la que él comenzó a rayar.

 

Él, que no ha dejado de graffitear la ciudad, es quien ahora usa una válvula modificada para dejar su marca en una pared, bien elegida. Una pared en esquina, donde todos la vean. La pandilla ahora tiene miembros en varios municipios, algunos firman FXP aún con el uniforme escolar, otros con el uniforme de trabajo. La pandilla también cultiva lealtades que no se pierden, la única regla es no traicionar. Es típico, dicen, que sirvan como grupo de apoyo y reciban de vuelta a algún ex integrante tras una separación o divorcio.

Las latas de pintura cambiaron por culpa del graffiti, antes tenían un pivote al que se ajustaba la válvula. Ahora las latas vienen sin pivote por la gran cantidad de válvulas especiales que se comenzaron a desarrollar justamente para pintar con mayor facilidad detalles o rellenar letras grandes más rápido.

Claro, los graffiteros evolucionan y ahora usan válvulas de latas de perfume y carbu clean, o las modifican a su gusto. La que usan ahora es llamada cariñosamente “el valvulón”, deja salir mucha más pintura, a mayor presión, cubriendo un área mayor en menor tiempo, también hace mucho más ruido, un ruido profundo y continuo que inunda las calles en silencio por las cercanías de Pablo de la Garza.

Una vez terminada la firma se añaden al margen las iniciales del crew FXP, un poco más abajo deciden agregarle otras, CBR, un crew de Santa Catarina. Es solo un signo de amistad, como decir que son contactos de Facebook pero en un muro de la vida real.

En parte por eso este crew domina la ciudad, porque saben relacionarse con otros y hacer alianzas. También tienen enemigos, claro, como los CTS (los CríTicoS de Canteras) que se les “montan” o les tapan los ganchos.

Las batallas por ser siempre el de la firma que tapa a las demás son la emoción al apañe. Apañas la pared. Te apañan el gancho. Remarcas tu firma. Se remarcan nuevamente, cada vez con más pintura. Los malos perdedores de plano echan chorros de pintura a los muros para cancelar la batalla.

Mientras, alguien más ya apañó esa cortina metálica en el cruce de dos avenidas: La cortina se vuelve un reto y una invitación. Comienza todo de nuevo. La emoción del graffiti ilegal es una descarga de adrenalina. Aún como espectador se contagia el entusiasmo, la emoción, el miedo contenido. David se retira a paso rápido pero no más. No le gusta correr, nunca lo hace. La emoción da para reír a carcajadas, aunque aún exista el peligro de que pase la policía y nos sorprenda con las manos oliendo a pintura.

Tras atravesar calles que poco a poco parecen menos peligrosas, llegamos por fin al lugar donde el resto de los Fox están reunidos. Beben cerveza y charlan acerca de otras pintas. Todos quieren ver las fotos de inmediato, escuchar los pormenores. La inmediatez del teléfono celular hace que hoy cada ganchero fotografíe su obra antes de dejar el lugar, o vuelva cuando haya luz. Hoy las fotos las tomé yo, todos señalan detalles de estilo, se ríen, cómplices unos y satisfechos otros. A mi apenas se me está bajando el rush y comienzo a comprender que es así como la ciudad se ha ido llenando poco apoco de los ganchos que hasta hace poco eran solo rayas sin sentido para mi.

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EL DOCTOR DE TENIS Y CAMISETA

 

A Cristóbal lo conocí antes de que nos presentaran, el primer contacto fue a través de su cuenta de YouTube. Mi afición por la música mexicana me llevó al vídeo de un grupo holandés que toca polkas al estilo mexicano. Transgiversando todos los símbolos, él lo tituló “Norteños de los países bajos, güeros de rancho; o, de cómo los Menonitas aprendieron a tocar muy bien las norteñas Old School”. Un día me dijeron que había un experto en graffiti local y me decidí a conocerlo, no imaginaba que sería el mismo que ofrecía en internet músicas dispares, grabaciones de campo propias y clásicos folklóricos  resignificados, dándoles identidad afrochichimeca o anorteñadas. Relacionando todo lo de allá con lo de acá, de la tierra de las montañas azules.

Con zapatos hechos para andar la sierra (la que también recorre en sus investigaciones) camina por la ciudad y va describiendo a su paso los mensajes que las paredes esconden, los códigos de la calle. Mientras recorremos las calles del barrio antiguo, de ese lado del barrio antiguo que no se le muestra a los turistas.

En la zona prevalecen las antiguas casas de sillar, el enjarrado ha acumulado pintura a lo largo de los siglos. Sonriente, Cristobal apunta que con las capas de pintura seguramente se cubrieron capas de graffiti tan centenario como la casa. En verdad, el acto de orden municipal o privado de cubrir el graffiti lo único que logra es ofrecer a los artistas callejeros nuevos espacios a explotar.

En el momento en el que levanto la cámara se detiene a mi lado una motocicleta de Fuerza Civil, el oficial me mira, desconfiado. Hasta fotografiar el graffiti resulta sospechoso a los ojos de la ley.

Existe el concepto de graffiti como contaminación e impureza, como violencia. Esta es una visión muy común entre la sociedad. López me recuerda la pintada masiva del 2009, en esa ocasión unos 300 menores se pusieron de acuerdo a través de las redes sociales para realizar una mega pinta en un paso a desnivel de la avenida Consitución, principal arteria de la zona urbana.

Nacieron inmediatamente dos versiones del hecho, aún estaban frescos en la memoria de la ciudad los primeros bloqueos de avenidas por parte de quienes la ciudadanía sospechaba estaban al servicio del narco. Por eso las penas de hasta 10 años por daño a la propiedad en modalidad de crimen organizado que se anunciaron recibirían los menores capturados tras el evento no le parecieron demasiado graves a muchos.

En internet circuló, por su parte, un vídeo tomado por los mismos graffiteros, donde se veía a muchachos de 14 a 17 años haciendo bombas, sonriendo. De fondo el chileno Jorge González, vocalista de Los Prisioneros, canta "Vamos al baile/de los que sobran/nadie nos va a echar de más/nadie nos quiso ayudar de verdad".

Al final se recapituló sobre el tema, especialmente al darse cuenta que el trato a los graffiteros, al ser menores de edad, había violentado sus Derechos Humanos. Hacía tiempo que se habían instaurado algunas de las mega-multas por las cuales es famoso el estado, buscando combatir el graffiti. La respuesta de los grafiteros fue clara: -Es igual, de todos modos si rayas o no rayas los policías siempre nos siguen, por eso yo voy a seguir pintando... no la voy a pagar, porque no tengo dinero-, declaró a El Norte un chavo de 15 años al que le pretendían cobrar 3,300 pesos de multa. Casi el ingreso mensual de muchos adultos de clase trabajadora.


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EN LAS PAREDES DE UN MUSEO

 

Por tres años seguidos el CONARTE ha llevado a cabo el festival Callegenera. Reconociendo el valor de las expresiones urbanas. Rap, break dance, fotografía, rock y claro, graffiti, tienen por unos días cabida en los muros de un espacio oficializado. La Nave Generadores de Fundidora viste sus muros interiores de graffiti, stickers y stenciles. Muros de tabla roca, y paredes recién pintadas al efecto.

La nave, que en su época estuvo llena de obreros habitantes de los parajes de donde hoy provienen los FXP, seguramente estuvo, en su tiempo, cubierta de graffitis con los que los trabajadores del acero se expresaron a su modo. Esos graffitis se borraron para hacerla un espacio cultural, que nuevamente se cubre de pinturas una vez al año.

Los FXP salen de día, con camisetas iguales que mandaron a hacer con las iniciales que los identifican por toda la ciudad. Se reunieron a las afueras del parque para caminar todos juntos, tomándose fotos. Hoy, en un espacio dedicado a las voces de la ciudad, tienen un lugar. Sus apuntes, recortes del periódico, fotografías reveladas en el súper hace veinte años. Los recuerdos de su infancia pandillera expuestos en un museo.

David sonríe, sus hijas, que llevan también la camiseta de la pandilla, se asoman a las vitrinas -¡Mira! Esta es de cuando mataron a un amigo de mi papá -la menor señala un recorte de la sección policial. Al lado hay libretas con las firmas viejas de los gancheros, en las paredes, la obra de los más famosos muralistas contemporáneos y un texto que reconoce la importancia para la cultura local de personajes como El Hawai, el Pin 3, Coos, Hamada o Sooner, miembro de los FXP.

Hoy, una reportera local entrevista a David, quien tiene décadas de historias de las que hay cientos de paredes como testimonio. La historia se publicará al día siguiente, en tres párrafos.