Melancolía
por Daniela Berea
11 de octubre de 2016

 

Por Daniela Berea

¿Se acuerdan cuando eran pequeños y pensaban que los adultos sabían lo que hacían?Yo recuerdo que tenía la certeza que el futuro siempre sería mejor porque en un mundo de adultos todo sería justo y ordenado, la gente sólo diría la verdad y no existirían los bullies. Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta que crecer y ser “adulto” no es más que el recordatorio constante de una realidad decepcionante.

Cada año cumplido te brindaba más herramientas para atar los cabos necesarios para descifrar la personalidad de tus padres. Sus manías, sus adicciones, sus inseguridades, su verdadera autoestima, y sus miedos. Tal vez la inocencia de los niños sea la base de la confianza que tienen en sus padres. Y al final podrás medir la calidad de infancia que tuvo por el tiempo que le duró dicha inocencia, por el tiempo que creyó en su familia, y por el tiempo que se sintió seguro entre ellos. Por eso la concepción Freudiana tiene el éxito al mostrar la maravillosa solución de culpar a los padres por cualquier patología.

Pero no seamos fatalistas, los que rondan los 25 años también tuvieron un panorama soñado de lo que sería su vida después del trayecto escolar, y hoy no somos mejores que nuestros padres cuando tenían la misma edad. Sí, tal vez ellos ya estaban casados y algunos ya tenían hijos. Nosotros seguimos buscando la forma de volver a esos días en los que un acumulado de tarea era la angustia de la noche y un examen extraordinario era el deshonor de la familia. De pronto terminamos el camino trazado y nos patearon al mundo, ese mundo que añorábamos a los 9 años pidiendo una hora más frente a la televisión antes de dormir.

Adictos a la melancolía y sin dejar de actualizarnos tecnológicamente vamos dando tumbos por las calles que durante los últimos diez años se han bañado de sangre con crímenes de archivo, ajustes de cuentas entre los que ahora dirigen el país, y asesinatos a mujeres, porque son mujeres.

Calles que atestiguan las miles de marchas incansables que imploran justicia, o por lo menos una pista del familiar desaparecido. Marchas llenas de gente que no sabe si le llora a un vivo o a un muerto. Vamos esquivando el secuestro, el robo, la balacera, las desapariciones y así, por suerte o bendición, seguimos vivos.

Podría ser la descripción de una sociedad en decadencia pero no hemos llegado a las características de un Estado Fallido en el que los hospitales se han convertido en el objetivo de misiles y bombardeos. Y no, tus padres no tienen la culpa de quién eres, tal vez podías culparlos cuando tenías 13 o 16 ¿pero hoy? ¿ahora? Ahora sólo observa, no los juzgues, ni su trabajo, ni su estado físico, ni su matrimonio, sobre todo su matrimonio porque no tienes su edad, porque nunca has estado con una persona tanto tiempo, y porque se casaron enamorados.

Y porque al igual que todos, creyeron en el amor como el escape y la solución, como el camino automático a una vida de felicidad. Según el filósofo Alain Badiou, “el amor es una búsqueda por la verdad, la verdad en relación a algo muy preciso: ¿qué tipo de mundo se puede ver desde los ojos de dos personas en lugar de una? ¿Cómo es el mundo cuando se experimenta, se desarrolla y se vive desde el punto de vista de la diferencia y no de la identidad?” Y lo aceptemos o no, todos nos encontramos en esa búsqueda. Pero olvidamos que al encontrarlo no se congela el tiempo, y seguimos creciendo, seguimos cambiando, seguimos siendo receptivos a un mundo que nos rodea y que nos seguirá plantando dudas en la cabeza.

Creo que si encontramos a esa persona que está dispuesta a ver el mundo y cuestionarlo contigo, a preguntarte constantemente cuál es tu nuevo punto de vista y esa persona es libre de compartirte el suyo; nos daremos cuenta que el amor en pareja es la voluntad de permanecer junto a la persona elegida y disfrutar de su transformación a través del tiempo mientras la otra observa el tuyo. Es aceptar que van por dos caminos paralelos, que tienen muchas intersecciones, tomando decisiones en equipo y buscando la manera de compartir sus perspectivas; y en todo ese proceso disfrutaremos de los momentos en que, por efecto de las decisiones, el camino y la perspectiva será la misma.

Así que no los juzgues, ellos también son adictos a la melancolía, al pensamiento que añora lo que pudo ser, a buscar entre sus recuerdos de infancia quién es ese adulto en el que se querían convertir.  No sé cómo llegaron hasta aquí pero me gusta pensar que hacen lo mejor que pueden y que a veces sus caminos dejarán de ser paralelos y sólo ellos decidirán si prefieren ver el mundo desde ese nuevo punto. 

Fragmento del consejo de Khalil Gibrán sobre el amor de pareja.

 

“Let there be spaces in your togetherness,

And let the winds of the heavens dance between you.

Love one another but make not a bond of love:

Let it rather be a moving sea between the shores of your souls.

Fill each other’s cup but drink not from one cup.

Give one another of your bread but eat not from the same loaf.

Sing and dance together and be joyous, but let each one of you be alone,

Even as the strings of a lute are alone though they quiver with the same music.

Give your hearts, but not into each other’s keeping.

For only the hand of Life can contain your hearts.

And stand together, yet not too near together:

For the pillars of the temple stand apart,

And the oak tree and the cypress grow not in each other’s shadow.”

 

 “Dejen que haya espacio en su compañía,

Y dejen que los vientos del cielo dancen entre ustedes.

Amen a otro pero no hagan un lazo de amor:

Mejor hagan que sea un mar en movimiento entre las costas de sus almas.

Llenen el vaso del otro pero no beban de uno solo.

Denle al otro de su pan, pero no coman del mismo pedazo.

Canten bailen juntos y sean alegres, pero dejen que cada uno pueda estar solo.

Incluso como las cuerdas de un laúd están separadas, vibran con la misma música.

Entreguen sus corazones pero no dejen que el otro los guarde.

Porque sólo la mano de la vida puede contener sus corazones juntos.

Manténganse juntos pero no muy juntos.

Porque los pilares de un templo se mantienen apartados,

Y el cedro y el ciprés no crecen debajo de la sombra del otro.