Cumpleaños 486
por Pablo Rodríguez Regordosa
16 de abril de 2017
Con el paso del tiempo, la historia de México se ha presentado con diversos episodios que se han novelado para hacerlos ver más interesantes de lo que fueron, o bien para engrandecer unos personajes en detrimento otros.
 
La serie de eventos que se sucedieron a la conquista de la Gran Tenochtitlan en manos de Hernán Cortés guardan secretos y misterios hasta nuestros días. No debe haber sino nada fácil recorrer un territorio tan vasto como el mexicano cuando los medios de transporte eran el caballo o el propio pie.
 
Para ponerlo en perspectiva, el traslado que hoy hacemos en menos de media hora entre las Ciudades de Tlaxcala y Puebla, en aquella época requería de un día entero.
 
Cuando era niño me platicaron la historia de la fundación de la Ciudad de Puebla. Empezaba con un sueño de Fray Julián Garcés, que veía a ángeles trazando las calles con listones de oro y al despertar encontró el valle maravilloso que había visto en sus sueños. También me explicaron que fueron los ángeles quienes subieron la enorme campana María a la torre Norte de la Catedral de Puebla.
 
Por supuesto que entre esa romántica historia y lo que realmente sucedió hay una enorme distancia, pero no por ello deja de ser interesante. La realidad es que la fundación de la Ciudad de Puebla fue motivada por dos circunstancias, una de naturaleza religiosa y la otra política. 
 
La motivación religiosa consistió en que se consideró inadecuado que la silla catedra (desde la que el obispo instruye a los diáconos y da nombre a la Iglesia Catedral) estuviera asentada en la Ciudad de Tlaxcala, que por los acuerdos que Hernán Cortés suscribió para sumar a los tlaxcaltecas a su causa y lograr su ayuda en la conquista de los aztecas, conservaba la estructura social prehispánica, la que producía las naturales dudas de su real conversión a la fe católica.
 
La razón política fue que muchos de los conquistadores que acompañaron a Cortés en su hazaña andaban vagando por el territorio sin oficio ni beneficio. Diríamos hoy que andaban de ociosos y se generó la preocupación de que “la ociosidad es la madre de todos los vicios”.
 
Así surgió la idea de fundar una nueva Ciudad, que intencionalmente se creaba para alojar españoles y la Catedra. La idea tomó vuelo muy pronto y lo relevante es que se recogieron todos los aprendizajes de la época para dar paso a la fundación de una Ciudad Modelo.
 
El sueño que compartieron en la fundación de la Ciudad no fue el de los ángeles trazando las vialidades con listones de oro, sino el de la erección de un asentamiento que fuera modelo de desarrollo en todos los órdenes: urbano, arquitectónico, educativo, cultural, artesanal, industrial, comercial y de servicios.
 
Se buscó un valle que no se encontrara poblado y que contara con los elementos necesarios para construir y hacer funcional una Ciudad: agua, barro, basalto, mármol y madera debían estar al alcance. También debía contar con superficies cultivables de suelo adecuado y lluvias suficientes. Todo eso se encontró en el valle que hoy ocupa la Ciudad de Puebla.
 
Se reclutaron a 32 familias y se les entregó un solar en la nueva Ciudad y otro más para cultivarlo y fue así que la misa fundacional se celebró el 16 de abril de 1531.
 
La Ciudad de Puebla cumplió 486 años hace apenas unos días. Los poblanos de hoy somos herederos de muchas generaciones que aportaron trabajo, lucha, esfuerzo, ideas y compromiso en el desarrollo de la Ciudad y del País.
 
Debemos estar a la altura de nuestros antepasados y trabajar con ahínco en la materialización del sueño, esa debe ser la reflexión en este aniversario de la Ciudad.
 
 A 14 años de que Puebla cumpla 500 años, el llamado es a trabajar sin descanso para que desde donde estén, los fundadores de la Ciudad encuentren en nosotros a dignos herederos. 
 
Estemos a la altura del sueño.