México vs Estados Unidos, por algo más que la Confederaciones

Los que anteriormente eran juegos sin importancia para el futbol de México tomaron un sentido más especial.
24 de octubre de 2015      por Marlon Andrade / Marlon Andrade        Sección Revista Sexenio México vs Estados Unidos, por algo más que la Confederaciones

Frustración, es la palabra que mejor define lo sentido aquella tarde del 17 de junio de 2002 en Jeonju, Corea del Sur; con un futbol poco vistoso pero práctico, Estados Unidos arrebató de golpe la ilusión de México por llegar al ansiado quinto partido en un campeonato mundial.

Con goles de Brian McBride y un incipiente Landon Donovan, la rivalidad entre ambas naciones en el empastado comenzó a crecer, a tal grado que hoy en día es considerado el mayor clásico a nivel de representativos nacionales en la zona.

Desde aquella tarde, los que anteriormente eran juegos sin importancia para el futbol mexicano tomaron un sentido especial. De 2002 a la fecha se transformó en un duelo de pasiones, un partido en lo que se permite de todo menos perder y es que, si bien el juego se ha llevado también a niveles extra cancha con declaraciones, burlas, memes y desplegados, lo cierto es que todo aficionado sabe que la única ocasión de verdadera revancha será en la misma instancia y sí… en otro Mundial.

Realidades opuestas

Actualmente ambos equipos nacionales atraviesan situaciones opuestas; mientras que el llamado Tri vive momentos de incertidumbre en la dirección técnica con un interinato que genera más dudas que certezas, situación que se viene arrastrando desde finales de 2010, el equipo de las barras y las estrellas sostiene un proyecto encabezado por la fortaleza alemana de un ganador a prueba de balas: Jürguen Klinsmann.

De 2010 a la fecha, debido en parte a la poca paciencia de directivos y la nula planeación a mediano y largo plazo, México ha tenido en el banquillo a seis directores técnicos: Javier Aguirre, José Manuel de la Torre, Luis Fernando Tena, Víctor Manuel Vucetich, Miguel Herrera y Ricardo Ferreti. Por el contrario, Estados Unidos ha apostado por la continuidad de sus procesos: tras una exitosa gestión de Bob Bradley, en 2011 Klinsmann fue el encargado de tomar las riendas del seleccionado, dotándolo de un estilo más agresivo y determinado en todo partido.

Sumado a esto, las ligas locales responsables de nutrir los seleccionados han registrado avances diferentes. Mientras la Liga Mx tuvo momentos en que pareció estancarse y dejó de exportar jugadores a Europa, la MLS incrementó sus bonos exportando jugadores a las principales competencias internacionales e importando jugadores de renombre internacional, elevando el nivel competitivo en su certamen.

Asimismo, se puede distinguir una falta de planeación respecto a la proyección de jugadores en el representativo nacional, ya que con cada técnico que se tiene se hacen demasiadas pruebas con seleccionados cuyo nivel ha sido cuestionado por más de uno, haciendo que para el siguiente estratega sea complicado contemplar un equipo base y se tenga que regresar a los experimentos.

No obstante, el conjunto estadounidense mantiene una base sólida de jugadores que es relevada por jóvenes cada ciclo mundialista, haciendo que el juego en conjunto se note sobre el empastado y reduciendo la brecha generacional, facilitando dicha transición en su representativo.

Amistosos moleros y de calidad mundial

Mientras que se ha hecho una costumbre, muy mala por cierto, ver a nuestra Selección enfrentando a rivales como Trinidad y Tobago o Panamá en sus partidos de preparación de cara a juegos con trascendencia, EE.UU. tiene como sinodales a equipos como Alemania, Holanda e Inglaterra, a los que suele poner en predicamentos y exhibe, a su vez, su creciente capacidad futbolística.

Si bien no es justo demeritar a seleccionados centroamericanos, lo cierto es que habla más de las ganas de superación el buscar encuentros con naciones que te hagan aprender algo, que conseguir mil amistosos privilegiando lo económico por lo deportivo, Ccp. Federación Mexicana de Futbol.

2002, un punto de partida

A raíz de ese partido en el Mundial de 2002, los enfrentamientos entre ambas naciones, que a veces eran tomados como broma y a veces en serio, tomaron tintes de un verdadero clásico. Ya fueran partidos de preparación, amistosos o de algún evento avalado por la FIFA, los jugadores pronto entendieron que se jugaban aspectos más allá de un simple marcador, como el orgullo y la garra.

Por si fuera poco, el dominio que tuvo México desde el primer enfrentamiento en 1934 hasta la década de los 90 se vio dramáticamente revertido a favor de nuestros vecinos del norte, pues del año 2000 a la fecha, de los 22 partidos disputados los estadounidenses han ganado 54.4 por ciento de ellos, por tan solo 22.7 por ciento a favor del equipo nacional, superándolo también en relación de goles a favor en enfrentamientos directos.

Asimismo, el equipo de barras y estrellas ha reducido la distancia con México en los más recientes listados elaborados por la FIFA, en los que incluso alguna vez lo superó por su nivel demostrado en competencias internacionales, citando como ejemplo la Copa Confederaciones de Sudáfrica en 2009, a la que llegó a la final y en la que fue derrotado por Brasil.

Aunado a esto, el título de Gigante de la Concacaf que durante algún tiempo perteneció sin reserva alguna a nuestro país, según expertos y analistas hoy es más de los Estados Unidos debido a la proyección de sus jugadores, el poderío de su liga local y el nivel que ha demostrado el representativo nacional es los últimos años.

Base Europea

Aunque la selección mexicana pueda presumir de tener a una de las legiones en Europa más numerosas de la historia, se le puede reprochar que algunas de sus figuras clave, como Guillermo Ochoa y Javier Hernández, apenas tengan minutos dentro del campo. Por si fuera poco, los que tienen regularidad parecen perder el juego colectivo apenas se ponen la camiseta nacional, brindando resultados pobres contra rivales de aparente nivel inferior.

Estados Unidos, por su parte, mantiene su columna vertebral europea en actividad constante con sus clubes, situación que se nota en el aumento de calidad de su representativo; además, sus jóvenes son exportados a equipos donde comienzan su fogueo para que, cuando lleguen al equipo mayor, el ritmo sea similar a los experimentados. ¿Casualidad? No lo creo. Trabajo y planeación son las palabras.

Copa Confederaciones

Fue en abril del 2013 cuando la Concacaf anunció que el pase a la Copa Confederaciones de Rusia se disputaría entre los ganadores de las dos ediciones más recientes de la Copa Oro, esto con el objetivo de asegurar que las dos ediciones de este torneo en cada ciclo de cuatro años, tengan la misma importancia para los representativos nacionales.

Estados Unidos llega a este compromiso como el ganador de la edición de 2013, cuando con gol del ahora retirado Landon Donovan venció a Panamá, equipo que sorprendió dejando a México en el camino; por su parte, la Selección Mexicana encarará el compromiso como vencedor de la edición más reciente, en la que venció a Jamaica tras haber llegado de forma polémica a la instancia definitiva.

Aunque históricamente el combinado nacional ha tenido mejores presentaciones en las ediciones a las que ha asistido, en años recientes, los norteamericanos han dado muestra de que también pueden competir de tú a tú con las principales potencias; España y Brasil podrían contarnos su experiencia.

¿Gigante? No se puede vivir de logros del pasado. Si se vive de una etiqueta y un calificativo como El gigante de la Concacaf, pareciera que la federación ha abusado de ello. Aunque las apuestas en diversos sitios especializados marcan preferencias bastante parejas, se nota un rastro de preocupación, apatía y pesimismo por parte del aficionado mexicano que hace mucho no se veía.

No obstante, y como buen aficionado, reconozco que el nivel del futbol en Estados Unidos dista mucho de lo que era a finales de los 90. Esperando que México logre su boleto a la Confederaciones, ansío que el verdadero beneficiado con goles, espectáculo y un partido atractivo, sea el aficionado.

Si bien las estadísticas recientes no benefician al conjunto de nuestro país, esto es un clásico y, como en todo clásico, se juega, siempre, algo más.