Los Duarte: crónica de una fuga anunciada
por Carlos Quiñones
04 de abril de 2017

Ser gobernador en México es uno de los trabajos más redituables que existen en la actualidad. Después del presidente, el gobernador es quien gobierna a más gente (depende del estado) y tiene acceso a un sin fin de opciones ("oportunidades") que teniendo otros cargos sería imposible. Entre los accesos que tienen es a la información donde tienen un sexenio para aprender el teje y maneje de un sistema en el que, si obtienen dinero de manera ilícita, estudian todas las posibilidades para primero: no ser detectados. Y segundo: como escapar en caso de ser detectados. En México hay dos casos concretos y con el mismo apellido: Javier Duarte (Veracruz) y César Duarte (Chihuahua) y ambos son buscados por enriquecimiento ilícito.

Los Duartes han desparecido del radar desde el primer momento en que supieron que se les llamaría a declarar por asuntos relacionado con dineros, es decir: desvió de recursos. Ser gobernador hoy parece ser sinónimo de corrupción y ser prófugo de la ley. Uno pidió licencia justo a tiempo para planear la logística de escape, el otro terminó su mandato y su sucesor pidió se le investigue por peculado. En Veracruz es difícil ejercer el periodismo, en Chihuahua la violencia ha regresado. Ambos estados parecen ser fallidos en el momento en el que los Duarte agarró cada quien por su lado dejando casas y ranchos a merced de cualquier investigación. 

Tanto en Veracruz como en Chihuahua durante los mandatos de los Duarte hubo denuncias en redes sociales y en los medios de comunicación para que se hiciera algo en contra de estos hoy ex gobernadores. Durante ese tiempo no se hizo absolutamente nada. Ambos estuvieron presentes en Televisa con Carlos Loret de Mola donde negaban cualquier tipo de acusación en su contra. A veces hasta con papeles en mano negaban poseer casas en Houston o utilizar helicópteros para uso personal. Negaban robarle al pueblo y usar el poder para su beneficio. Negaban poseer ranchos o casas a nombre de otras personas. Negaban todo. Los Duarte bien pudieran ser una serie de Netflix con varias temporadas aseguradas. En el poder son intocables. ¿Cómo es posible que la Interpol o la PGR no den con ellos? ¿Quién les ayuda a escapar?

Hay muchas historias de gobernadores que se han hecho millonarios gracias al dinero que le pertenece al pueblo. Se les sube la gasolina y la canasta básica pero los que menos se preocupan son los que están en el poder. Ellos tienen sus cuentas bancarias bastante llenas y hasta en el extranjero para una vez terminados sus mandatos dedicarse a vivir de sus rentas. Muchos de ellos con su salario difícilmente pudieran tener una casa de lujo en Houston o un departamento en algún rascacielos de Miami. La PGR llena expedientes, recaba datos, engrosa carpetas para la investigación, pero de los culpables nada. Los Duarte se dieron a la fuga. Uno quizá este en el sur del país, el otro se le vio en El Paso, Texas en la frontera con Ciudad Juárez. Hay quien apuesta a que serán capturados una vez que las campañas para presidente estén en su clímax como un aliciente al candidato en este caso del PRI.

Esta década ha llegado supuestamente una nueva generación de gobernadores. Pero de estos, los de Veracruz y Chihuahua han dejado a sus estados colapsando en deudas o con una inseguridad a niveles extremos. No existe uno que no haya salido con algún escándalo relacionado con el dinero. Con el enriquecimiento ilícito a flor de piel. Con el delito de peculado como el sello de la casa.  Cada gobernador saliente es sospechoso. Donde sea. El que nada debe nada teme pensaríamos, pero otros simplemente huyen. Nadie los encuentra (por el momento) o los ha visto. La democracia se abarata cuando estos gobernadores dejan el poder y se van con los bolsillos llenos de dinero, impunidad y deseos de vivir muy bien.

 

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