El Mexicanismo
por José Arturo Brito Cajica
28 de febrero de 2017
El Mexicanismo
@ArturBritoC
México es un país subestimado por muchos, incluidos los propios mexicanos. Esta columna que escribí me salgo un poco del tema del sector marítimo para dar mi opinión por que México está  como esta, por la propia mentalidad de nuestra sociedad. El término “malinchista” fue creado para catalogar a aquellos mexicanos que no pueden ver el valor de su propia patria y, como dicen por ahí, se fijan únicamente en el patio ajeno. Si hablamos de recursos naturales, México sobresale por el petróleo, la plata, el cobre, el gas y la biodiversidad tanto en flora como en fauna, por nombrar algunos. La riqueza en México es inconmensurable, lo que hace aún más trágica la situación actual.
 
Casi la mitad de los mexicanos viven en la pobreza. No estamos hablando de no poder comprar el próximo Iphone 8, ni tampoco de tener que tomar camión en lugar de tener carro. Estamos hablando de la imposibilidad de casi la mayoría de las familias mexicanas en poder cubrir sus propios gastos de existencia.
 
Habrá gente que diga que el país no está mal, ya que los índices de desempleo en México no son tan altos como en otros países, pero esto sólo es cierto bajo el disfraz del famoso subempleo. Muchos mexicanos han optado por el comercio informal ante la escasez de empleos estables y bien remunerados.
 
La situación actual del mexicano promedio no es resultado de la falta de oportunidades ni del monopolio (a pesar de ser existente) de las grandes multinacionales, es culpa de la educación que ha recibido. En México no se enseña a innovar, se enseña a seguir. En México no se enseña a crear, se enseña a copiar. En México no se enseña a ser dueño de su propio destino, se enseña a ser parte de  donde la gente vive en una rutina laboral toda su vida sin poder disfrutar del dinero que generan por estar siempre atado a las deudas que los persiguen.
 
Es imposible pensar que el cambio se puede conseguir en pocos años, ya que la educación primaria-universidad dura 16 años en promedio. Si empezáramos hoy con un nuevo modelo educativo, los cambios no se verían hasta dentro de la próxima generación. Aún así, es imperativo, al menos en casa, motivar la creatividad empresarial en los niños, jóvenes y adultos para que no estén subyugados a la situación general del país, que no es más que un reflejo de la mentalidad del mexicano: Unos pocos logran redescubrir la riqueza propia de México y explotarla mientras los demás están demasiado absortos entre las telenovelas y el futbol limitándose sólo a seguir sin en realidad saber a dónde van.
 
En nuestro caso en México sufre individualismo extremo, representando muy bien con el dicho ‘del zaguán para mi casa’ ha sido muy pronunciado recientemente, en momentos en que la república se está perdiendo por nuestras incongruencias civiles y que se requiere más que nunca ‘de jalar parejo’. Es entonces cuando se vuelve necesario analizar el por qué del fracaso de nuestra cultura para afrontar, no sólo el pésimo trabajo de representación política que estamos evidenciando, sino también la falta de una comunidad sólida, que pueda solventar por sí misma esta confusión y suplicio generalizados por el que pasamos, y buscar hacerlo sin la ayuda de algún nuevo pastor que siga tratando de vendernos falsas ilusiones con fachada de grandes ideas colectivas.
 
Nuestra mentalidad, debe buscar la mejora y la transformación de sí misma, ya que la única cosa que busca perpetuarse como tal, evitando el cambio, suele ser esta misma, dado que es trabajo del ego y la identidad individual y colectiva el mantenerle así. Pero lo triste, o lo posiblemente liberador si sólo lo reconocemos como tal, es que las cosas cambian en todo momento. Por eso el mantenernos iguales sin modificar nuestros patrones de pensamiento, no sólo es ingenuo, si no que es potencialmente destructivo para la sociedad en su conjunto.
 
La educación no sólo sirve para transformarnos y para comprender cómo funciona el sistema que nos rige. Es también una herramienta fundamental en la búsqueda del aprendizaje y la realización de que somos primero que nada una comunidad humana, y que hay que respetarnos como tal. De ahí nos puede ayudar a pasar a la construcción -ahora sí, por fin- de una patria funcional, que comparte un espacio público, y que éste debe de respetarse mediante la ley y los acuerdos comunitarios ya existentes.
“Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo”.