Sobre un arte llamado Oratoria
por David V. Maldonado
27 de febrero de 2017
Sobre un arte llamado Oratoria
David V. Maldonado
 
En el mes de abril de 2015 se aprobó por unanimidad en el Congreso de la Unión, la declaración del primer viernes de marzo de cada año como el Día Nacional de la Oratoria, una declaración que honra el arte de conmover y convencer con las palabras. La Oratoria busca precisamente conectar con la emoción y la razón, seducir al corazón y a la mente, en la medida en que se alcanza ese efecto, se acerca a la elocuencia y asoma la belleza. La Oratoria es un arte como la literatura, el cine, la música, la danza y el teatro; por ello, el orador es un artista y el discurso su obra de arte; el orador es el Da Vinci y su discurso la Mona Lisa.
 
La Oratoria sirve para conversar, negociar, exponer mejor las ideas, convencer, persuadir, enamorar, pero sobre todo para transformar el mundo. Jesús fue un extraordinario orador, un hombre que transformó el mundo con sus palabras y que partió en dos la historia. A él no lo crucificaron por lo que hizo, sino por lo que dijo.
 
La Oratoria es una llama que nos debe mantener en un permanente estado de inconformidad y rebeldía, nos muestra que la realidad está mal hecha y que puede cambiar. Porque el fin de la oratoria no es consolar ni vender falsos optimismos, el fin último de la oratoria es encender el espíritu y cambiar la realidad.
 
El orador es un agente de cambio y su responsabilidad es participar en los procesos sociales y culturales de su nación. El orador no se debe limitar a los certámenes de la palabra, sino que debe trascender los concursos y llegar hasta las aulas, las plazas y los espacios públicos y privados a encender la conciencia del cambio, a sembrar la semilla de la revolución. Por ello el camino del orador consiste en pensar, hablar y finalmente actuar; es decir, primero debe aprender a pensar, luego llevar sus pensamientos a las palabras, y finalmente que su pensamiento y su verbo lleguen a materializarse en actos: en un compromiso humano.
 
Por estas razones, el orador debe cumplir ciertas características, primero debe ser una persona preparada, es decir, debe ser un voraz lector de la historia, la filosofía, la política, el derecho y la literatura. En segundo lugar, el orador ha de estar comprometido con el medio que le rodea, pues debe participar a favor del desarrollo social de su comunidad; en tercer lugar, el orador ha de ser ético, pues debe poner sus palabras y actos al servicio del bien común. Y finalmente, el orador debe ser revolucionario, ya que debe estar inconforme con la realidad y poner sus manos al servicio del cambio.
 
En esta semana que se conmemora el día nacional de Oratoria, es necesario reconocer su importancia y celebrarla alzando la voz contra todo aquello que atenta contra la dignidad humana. El arte de la Oratoria debe destruir los muros que nos separan, debe ser un puente que nos una a través de las palabras, y enseñar el valor de la tolerancia y la unidad.
 
Creo en la oratoria como un arte capaz de transformar el mundo, creo en el orador como un artista que con el poder de los verbos, sustantivos y adjetivos es capaz de producir una sonrisa, de despertar la indignación, el coraje, la crítica, pero sobre todo la convicción de que a pesar de todo vale la pena vivir. La Oratoria es madre, amiga, hermana; La Oratoria es poesía, filosofía, historia, política; pero sobre todo, La Oratoria es amor y revolución. Llevemos la palabra a lo más alto, porque si la Oratoria llega al cielo o al infierno, esa misma será nuestra suerte.