La vida de un marino mercante
por José Arturo Brito Cajica
01 de febrero de 2017
La vida del marino mercante es muy especial. Sus familias lo saben, y todos han debido adaptarse a las largas ausencias. De hecho, representa una situación donde uno está lejos de la familia. La mayoría de los ciudadanos comunes están acostumbrados a volver en la tarde a su casa y ver a sus seres queridos; bueno, nosotros nos alejamos por largos períodos, pero eso también tiene sus frutos.
 
La vida a bordo de un barco es una experiencia única e inolvidable, muy difícil de comparar con un trabajo en tierra. Pocos trabajos ofrecen la posibilidad de viajar y conocer amplias zonas del mundo, contemplar paisajes exóticos y conocer a tal cantidad de personas.
 
Todo ello puede convertir al protagonista de tal experiencia en una persona de conocimiento mundial con una conciencia y amplitud de miras hacia problemas y realidades del mundo imposible en una persona de tierra. No obstante, hay que considerar el hecho de que este tipo de actividad profesional implica una serie de problemas y dificultades, que deben ser tenidos en cuenta por los posibles aspirantes, tratándose, sin duda, de una ocupación que requiere un interés verdadero.
 
Así, si uno es propenso a sufrir los males del mar, como pueden ser mareos o náuseas, el acceso a una profesión en la marina mercante podría no ser la opción más acertada. De igual modo, los aspirantes deben mostrar una personalidad serena y equilibrada, y de ningún modo, ser propensos a estados de pánico en caso de fallo mecánico, condiciones climatológicas adversas o incluso, fuertes tormentas y temporales. Además, las jornadas de trabajo son muy extensas, con horarios de 8 a 14 horas diarias durante 7 días a la semana, y los turnos pueden ser muy irregulares. Finalmente, este tipo de trabajo supone largos periodos en situación de confinamiento extremo y alejado de la familia, amigos y posibles relaciones.
 
El estar embarcado significa un sacrificio, cuando uno es joven quiere conocer el mundo, Quizás eso le retribuye a uno, pero ahora, con los cambios y con la evolución que ha tenido la marina mercante, los medios de transportes, las cortas estadías en los puertos, son sólo horas. Según señala, los nuevos tiempos que se viven en este sector han hecho perder el encanto que tenía la marina mercante, de poder conocer geográficamente otras partes del mundo.
"El mar es un tejado de botellas que en la memoria del marino sueña" (Vicente Huidobro)