“Soy una herramienta para ayudar a otros a cumplir sus sueños académicos y profesionales”, quien así se expresa es Ángel Cabrera Rodríguez, asesor de Proyectos Especiales de la Dirección General de Relaciones Internacionales e Intercambio Académico de la BUAP, encargado de promover prácticas profesionales en Nueva York, con organizaciones civiles de comunidades de migrantes mexicanos.
Originario del municipio de Zapotitlán Salinas, Puebla, vivió su infancia y adolescencia en situaciones difíciles y de pobreza, razón por la cual, a los 14 años, emigró a Estados Unidos, en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, su travesía no fue fácil.
“Al llegar a la frontera con Tijuana nos dejaron a la deriva por casi un año, viviendo en las calles y recogiendo comida de la basura para poder sobrevivir, hasta que un familiar que vivía en Nueva York nos ayudó a ingresar a Estados Unidos”, narró.
Pero la situación no mejoró en esa urbe norteamericana, donde vivió situaciones extremas de explotación laboral:
“Estuve encerrado en el sótano de un supermercado, en donde trabajaba hasta 12 horas seguidas, muchas veces sin agua ni comida”.
Tres años vivió en esas condiciones, hasta que el destino le abrió una nueva puerta. Decidido, abandonó su trabajo y conoció a una inmigrante surcoreana, quien le ayudó para que su vida diera un giro de 360 grados.
“Esta persona me regaló 280 dólares con los que pude terminar la high school y posteriormente pude estudiar una carrera técnica en programación de computadoras, en la City University of New York (CUNY)”, comentó.
Motivado por el deseo de superarse, logró concluir la Licenciatura en Ciencias Políticas, en la Baruch College, Weissman School, y la Maestría en Política Pública, en la Baruch College School of Public Affairs.
 
Actualmente, su labor dentro de la BUAP consiste en brindar oportunidades a estudiantes de las diferentes licenciaturas, para colaborar con 13 organizaciones en Nueva York, durante cuatro meses.
“No somos una institución que solamente egresa profesionales, también formamos personas que tienen la iniciativa y el deseo de crear un cambio, en beneficio de sus comunidades”, afirmó.
Si bien sus años de estudiante fueron difíciles, pues como indocumentado no tenía derechos, ni acceso a fondos del gobierno, además de la Maestría en Política Pública, Especialidad en Administración de Empresas no Lucrativas, logró cursar diplomados en la Embajada de México en Estados unidos y en la Alcaldía de Nueva York, así como certificarse en Liderazgo en Organización y Acción Política, en la Harvard Kennedy School of Government.
“No fue fácil conseguirlo, ya que a pesar de que Harvard aceptó mi solicitud y me ofreció una beca para estudiar, aun sin ser residente estadounidense, me faltaban 8 mil dólares y yo no tenía ese dinero, eso me desmoronó emocionalmente. Por suerte, conocía a Robert Smith, catedrático reconocido de CUNY, quien, junto con su colegas, me ayudó a conseguir el dinero que me faltaba para estudiar”, detalló.
Durante los 24 años que residió en “La Gran Manzana” formó parte de diversos proyectos sociales, enfocados a apoyar a comunidades migrantes, un ejemplo de esto es su colaboración en el sistema universitario de CUNY, cuyo fin era que los estudiantes tuvieran acceso a una educación sin importar su situación migratoria.
Promovió el acceso de legislaciones en Nueva York, para que a los jóvenes indocumentados se les cobraran los servicios escolares como ciudadanos estadounidenses, y trabajó a favor del acceso a la educación de niños de las comunidades migrantes de mexicanos.
 
Asimismo, colaboró en la creación de dos organizaciones en Nueva York: la Mexican American Student´s Alliance (MASA), institución que brinda apoyos a los hijos de mexicanos para que estudien en alguna universidad, y la American Student´s Dream Charter Schoool, escuela bilingüe encargada de incentivar el desarrollo académico de los menores, de las cuales es miembro de las juntas directivas.
 
Su ardua labor a favor de los migrantes fue reconocida por la comunidad México-Americana y por figuras de la política de Estados Unidos y México. Ha sido acreedor de premios y menciones honoríficas por parte de organizaciones del estado de Nueva York. Además, su historia se ha dado a conocer en medios de comunicación como el New York Times.
 
Cabrera Rodríguez se considera a sí mismo una persona sencilla, cuyos momentos felices pueden ser disfrutar de un buen café, un libro, una conversación con amigos. Es un gran admirador del cine francés, pero entre sus películas favoritas destacan las clásicas mexicanas.
 
Confiesa ser un amante del arte y la cultura de nuestro país, sobre todo por haber estado muchos años lejos de su tierra.
“Estoy en el proceso de reencontrarme conmigo mismo, con mis raíces, con mi verdadera identidad y de aprender más de las tradiciones mexicanas”.
Entre sus platillos favoritos se encuentran el mole poblano y los chiles en nogada. La comida nacional, dice, es un manjar, digno de saborearse a cada momento. En música, escucha varios géneros, desde jazz contemporáneo hasta mariachi. Entre sus actividades favoritas están el patinaje, así como viajar a los pueblos para convivir con la gente, aprender de sus costumbres y de su estilo de vida.
 
Para Ángel Cabrera Rodríguez, su experiencia personal ha sido un motor para seguir adelante, con la convicción de ayudar a los más necesitados: “Mi trabajo es la forma como le pago a la vida las oportunidades que me dio, y como profesional es mi responsabilidad apoyar el futuro de los jóvenes. Logré cumplir mis sueños, gracias a que muchas personas me tendieron una mano. Ahora es tiempo que yo haga lo mismo”.

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