El COVID-19 trajo consigo dinámicas que simplementeharán que el mundo sea diferente una vez que la disminución en los contagios permita reactivar la vida pública y productiva, como la mayoría de los expertos ven necesario que se lleve a cabo o al menos eso parece, ya que el cambio de la situación depende estrictamente del rumbo que tome la voluntad agregada de la personas, organizaciones y gobiernos.Puede darse el caso que todo vuelva a ser como antes, lo que representaría una oportunidad perdida que quizá no volvamos a tener a corto plazo.

En los últimos días la desigualdad se ha hechodemasiado evidente. Mientras que para algunas personas la Sana Distancia implica el trabajo en casa,practicar nuevas rutinas de ejercicio, tener la oportunidad de un reencuentro consigo mismo ante la ausencia del estrés laboral y ciertamente condicionesnuevas pero no perjudiciales, dado que hay condiciones económicas que se los permite, muchas otras viven esta etapa en total incertidumbre ante la posible pérdida del empleo, la disminución en sus ingresos, la baja venta en sus negocios o la tristenecesidad de despedir a sus colaboradores. Hablamos también de aquellos que trabajan en la informalidad y que ante la baja actividad habitual o el cierre de los espacios en los que ejercían su venta se encuentran hoy sin sustento.

La mitad de población en México no tiene seguridad social y sus ingresos apenas alcanzan para subsistir,es decir, no tienen derecho a enfermarse. El confinamiento está revelando la dureza de la desigualdad, nos está obligando a ver a todas esas personas por las que muy pocos se preocupan y que estaban ahí antes de que todo esto empezara. ¿Las habíamos notado?

En ese mismo sentido, hay una gran cantidad de problemas públicos que han pasado a segundo término y cuyas alternativas de solución dejaron de diseñarse, programarse o aplicarse. Tenemos un pasado reciente que una vez que retome su ritmo, nos alcanzará de nuevo.

De ahí que la solidaridad sea vital. La participaciónorganizada de la sociedad como brazo de acción alterno a los esfuerzos gubernamentales amplía la cobertura de la satisfacción de las necesidades básicas para distintos sectores, que justo en estos momentos requieren apoyo. El verdadero reto es conectar la demanda con la oferta, lograr la puntual detección de las necesidades para obtener la satisfacción de estas al menor costo y tiempo posible a partir de la acción colectiva y desinteresada.

El principal riesgo ante esto es la dispersión de esfuerzos como resultado de la necesidad expedita de colaborar, del ansia natural por hacer más, sin embargo, esto podría mermar el impacto potencial que tendría la unificación de la mayoría de las acciones en una sola dirección. Otro es el uso político o bajo cierta conveniencia que suele darse en estos espacios de intensas necesidades. Lo mejor es que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. No hacer cosas buenas que parezcan malas. Actuar en comunidad.

Ser solidaria o solidario es una decisión impulsada por valores y principios, serlo en momentos como este, más que necesario es impostergable. Distintas instituciones proyectan que al final del año se habrán perdido entre un millón y un millón y medios de empleos en el país, provocando que más de 3 millones de personas pasen a una situación de pobreza. Esto es solo uno de los indicadores que habrán de modificarse como resultado de la presencia del coronavirus.

Hay muchos frentes abiertos en medio de esta crisis, cada uno merece atención de las autoridades y la participación de las organizaciones de la sociedad civil desde sus respectivos campos de acción. En el caso del Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia de Puebla seguimos trabajando desde nuestro ámbito, preocupándonos especialmente por el grave incremento en la violencia familiar que es otro de los efectos de la prolongada cuarentena.

La invitación es a que la solidaridad sea el principio de la renovación personal y social.