La función es de permanencia voluntaria
por Pablo Rodríguez Regordosa
19 de marzo de 2017
Cuando era niño, el cine era toda una experiencia. Las películas se proyectaban con un intermedio, que era el espacio oportuno para comprar las golosinas y palomitas o para ir al sanitario sin perder detalle de la cinta que se proyectaba.
 
En ocasiones, la sala de cine proyectaba distintos títulos de manera alternada, dando oportunidad al público que se quedara en la sala para ver las diversas películas, sin necesidad de comprar un nuevo boleto. Para referirse a este tipo de función se acuñó la definición de “permanencia voluntaria”, pues el asistente era quién decidía permanecer en la sala por su propia voluntad.
 
Es así que se extendió el significado de la permanencia voluntaria a que una persona tiene la libertad de seguir en un cierto lugar, grupo, asociación o proyecto, o abandonarlo en el momento que mejor le parezca.
 
Las asociaciones civiles se nutren de las personas que se comprometen a hacer propios los ideales y los fines de la asociación, pero se empobrecen cuando las personas dicen ser parte de la asociación sin interiorizar ni los ideales ni los fines de la misma.
 
En los partidos políticos pasa exactamente lo mismo, pero con mayor complejidad.
 
Entre los fines naturales de los partidos políticos se encuentra la conquista de posiciones de poder, cosa que pasa por la definición de candidatos y la participación en procesos electorales.
 
El que gana las elecciones, gana el gobierno. El que gana el gobierno, administra el gobierno. Es aquí donde muchos se pierden.
 
Pero conquistar posiciones de poder no es el único fin de un partido.
 
Para el PAN lo son también la conquista de las almas para hacer ciudadanía, es decir,  que las personas adquieran conciencia de sus derechos y obligaciones como integrantes del cuerpo social, para así lograr el reconocimiento de la eminente dignidad del ser humano, la subordinación en lo político a la realización del Bien Común y la instauración de la democracia como forma de gobierno.
 
Cuando una persona se afilia a un partido con el único propósito de respaldar las aspiraciones personales de otro, no lo enriquece.
 
Cuando una persona se afilia a un partido con el único propósito de hacerse de una posición de poder, no lo enriquece.
 
Pero cuando una persona, molesta porque alguna candidatura no recayó en quién ella pensaba, se voltea a respaldar la candidatura de alguien que compite contra la propuesta de su propio partido, es equivalente a tener un caballo de Troya dentro.
Lo anterior viene a cuento por las personas que militan en el PAN y dieron su firma de apoyo a la candidata independiente en el pasado proceso electoral.
 
Si ya no quieren estar, si prefieren apoyar a alguien que ya se fue, pues que se vayan. 
 
Como quiera que sea la participación en el PAN es de permanencia voluntaria.
 
Ahora bien, si solitos no quieren irse, entonces la institución tiene el derecho a la legítima defensa y con ello goza de la potestad para erradicar el caballo de Troya que tiene dentro.
 
De lo que se trata es de salvaguardar la Institución y procurar el logro de sus fines. 
 
Nada más, pero nada menos.