Recorro una calle que solía estar abarrotada de restaurantes y comercio en la ciudad, ahora todo a mi alrededor está lleno de letreros que dicen “SE RENTA”, he sido testigo de amistades que han cerrado negocios, he perdido algunos clientes en proyectos que creía seguros, pero también he tenido la oportunidad de poner a prueba nuevas ideas, de aprender de quienes mantienen una actitud positiva aún en medio de las dificultades, lo cual no se trata solo de privilegios, si no de cómo reaccionamos ante el cambio.

Sin duda estamos viviendo un momento de crisis, pero las crisis también son oportunidades que nos invitan a la flexibilidad. A dejar de creer que todo puede ser perfectamente planeado y saber adaptarnos a nuevas circunstancias. Conforme el confinamiento se expande noto que crece la desesperación y en algunos momentos se dificulta mantener una buena actitud, existe la incertidumbre y el miedo a desarrollar ideas porque tenemos al fracaso. Creo que esto último se debe a que seguimos esperando que regrese la normalidad. Los trabajos en su mayoría están funcionando esperando que esto termine, hace poco le sugería a un cliente cambiar el rubro y hacer otras actividades, su negativa fue inmediata, para él en cuanto esto termine se recuperaría, pero nada garantiza que esto pase pronto y al igual que él estamos dejando pasar el tiempo sin adaptarnos a las nuevas circunstancias.

Hay quienes dicen que la creatividad, diversificar negocios y buscar otras alternativas es un privilegio de clases, pero basta con analizar los pequeños negocios para descubrir que no es así. Los vendedores ambulantes fueron de los primeros en establecer sus puestos cerca de los lugares más concurridos, elaboraron cubrebocas en infinidad de diseños y materiales porque entendieron que ahí había una necesidad. Después llegaron las caretas, hay negocios que cambiaron el rubro de sus talleres para seguir operando.

En la educación sí se hace evidente la desigualdad no sólo de herramientas si no también influye la dinámica familiar, para superar las deficiencias del sistema educativo será inminente contar con padres más comprometidos que busquen brindar un apoyo al aprendizaje de sus hijos, despertar en ellos la curiosidad para facilitar el autodidactismo y a su vez requiere de flexibilidad en los trabajos, mantener una mejor organización en las instituciones que permita coordinar equipos a distancia para evitar el hartazgo o la obstaculización de metas.

Desde marzo México y el mundo se han tenido que adaptar a circunstancias imprevistas, hicimos planes y proyectos como si cada día del año lo tuviéramos garantizado. La planeación es indispensable para evitar todo tipo de crisis, pero también puede detenernos si dentro del plan no se consideran variantes y alternativas, si no existe un plan b para los imprevistos. Está de más decir que la creatividad es indispensable en momentos de crisis, pero de nada sirven las ideas constantes si estas no se implementan.

Vemos noticias para entender el panorama, pero ¿qué tan atentos estamos a nuestra realidad? Escuchamos opiniones de expertos, discursos del gobierno, pero quizás es momento de escuchar a quienes tenemos más cerca ¿qué necesitan? ¿cómo podemos apoyarnos? Dejemos de esperar soluciones de otros, actuemos, intentemos nuevas formas, si en algo nos equivocamos es un hecho que algo habremos aprendido. No repitamos estos patrones y empecemos nuevamente. Partamos de una mejor comunicación y organización. Comencemos por lo local, tal como después de guerras y catástrofes lo hicieron países como Japón y Alemania. Hay que proponer, escuchar y sumar esfuerzos. Ya pasó el tiempo de espera. Es momento de actuar.