Instrucciones para lavar un plato
por David V. Maldonado
09 de enero de 2017
Instrucciones para lavar un plato
En breve deberá ponerse a la venta un instructivo que muchas mujeres seguramente comprarán y agradecerán, se trata de un pequeño ejemplar para regalar a sus esposos, hijos y familiares del sexo masculino en el día de su cumpleaños, o para dejarlo por descuido cerca de su alcance, se trata de un manual titulado: “Instrucciones para lavar un plato”.
 
Y es que en muchos hogares de México, los hombres no solo no saben lavar un plato, sino que ni siquiera se atreven a aprender ese arte inmemorial del agua y del jabón, creyendo que dicho arte es una actividad reservada únicamente a las féminas. Porque el trabajo doméstico sigue siendo una labor preferentemente femenina debido a los roles de género, que las lleva a tener menor tiempo para su desarrollo personal, y en consecuencia una desventaja social.
 
El alejamiento a las labores domésticas por parte del género masculino, se debe a su concepción del mundo y de las cosas, donde la antiquísima división del trabajo, llevaba a los hombres a buscar el sustento y a las mujeres a criar a los hijos y cuidar la casa. En pleno siglo XXI, donde las mujeres también trabajan dentro y fuera de la casa, no es posible que los varones sigamos pensando como simios.
 
La conquista por una igualdad de género debe comenzar en casa, para después llevarla a la sociedad entera. No podemos concebir dicha igualdad si en el núcleo familiar la desigualdad se arraiga hasta en las actividades más básicas; cuanto mayor es la diferencia en la distribución de las tareas domésticas, mayor es la desigualdad entre el hombre y la mujer en el hogar y en el mundo.
 
Según el INEGI los hombres con mayor preparación académica participan más en las labores domésticas, es decir, entre más estudia y lee un hombre, más se da cuenta de la importancia de su participación en casa, no solo para ser autosuficiente, sino para aportar un grano de arena a la todavía pequeña montaña de la igualdad.
 
Además el trabajo doméstico no es remunerado, siendo que su valor anual según el INEGI es de 4.4 billones de pesos, lo cual produce tanta riqueza como la industria y la minería, pero que se disipa en la nada, porque no se considera un trabajo, sino una obligación de las mujeres que no debe ser pagada ni agradecida.
 
Por ello, en ese mismo manual se deberán incluir otros anexos que ayudarán a sus lectores masculinos, por ejemplo: “Cómo aprender a decir gracias y por favor”,
“Cómo servirse un plato de comida”, o “Cómo limpiar tu casa sin morir en el intento”.
 
Por su parte, las mujeres deberán adquirir ese otro ejemplar denominado “Instrucciones para dejar de ser sirvienta”, el cual desde luego moverá muchas conciencias y seguramente será prohibido por algunas religiones o poblaciones; pero que sin duda, ayudará mucho a dignificar su labor dentro y fuera del hogar.
 
Instrucciones para lavar un plato”, será sin duda un éxito de venta, solo faltará que los patriarcas quieran leerlo y se convenzan de sus beneficios. Porque de no ser así, llegará el día en que tendrán que comprarse otro manual, menos agradable pero más justo, titulado: “Instrucciones para vivir sin mujer”.