El albergue Quinta Santa Isabel, localizado en Cuautitlán Izcalli, ofrece hogar y alimento a perros desde hace 15 años, el cual está en riesgo de desaparecer ante los cambios de uso de suelo en la zona, los altos costos de mantenimiento y la endeble salud de su principal benefactor, el empresario Manuel Rozadas Cuéllar.

Este albergue opera en una manzana completa de dos hectáreas, aloja a 5 mil perros y 600 gatos bajo la supervisión de José Luis Martínez, quien considera que el llamado Centro de Adopción y Rescate Animal (CARA) es la única esperanza de vida para muchos animales abandonados que ahora viven en jaulas con horarios sistematizados de comida y limpieza.
 
Divididos en grandes, medianos, chicos, viejos, de nuevo ingreso, enfermos y violentos, es difícil ver la magnitud de la población hasta que, apenas se abre el portón eléctrico de las instalaciones, el olor y los ladridos son reveladores.
 
Para Martínez, quien prácticamente vive ahí, los perros que atiende, alimenta, separa de peleas, cura y, en medida de lo posible, hasta acompaña a diario, merecen vivir en un mejor lugar, por lo que procuran darlos en adopción.
 
Actualmente, la inversión entre el pago de la tonelada de alimento al día, el sueldo de 60 empleados y vacunas, entre otras necesidades, asciende a 500 mil pesos mensuales. Por ello, con una evaluación previa basada en las condiciones de la persona adoptante, donde consideran desde el espacio en el que habita, hasta el tiempo y compromiso que puede dedicarle a la mascota, hay días que salen hasta seis perros, pero aún así, las jaulas lucen llenas.
 
Además, otro de los problemas que enfrenta es que el terreno originalmente tenía uso para la crianza de animales, pero el permiso cambió a residencial para toda la zona y algunos colonos de fraccionamientos aledaños se han quejado de que sus propiedades no se venden ni se rentan.