Hannibal, la serie

El 29 de agosto de este año se transmitió en Estados Unidos el último capítulo de Hannibal, esto en su tercera temporada.
24 de octubre de 2015      por Alan López / Alan López        Sección Revista Sexenio Hannibal, la serie

Pocas series han tenido una repercusión en su uso del lenguaje visual como para llamarlas un parteaguas dentro de esa industria, esto pese a una corta duración. El pasado 29 de agosto de este año se transmitió en Estados Unidos el último capítulo de Hannibal, esto en su tercera temporada, serie que adapta los libros de Thomas Harris sobre este asesino serial.

La mayor parte de esta versión televisiva está basada en la novela El Dragón Rojo, la cual cuenta la relación entre el doctor Hannibal Lecter y el investigador especial del FBI, Will Graham, quienes después de algún tiempo de colaboración este último termina por descubrir quién realmente es el llamado caníbal.

Lo que se cuenta en los libros y en las adaptaciones cinematográficas sobre la relación entre los dos personajes principales difiere un poco con la serie, en la cual se crea un vínculo insano y de casi enamoramiento entre los personajes, quienes se ayudan y se persiguen de manera dramática, en espectaculares actuaciones de Hugh Dancy como el investigador, y del danés Mads Mikkelsen.

Hannibal, el protagonista, busca abrir una parte en Will que la que no mucha gente tiene conciencia de: la parte que encuadra a la naturaleza de los hombres en un diseño central para su desarrollo psicológico, esto lejos de las leyes de la moralidad, aunque bien podría pensarse que más cercanas a la ética, debido a los razonamientos generados por los personajes.

La serie comienza como una simple historia de detectives, al menos los primeros capítulos de la primera temporada, gracias al uso de una formula bastante usada en ese tipo de obras: el arquetipo de un genio incomprendido que tiene una habilidad en particular, con la cual resuelve cualquier problema que se le presente. Pero en definitiva esto cambia en la segunda parte de dicha temporada, cuando el caníbal comienza a jugar con la inestable mente de Will hasta llevarlo al borde de la locura.

El momento donde los personajes principales comienzan a tener relevancia, sobre todo en cuanto a sus historias pasadas, es cuando la serie se transforma en algo más, de más aprecio y de más complejidad, aunado al lenguaje visual ocupado, descrito un poco más adelante.

Sir Anthony Hopkins ganó el Oscar al Mejor Actor en 1991 por su interpretación del doctor Hannibal Lecter en el filme El Silencio de los Inocentes, de Jonathan Deme, que ese mismo año obtuvo la mayor condecoración de la academia: la estatuilla como Mejor Película.

No sería prudente realizar una comparación entre Hopkins y Mikkelsen, aunque puedo asegurar que el actor danés, ganador del Premio al Mejor Actor del Festival de Cine de Cannes por el filme Jagten, del aclamado Thomas Vinterberg, ha generado un personaje tridimensional digno de un reconocimiento internacional.

Con Mikkelsen hemos podido observar, y también explicarnos un poco, la humanidad y la conciencia del asesino serial que cocina a sus víctimas para servirlas con excelentes vinos y en presentaciones de relevancia estética. El buen gusto y la refinación que expresa el personaje, así como la parte visceral en algunas ocasiones, nos dibujan una personalidad bastante atrayente y a la vez compleja, hasta el punto de considerarlo genio.

Lenguaje visual exquisito

Como se mencionó al inicio, existen pocas series que han cambiado las reglas en cuanto al uso del lenguaje visual. Hannibal sin duda es una de ellas, llevando las imágenes a un nivel lírico nuevo, lo cual, lejos de contradecir una narrativa dramática, la complementan dándole ritmo a la edición y generando un sentimiento de suspenso, algunas veces de asco, pero sin dejar de ser bello, parte esencial de la serie.

La mayoría de las tomas son, como las llamamos en el cine, de composición cerrada, refiriéndose a lo simétricas y a lo cuidadosamente medidas que están; los movimientos son suaves y delicados, algo que busca necesariamente hacer sentir al espectador el ritmo con el que se cuenta la historia a base de planos.

Sin duda, en cuestión direccional, la serie es una maestría en lo que se refiere al tema, el cual ha incluido la participación del mexicano Guillermo Navarro, conocido por su trabajo como director de fotografía y ganador de un Premio Oscar en este rubro, quien ha dirigido varios de los capítulos de la serie.

La mayoría de las escenas líricas descritas forjan su trabajo en el intento de explicar la psicología de los personajes, así como en el de hacer de algo que la sociedad considera como terrible, como lo pueden ser los asesinatos o el mismo canibalismo, una obra de arte; arte como serie y arte como lo que sucede en la serie, destacando el involucramiento del departamento de arte en ella.

Pasando a la parte de cinematografía como uno de los baluartes de la versión televisiva, la revista especializada en este ámbito y de las más importantes en el mundo: The American Cinematographer, realizada por la Asociación Americana de Cinematógrafos, publicó un artículo alabando a James Hawkinson, el encargado de este trabajo tan específico y sustancial en una obra cinematográfica, en el cual el artista asegura que la obra del pintor italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio, fue la principal fuente de inspiración para iluminar las escenas de Hannibal.

Lo asentado en el párrafo anterior es algo que, si realmente observamos, podremos descubrir por nuestra cuenta, debido a que la luz principal ocupada en los planos casi siempre viene de arriba y es generada solamente desde un punto, lo que produce ciertas sombras tétricas y en algunos casos horríficas, sobre los rostros de los personajes.

Otro aspecto muy importante de la serie es la música utilizada, comenzando por la ocupada en la cortinilla del inicio, la cual está hecha con sonidos ásperos y que generan suspenso. Al igual que esto, en todos los capítulos se encuentra esta personalidad en la obra musical y sonora que acompaña a las imágenes, mostrándose como una contraparte muy pronunciada, en realidad una contradicción a lo visto, que genera en el espectador una sensación de peligro o alerta que mantiene esa parte de suspenso de una manera adecuada.

En realidad es una lástima que una serie de este calibre pueda ser cancelada en su tercera temporada, aunque no es increíble teniendo en cuenta los factores económicos que contextualizan a la industria norteamericana y, como lo dijo el creador de esta adaptación para televisión, Bryan Fuller, la NBC, compañía que financiaba esta producción, permitió que se experimentara demasiado, algo que no suele ocurrir con la mayoría de las series que vemos. Aunque en el contexto actual, la manera de filmar estos trabajos está cambiando, razón por la cual es necesario decir que le debemos mucho a Hannibal.