La equidad de Eva y Adán
por David V. Maldonado
13 de marzo de 2017
La equidad de Eva y Adán
David V. Maldonado
 
La mujer indígena y su silencio. La mujer del virreinato y su matrimonio con Dios o con el hombre. El claustro y las dos muertes de Sor Juana; luego el ojo inquisidor y el catecismo. La educación separada y la maternidad. El erotismo y el pecado. Las muñecas y los vestidos. Los intelectuales idealizando la feminidad; Rosario Castellanos descubriendo a la mujer. 1904 y el feminismo demandando educación científica. 1953 y el derecho al voto, 1974 y la conquista constitucional de igualdad, 2011 y los Derechos Humanos, 2014 y el llanto de las madres de Ayotzinapa, 2014 y la paridad política. Ahora mujer, estamos frente a frente, y la última palabra está en nuestros labios.
 
Hablar de equidad de género en la vida pública nacional, hoy es una utopía. Porque según datos del Instituto Nacional de las Mujeres, en el Poder Ejecutivo Federal, de las 18 secretarías de Estado solo 3 están en manos de mujeres; en el Poder Judicial de la Federación de los 11 ministros de la SCJN solamente 2 son ministras. En el caso del Poder Legislativo, si bien es cierto que existe la paridad política, de los 500 diputados federales solo 213 son mujeres, y de los 128 senadores solo hay 48 senadoras. Asimismo de los 32 gobernadores, solo tenemos una gobernadora en Sonora. Y este mismo patrón se repite en todos los poderes y niveles de gobierno. Por ello la equidad de género es una utopía.
 
Y entonces la pregunta es: ¿Para que sirve la utopía? Eduardo Galeano decía que la utopía sirve para caminar, pues cada vez que nos acercamos a ella, ella se aleja de nosotros. En este sentido, la equidad de género es una utopía que nos exige caminar juntos, porque como lo menciona Marta Lamas, la igualdad no solo es una lucha de mujeres. La equidad de género entonces reside en dos cuestiones fundamentales: involucrar a las mujeres en la vida pública nacional, pero también involucrar a los hombres en la vida privada de la familia.
 
Por ello, es necesario aceptar el rezago histórico que el machismo le ha impuesto a la mujer. Rezago que consistió en confundir sexo y género; siendo que el sexo es lo biológico, mientras que el género es lo social; es decir, el sexo esta dado; mientras que el género es una concepción cultural que se construye día con día, y nuestro compromiso es construirla con equidad.
 
Asimismo debemos llevar a cabo acciones afirmativas a favor de la mujer. Tales como implementar una asignatura en la educación básica sobre los estudios de género, porque la diferencia se produce sola, y la igualdad hay que construirla. Establecer cuotas de género reales. No solo abrir casas de atención a mujeres violentadas, sino casas para apoyar a hombres violentos. Participar de la campaña He for She, que tiene como objetivo impulsar los derechos humanos femeninos. Además hace falta una alerta de género en el Estado, debido al incremento de los feminicidios. Pero sobre todo, es necesario adoptar en la familia y en la política, lo que se conoce como el principio de complementariedad. Transitar del del tu y yo, al nosotros. Complementarse es intercambiar afecto y conocimientos, compromiso y responsabilidad. Con la complementación de la mujer y el hombre se multiplica la humanidad.
 
Entonces la pregunta no será hasta dónde puede llegar el hombre o hasta donde la mujer, la pregunta será hasta donde podemos llegar juntos cuando miramos hacia el mismo horizonte; y cuando contestemos esta pregunta, será entonces y solo entonces cuando las pinceladas de Frida Kahlo y Diego Rivera cobren vida, será cuando la poesía de Octavio Paz y Sor Juana Inés de la Cruz emerjan de sus páginas. Será cuando las notas de Juventino Rosas y Alondra de la Parra retumben en el espíritu. Será cuando amar y hacer el amor sean actos revolucionarios. Pero sobre todo, será cuando la mujer y el hombre se miren fijamente a los ojos y descubran de una vez y para siempre que juntos, y que solo juntos: son invencibles.