Imaginemos que acudimos a cierto lugar concurrido en compañía de algún familiar, incluso con s de uno que son de nuestra plena confianza. Nosotros no sabemos bien a dónde vamos ni qué haremos, ni siquiera conocemos el lugar, pero el simple hecho de contar con esa compañía nos hace sentir a gusto. De repente perdemos de vista a quienes nos acompañan, nos inquietamos un poco, mandamos un par de mensajes por el teléfono o acudimos al lugar en que, previamente se había acordado, sería un punto de reunión y listo, ubicamos a las personas.

Pero para una niña o niño esta breve descripción de hechos puede resultar en un miedo o angustia inmensa, en la paralización y el desconsuelo; siendo además altamente vulnerable ante la delincuencia. La escena es probable y se repite constantemente. Ante tal situación lo mejor es que niñas, niños y adolescentes (NNA) cuenten con información para saber cómo actuar y que madres, padres o personas responsables de su cuidado puedan guiar la reacción de los menores.

La desaparición de NNA es un hecho que conmociona familias, colonias, ciudades y hasta países. Genera un alto sentido de la solidaridad, pero también una incertidumbre que deteriora a cada minuto. De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el estado de Puebla ocupa la cuarta posición nacional en el Índice de niñas, niños y adolescentes extraviados o desaparecidos en Méxicoo durante el periodo 20102018.

El Informe sobre fosas clandestinas y registro nacional de personas desaparecidas o no localizadas, que cubre el periodo del 1 de diciembre de 2018 al 31 de diciembre de 2019, dado a conocer por la Secretaría de Gobernación del gobierno federal en enero de este año, ubica a Puebla en segundo lugar nacional con 131 NNA desaparecidos que siguen sin localizarse, de igual forma, el estado se coloca en la segunda posición en cuanto a menores localizados, con 421.

El propósito de esta entrada no es hablar sobre los delitos relacionados con este fenómeno ni su incidencia en específico, sino compartir elementos para la prevención, que sin lugar a duda contribuye a aminorar el riesgo de padecer tan amargo trago.

Regresemos a la situación planteada con la que iniciamos este texto. Los lapsos, cortos o largos, en que un NNA es vulnerable, pueden ser aprovechados por personas maliciosas; hemos sido testigo de ello en días recientes. Entre las múltiples recomendaciones que autoridades, organizaciones y colectivos difunden, existe una, que a mi parecer, resulta significativa para evitar el engaño del menor y que además, instala una capacidad de respuesta ante el asecho: La palabra secreta.

Contar con una palabra clave o secreta para cuando no puede recogerse a nuestras hijas e hijos en la escuela o para su uso ante una separación en un lugar determinado, tiene como finalidad que el menor no caiga en engaños como “tu papá me dijo que viniera por ti”, “tu mamá está en el hospital y no podrá venir por ti”o acabo de ver a tus papás y te voy a llevar con ellos”, y termine, por voluntad propia e inocencia, en las manos de una o un delincuente.

Esta palabra secreta debe ser únicamente del conocimiento del menor y de la madre o padre o de aquella persona de quien dependa su custodia. Es importante hacer comprender al menor que ante cualquier acercamiento de un extraño con la intención de trasladarlo o recogerlo del lugar, debe preguntar acerca de la palabra clave y si esta no es proporcionada o si se siente inseguro o insegura, reaccione con gritos para alertar a quienes se encuentren cerca en el caso de espacios abiertos o regresar a un lugar seguro y buscar apoyo por si se encuentra en la escuela, en alguna actividad extracurricular o espacio privado.

Otras recomendaciones importantes son enséñarles que no deben proporcionar ningún tipo de información personal o sobre sus familias; evitar que personas extrañas les saquen fotografías o videos; que memoricen su nombre completo, teléfono y dirección cuando su edad lo permita y que sepan usar los números de emergencia como el 911 de manera responsable.

La palabra secreta es apenas un pequeño esfuerzo de lo mucho que es necesario para la prevención. La comunicación sana y permanente entre los miembros de una familia, del tipo que ésta sea, más que necesaria, es impostergable, ante la situación que enfrentamos.