Pablo González Cid: Pasión por el café

Hemos promovido el café de México con un concepto moderno y contemporáneo. Queremos ser vistos como la máxima autoridad de café en el país.”
31 de enero de 2011      por Revista Sexenio        Sección Revista Sexenio

El emprendedor y el buen café tienen algo en común: ambos necesitan un arduo proceso para llegar a la excelencia. Ésa es la creencia de Pablo González Cid, fundador de la empresa Café Punta del Cielo. Pablo piensa que, así como un buen café no se puede lograr de un día para el otro, un emprendedor tampoco. Se debe empezar desde abajo, trabajar mucho, sudar, sacrificar y sólo entonces se tendrá éxito. Aunque no hay que confundirse: una cosa es empezar en pequeño y otra pensar en pequeño. Hay que pensar en grande desde el principio. Tal vez suene romántico, pero esa idea llevó a González Cid a generar un concepto nuevo, local y original; insertarlo en un mercado saturado y tener un crecimiento anual de 30 por ciento en ventas. 

Pablo González Cid se planteó demostrar que en México se puede producir y comercializar el mejor café del mundo. ¿Acaso no nos han dicho que el café más prestigioso es extranjero y que las cadenas más concurridas tienen nombres en inglés? El empresario pensó que, con el apoyo y los incentivos adecuados, los clientes estarían convencidos de comprar café hecho en México no por una solidaridad mal entendida, sino por la calidad de lo que beben. 

Café Punta del Cielo es una empresa dedicada a la comercialización de café de altura cien por ciento mexicano, producido en Oaxaca y tostado en la Ciudad de México. La distribución se realiza a través de tres canales: venta de café preparado al cliente en cafeterías propias y franquicias en las principales ciudades del país; venta de café molido o en grano, enlatado o en pods, preparado o natural, en tiendas de conveniencia y supermercados; y ventas de café y cafeteras de alto desempeño a corporativos, aerolíneas, restaurantes y hoteles. 

De familia emprendedora, Pablo se inició en el mundo laboral trabajando como mensajero en una casa de bolsa. Esta Hemos promovido el café de México con un concepto moderno y contemporáneo. Queremos ser vistos como la máxima autoridad de café en el país.” experiencia despertó en él la semilla que, años más tarde, dio como fruto una de las empresas más exitosas de México. Trabajando en esa compañía financiera se dio cuenta que ascender era muy difícil, que pasarían muchos años antes de llegar a un buen nivel y, finalmente, por mucho que trabajara, no estaría generando un patrimonio propio para el futuro. 

Por estas razones, Pablo decidió abrir su primer negocio propio, dedicado a la comercialización de pescado en restaurantes. Obtuvo buenos réditos y conoció a los mejores restauranteros de México, hasta que su familia trajo al país la franquicia de café Gloria Jeans. El aroma lo conquistó, dio un giro y se concentró en este nuevo emprendimiento familiar. Destinó sus ahorros para viajar a distintos países productores de café para entender a fondo qué es lo que hace la diferencia entre los cafés regulares y los mejores. “Siempre quise emprender porque pienso que, aunque requiere mucho sacrificio, te puede ir mejor en una empresa propia que si sales a buscar trabajo.” 

La pasión y energía de Pablo han logrado posicionar el café nacional como un producto competitivo y de calidad ante sus pares internacionales. Aprendió tomando las riendas del negocio familiar, cambiándolo radicalmente. Ha luchado contra los competidores más fuertes del mundo. Les va ganando. Al menos, eso indica su crecimiento anual desde el inicio de operaciones y el reconocimiento de millones de mexicanos a su marca. 

Aunque este emprendedor nunca fue el estudiante más sobresaliente, cuando encontró su pasión se dedicó años a estudiar y conocer todo lo relacionado con el café en distintos países. Descubrió que el café, por sí solo, no es lo que genera oportunidades de negocio, sino la tecnología de siembra, la cosecha, el tostado, la producción, la distribución y la comercialización de ese aromático producto.

Pablo detectó que en México la gente compra café extranjero porque piensa que es mejor que el nacional. Cuando el consumidor compra café mexicano, lo hace principalmente porque le da lástima la situación del campo y desea apoyar a la industria nacional, aunque crea que el producto es malo. Pablo González consideró que esa estrategia de venta está equivocada: usar motivos de lástima como medio de promoción, en lugar de resaltar las cualidades reales y las ventajas de lo que se produce en México, sólo demerita la calidad y las bondades del café. 

Además, los comercializadores generaban un círculo vicioso en el que no exigían a los productores sembrar y cosechar el mejor grano, sólo se les pedía que fuera barato. El reto -y por consiguiente, la oportunidad de negocio- era motivar a los productores en México para cultivar café de gran calidad con el que se podría obtener mayores ganancias. 

Nadie había visto todas las aristas de esa posibilidad antes que los creadores de Café Punta del Cielo. “Nuestra visión es posicionar el café de México como uno de los mejores del mundo a través de la utilización de alta tecnología, materia prima de la mejor calidad y personal altamente calificado (…) Café Punta del Cielo es el resultado de una extensa búsqueda entre los cafés más finos de México, seleccionando aquellos que nos permitirán colocar nuestro café entre los más cotizados del mundo.” 

Pablo presentó a su familia este concepto: conseguir café mexicano de excelencia e innovar en el mercado creando productos alternos -libros para ilustrar a los consumidores, patentes de envasado, pastillas de café, entre otros- y la convenció de dejar la franquicia Gloria Jeans e iniciar con una nueva marca. Pablo y su equipo han invertido mucho tiempo buscando productores dispuestos a cubrir sus parámetros de calidad, así como diseñando y desarrollando productos con la más alta tecnología. Por ejemplo, para empacar el grano tostado se usa nitrógeno líquido, el cual desplaza el oxígeno y mantiene el sabor y aroma natural por largos periodos de tiempo. También crearon pods de expreso, pastillas solubles a base de café cien por ciento natural; chocolates en forma de grano de café adicionados con café Punta del Cielo; el Ice cap, capuchino frío enlatado listo para beber; y el Xzo, una bebida fuerte para los amantes del expreso. 

Su innovador concepto de cafetería hizo una clara diferencia entre Café Punta del Cielo y el resto de las marcas existentes (las estadounidenses originales y las copiadas). 

“Existían dos nichos de café en México: las barras importadas, o las mexicanas que replicaron todo en inglés; y existe otro nicho, que son las barras de café mexicano pero lo que venden es lástima. Se escucha feo pero así es: te dicen ‘cómprame el café a mí porque es mexicano, no lo compres porque es bueno, o porque es de calidad, o porque tiene ciertos atributos, sino porque es mexicano.’ Siguen con una imagen y una idea de café del México de hace cien años, del burrito con el indígena, el costalito de yute y el molinito de madera, y eso ya no es México. Nosotros nos diferenciamos de estos dos nichos porque nos hemos dedicado a desarrollar productos con la última tecnología y hemos promovido el café de México con un concepto moderno y contemporáneo. Queremos ser vistos como la máxima autoridad de café en el país.” 

A diferencia de otros emprendimientos que comienzan con clientes pequeños, los primeros clientes de esta compañía emergente fueron dos gigantes: Liverpool y Grupo Posadas de México. Fue un gran logro vender a corporativos de esa magnitud a cuyas puertas hubo que tocar. “Empecé a presionar con la venta de café, pero no buscaba al encargado de compras, sino a los chefs y ellos se dieron cuenta de que nuestro café era mucho mejor, aunque el problema era el precio, que también era mucho más caro. Sin embargo, nuestro café, por ser de calidad, rendía más que un café barato, compensando el exceso en el precio, lo que al final resultaba más barato y así fuimos aceptados en el caso de Liverpool.” 

Con Grupo Posadas fue diferente, porque ellos necesitaban un proyecto mayor que les permitiera estandarizar todos sus hoteles con el mismo tipo de café. Es decir, querían que el café del hotel de Tijuana supiera igual al de Cozumel. Café Punta del Cielo aprovechó la falta de competidores interesados en Rey Midas el proyecto y fue más allá de las necesidades del cliente: les ofreció un servicio completo para estandarizar no sólo el café, sino también el agua, las cafeteras y el gramaje, con altos niveles de calidad. El corporativo quiso probar esa propuesta de valor agregado en diez hoteles. Dos meses después, los resultados no podían ser mejores, así que Posadas les otorgó el proyecto completo. Fue una estrategia bien jugada con la que la empresa cafetera mexicana se hizo de reputación y le brindaron los recursos necesarios para seguir creciendo. 

Su tenacidad por hacer siempre lo mejor, por desarrollar la tecnología más avanzada en su industria y por adquirir el mejor café de altura de México, se fusionó con su pasión por crear valor y calidad a través del tiempo. El resultado: todo lo contrario a una industria acostumbrada a la baja calidad, la propia conveniencia y el servicio despersonalizado. Pablo González Cid es hoy un parámetro de cómo pueden crearse productos no sólo con el sello Hecho en México sino con el de Pensado, Diseñado, Producido, Comercializado y Luchado en México.

En una ocasión, Pablo se presentó en Endeavor con múltiples moretones y sangre en los brazos. Se le preguntó con quién se había peleado y contestó que con una cafetera. Contó que el secreto de un buen café no sólo está en la calidad del grano, sino que depende mucho de la cafetera en que se prepara. Las mejores, generalmente italianas, cuestan cientos de miles de pesos, por lo que Pablo, un administrador de empresas de profesión, aprendió sobre ingeniería de cafeteras, calderas, tarjetas de control, resistencias y sistemas eléctricos; y comenzó a construir sus propios diseños de cafeteras en la cocina de su casa, en su oficina y hasta en el coche. Después de varios intentos y explosiones, ha logrado dominar la tecnología y hoy produce las mejores cafeteras de México que compiten con las italianas, a un costo mucho menor. 

En 2004 abrió la primera tienda con la marca Café Punta del Cielo en la Ciudad de México. Su objetivo, en la actualidad, es colocar el café mexicano a la altura de los mejores, teniendo como base el conocimiento, la tecnología y la innovación. Ésta es la historia de una empresa mexicana joven, que se ha abierto paso entre las grandes cadenas estadounidenses, encabezada por un líder con visión que descubrió un nicho de mercado importante y tomó el riesgo de entrar en él con una variedad de productos novedosos. La posición de Café Punta del Cielo en el mercado permitió, a fines de 2005, que Conacyt les otorgará fondos de inversión para el desarrollo de más tecnología mexicana. Recientemente, Nacional Financiera hizo otra aportación. El reto fue demostrar que se puede crear, en una empresa mexicana, la mejor tecnología para la industria del café. 

Desde 2006, Café Punta del Cielo vende franquicias a un precio de cien mil dólares cada una y el pago de una prima de seis por ciento sobre ventas. El crecimiento se ha acelerado a partir del sistema de franquicias cuyos compradores deben tener la misma tenacidad y pasión que Pablo. Café Punta del Cielo tiene aún un largo camino por recorrer, pero en su corta trayectoria ha logrado posicionar una marca nacional que promueve el consumo del buen café mexicano, y ofrece al consumidor un concepto de barra de café contemporáneo e innovador frente a fuertes competidores extranjeros.