¿A dónde vas?
por Daniela Berea
24 de enero de 2017

“Viajar es marcharse de casa,
es dejar los amigos

es intentar volar,
volar conociendo otras ramas
recorriendo caminos,
es intentar cambiar.”

G.G. Márquez.

Hay gente que dice que los que se mueven mucho están huyendo, que huyen de sus problemas, de un mal recuerdo o alguna tragedia. El punto es dejar atrás lo que no les gusta. Unos buscan cambiar para renovarse, para reencontrarse, para olvidar, algo o a alguien. Para reparar un corazón roto o para buscar una nueva oportunidad.

Yo creo que cambiar es de valientes, es de gente que tiene el valor de dejarlo todo y volver a empezar. Es de personas que buscan sentirse diferentes, conocerse en otro entorno, con nuevas personas, sentirse el que llega, el explorador, el que visita. Cambiar es de curiosos, porque más allá de todo lo nuevo que se pueda encontrar, creo que lo más interesante es conocer cómo somos en un lugar donde nadie nos conoce, ni nos presiona, ni nos limita, donde nadie espera absolutamente nada de nosotros.

Hay una libertad en eso, un escape, una soledad que se saborea. Y ahí donde nadie te conoce, puedes dejarte ser y dejarte sentir; sentirte diferente. Dejarte sorprender.

Algunos les temen a los cambios, conocí a un señor que dijo que, de su casa, sólo lo iban a sacar con los pies de frente. Tal vez tenemos miedo a extrañar lo que éramos cuando las cosas eran como antes, cuando conocíamos nuestro entorno y ya nos habíamos acostumbrado. Tenemos miedo a perdernos, a no encajar, a saber que no somos nadie, a tentar un terreno donde desconocemos las reglas.

O tal vez, a lo que más tememos es a vernos en esa soledad y tener que soportarnos, nos da pavor sentirnos vulnerables, tenemos miedo a aceptarnos, a recordarnos quiénes somos en realidad y darnos cuenta que tal vez no nos gustamos. Que no estamos orgullosos de nosotros. Y si es así, entonces cambia.

¡Cambia! Cambia de ropa, de estilo, de religión, de casa, de carrera, de libros. Cambia de ídolos, de música, de colores. Cambia a tus héroes y tus recetas; cambia de ideales y de partidos políticos.

Cambia por ti, por tus padres, para que seas mejor que ellos, por tus hijos, para que sean mejor que tú. Cambia por ti, por tu país, por tu Dios, por el que te necesita, por el mundo, o por joder, por lo menos cambia por joder. Por joder al envidioso, al mediocre y al reprimido, al que no se deja ser, al que le da miedo. Cambia, cambia por amor. Cambia lo que sea, pero cambia por favor.

Que la vida no te encuentre estoico y tranquilo, que no te encuentre a gusto en una calma que te fue envolviendo por el miedo a moverte un milímetro hacia delante. Por no querer tomar ese riesgo, porque dejaste de creer, porque ya no dices “te amo” para evitar el rechazo. Porque ya no quieres que te lastimen. Te quedaste inmóvil, viendo lo mismo, aburrido de tu rutina. El problema de los que no se mueven es ése, que ya se cansaron de ver lo mismo pero no se atreven a moverse.

Entonces cambia. Cambia para crecer, para crear, para inventar. O simplemente para moverte, porque lo que no se mueve, ya está muerto.

Tranquilo, nada importa tanto, lo “peor” que puede pasar es que no funcione, y tengas que cambiar de dirección, o regreses a donde estabas, aunque no lo recomiendo, porque no serás el mismo de antes, y tu lugar no se sentirá igual.

Deja de aferrarte a lo que no es, a lo que no puede ser como tú quieres que sea, no te frustres, deja de pensar que no estamos condenados a transformarnos cada día y que con el tiempo nos vamos volviendo más sabios y más viejos. Muévete, transfórmate, viaja, y viaja ligero que las cosas en exceso entorpecen los movimientos. Déjate extrañar lo que ya conoces, ver todo desde otra perspectiva, permítete aceptar que no todo era perfecto y que la crisis te hizo descubrir nuevas verdades. Valora todo lo que un día fue cotidiano. Toma valor y cambia.

Al final, los que avanzan son los que intentaron moverse, con la incertidumbre de frente y un nudo en la garganta, tal vez les dolió mucho; tal vez se tuvieron que arrancar muchas cosas, muchas ideas, rompieron muchos paradigmas en su cabeza y un prejuicio se les quebró. Pero al final, avanzaron.

El inicio de un nuevo año siempre trae cambios, el clima cambia el paisaje y con el paisaje cambia el humor, quitamos la decoración navideña y una intención de austeridad después de los excesos de las fiestas, exceso de ruido, de gente, de comida, de emociones. Siente el silencio que es sonido más subestimado que existe.

Espero que tu año esté lleno de cambios, que nunca te aburras y que incluso dentro de la rutina te atrevas a probar nuevas cosas, nuevas actitudes o nuevos saludos. Pequeños grandes detalles que nunca sabrás qué impacto pueden tener. Búscate entre los días que se vienen, espera lo mejor de cada mes, y espero que cuando vuelva a llegar diciembre puedas voltear hacia atrás y sonrías satisfecho por la valentía que tuviste.