Premoniciones en Guatemala
por Alejandra Gómez Macchia
17 de abril de 2017
Querido diario:
 
La semana pasada vi en las noticias que  López Dóriga tuiteó una foto del gordo en Canadá. ¡Puta madre! Las cosas se están complicando demasiado.
Llevamos más de medio año huyendo y es desgastante. No duermo bien, estoy en los huesos y él está cada vez más cerdo (sí, la banda gástrica ya valió). 
Nunca pensé que andar de pelada fuera tan, pero tan cansado. Extraño a los niños cuando no puedo verlos. Estoy francamente estresada. Javier está de lo más histérico. Ya no lo soporto. No soporto su olor ni su voz ni su manera asquerosa de tragar. Se lo pasa comiendo donas todo el día. 
Nuestra estancia en Canadá no ha sido placentera en absoluto. En primera porque nos tocó el mero invierno. El clima de -30 grados no es bueno para mí, mucho menos para mi marido quien no hace otra cosa que monitorear las redes para ver de qué nueva burla somos objeto.
En otros tiempos venir a Canadá era una maravilla. Salíamos a esquiar e íbamos a los mejore restaurantes. Me encantaba ir al Eaton Center de Montreal para meterle unos buenos golpes a las tarjetas de crédito. Lo mejor de lo mejor, siempre. Como lo merezco.
Ahora este neurótico me tiene limitado el uso de las cuentas por miedo a que las agencias de inteligencia den con nosotros. Tengo que andar cargando efectivo y hacer la conversión de moneda mentalmente ¡con lo que me caga multiplicar!
Estoy harta. Deberíamos estar en Fiji o en los Emiratos disfrutando de la abundancia que el altísimo nos concedió. No sé qué más hacer. Odio tener que andar disfrazándome… aunque en Canadá y con este pinche frío no se puede andar de otra manera más que de esquimal.
Ahora estamos en Guatemala. Llegamos anoche y los chicos vendrán mañana para que pasemos los días santos tomando el sol. Me-ur-ge ponerme un bikini y tirarme en un camastro. Comer bien, en un hotel cinco estrellas. Quiero ir al SPA. Las presiones me han sacado patas de gallo y el paranoico este no quiere que me vaya a operar. 
¿De verdad es tan grave lo que hicimos? ¡Carajo!, sí todo el mundo sabe que las gubernaturas son para hincharse de lana. Aparte como si no hubiéramos trabajado.
En mi caso tuve que fletarme a la bola de chamagosos que llevaban al DIF. Ver eso, querido diario, no es cualquier cosa. Es deprimente. Lo que tenemos es lo justo por pasar tantos y tantos días atendiendo asuntos que ni son de nuestra incumbencia.
¡Por Dios! ¡De todos modos Veracruz estaba quebrado! Fidel vació las arcas y lo que el gordo pudo recuperar en su periodo fue poco.
Hay situaciones que me tienen muy nerviosa:  el viaje de los niños, algunas personas sospechosas que vi cuando llegamos a este pinche país bananero. ¡Yo no sé en qué cabeza cabe la idea de venir a Guatemala! Le dije al gordo que nos fuéramos a Europa o ya de jodido a Nueva York. Ahí hay tanta gente también que pasaríamos, si nos lo proponemos, inadvertidos. Además el padrecito metiche ese, el tal Solalinde, corrió el rumor de que andábamos por allá. ¡No entiendo en qué piensa este cabrón al irse a meter a la boca del lobo! 
No sé… tengo un mal presentimiento. Anoche no pude dormir. Veo al gordo muy desmejorado. Ni las pastillas le están haciendo efecto.
Debo concentrarme en ser positiva. Todo va a salir bien. ¡Ay, si tan sólo pudiera echarle una llamada a mi guía espiritual poblana para que me dijera cómo carajos programar mi mente para dejar los malos pensamientos atrás! Pero no puedo. El señorcito este me lo prohibió.
Cambiamos de teléfono cada ocho días. Nos movemos de lugar cada mes. Extraño mi casa y mis muebles. Mi colección de Birkin. 
Los niños también están hasta la madre. No saben bien qué pasa o porqué los arrancamos así de su entorno, aunque bueno… todo es mejor que estar en México.
Hace una semana, en las pocas pláticas civilizadas que hemos podido tener el gordo y yo, le dije que resolviera este pedo. Que hablara con quien tuviera que hablar. Que negociara. 
Supongo que no ha de ser tan difícil, ¿o sí? Bien podría llegar a un acuerdo. Una temporada encerrado, bien cuidado, con comodidades… Al  mandamás le convendría. Levantaría su popularidad, creo yo. 
Vienen tiempos electorales y el PRI está de la chingada. “Va a ser un despedazadero”, le dije al gordo. “Pacta”, insistí. “Así ellos se cuelgan una medalla y a nuestros hijos y a mí nos dejan en paz. Que ese sea el trato. ¡Pero nada que devuelves un quinto! Todo se queda como está, sólo que tú sacrificarás un tiempo. Vale la pena, a perderlo todo”, le dije.
Primero enloqueció y me dijo que estaba pendeja. Se puso a sudar como cerdo y temí que le fuera a dar un infarto, pero luego se tranquilizó y pasó la noche en vela comiendo papas fritas y viendo la televisión (o más bien al vacío).
Ya veremos. Un día a la vez. Mañana el panorama será menos turbio cuando la familia esté reunida. 
Lo que sí es cierto es que ¡yo no merezco ir a la cárcel!
 
No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel.  No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. No merezco ir a la cárcel. 
 
 
*Este texto es falso. 
*El diario sólo existe en la mente cochambrosa de la columnista. 
*“El Gordo” no es Javidú. Son los papás (Es un ejercicio Freudiano).
*La señora K no es la esposa de Javidú. Es cualquier esposa desesperada que anda de huida con su marido pillo.