Colombia: ¿Perdió la paz?
por Felipe Flores
04 de octubre de 2016
Colombia y el mundo entero amanecieron este lunes ante la sorpresa y la incertidumbre, tras el rechazo en un plebiscito al pacto de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC.  
A la pregunta: “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”, el 50.2% de los colombianos contestó que no, y otro 49.78% por el sí.
Aunque mínima, la diferencia es insuficiente para amortiguar el desmoronamiento de lo que fue un esfuerzo monumental para cancelar un conflicto que azotó ese país durante más de medio siglo.
¿Perdió la paz?
No necesariamente.
De lo que hay certeza es qué ganó el temor de un pueblo que pudo avizorar no solo desventajas en el proceso de negociaciones, sino también el riesgo de que en un futuro próximo el país pudiera transitar hacia lo que se denomina ya como “el castrochavismo venezolano”.
Colombia: otra Cuba y otra Venezuela.
Y es que muchos presintieron que el comandante y líder de las FARC Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’ pudiera adquirir tal fuerza ante el acuerdo, que estaría en condiciones de competir y ganar la próxima elección presidencial prevista para el 2018.
Y eso, ni pensarlo.
Además del miedo, entre muchos colombianos prevaleció también un hondo rencor por tanto agravio y eso los indispuso, al menos por ahora, a otorgar el casi incondicional perdón.
El “no” en el plebiscito del domingo obliga ahora a replantear acuerdos, y muy seguramente a reducir concesiones.
Volver a negociar es la única ruta, porque finalmente nadie desea, y en eso sí hay consenso, en replicar las escenas del tan prolongado conflicto armado.
Volver a la mesa será complicado, sobre todo porque el gobierno ha reconocido que no tenía previsto un plan B, simplemente porque había descartado la posibilidad del rechazo. 
Por ahora el país ha quedado en un estado de indefinición y nadie sabe qué pasara, al menos al corto y mediano plazo.
Y mientras, aunque el acuerdo de paz ya es irreversible, por lo visto, el perdón tendrá que esperar.
Y el Premio Nobel que se insinuaba, también.