Me da mucho gusto y me llena de orgullo comenzar esta columna contándoles que Luis Miguel se coronó como flamante ganador del Latin American Music Awards en la categoría “Tour Favorito”. Era de esperar este reconocimiento, el segundo en dos años consecutivos, luego de batir récords de asistencia y recaudación en taquillas de 15 países diferentes. Así que quiero aprovechar la ocasión para enviar mis felicitaciones a ‘El Sol de México’ y a su inigualable equipo por esta distinción, pero muy en especial por entregarse en cuerpo y alma cada noche de concierto.

En otro orden de cosas deseo destacar la participación de Luis Miguel en la ceremonia de despedida del ‘Príncipe de la canción’, el querido José José, haciéndose presente a través de una enorme corona de rosas blancas que llevaba su nombre. Quienes lo conocemos de verdad sabemos que prefiere pasar desapercibido, y que esto no significa que la pérdida de un colega y amigo le afecte menos sino todo lo contrario, lo sufre muchísimo pero en el silencio de la soledad. Esta corona, portadora de su flor predilecta con la que agasaja a sus fans, fue la forma de hacerle llegar su cariño y condolencias a la familia Sosa. Aunque parezca que Miky tiene una vida muy ermitaña, les aseguro que es un ser humano que se preocupa y ocupa de los seres queridos, y siente un profundo compromiso respecto al bienestar y a las necesidades de su pueblo.

 

Hasta acá llego con la introducción porque estimo que estarán deseosos por descubrir la segunda parte del emocionante relato de Carola, una fan que supo combinar esfuerzo, convicción y una cuota de suerte para lograr sus sueños: vivir momentos intensos junto a Luis Miguel. Los dejo en su compañía: 

En el año 2014, y coincidentemente el 13 de septiembre, el destino me tenía reservada una sorpresa especial, luego de atravesar dos de los años más duros de mi vida. La fortaleza de estar ahí sintiéndome guapa, con el corazón intacto y vuelto a la vida, se lo debía a la emoción de ver a Luis Miguel nuevamente. Cuando estaba por entrar al concierto se acercó Mónica Núñez, del Club de fans “La Ohana de Luis Miguel”, para decirme: “Hola, ¡Estás hermosa! y tu vestido negro se verá bien con este lei, el cual entregarás a Miky con sumo cuidado porque si él lo desea se acercará a ti”. Yo moría de nervios ante dos posibles escenarios, en uno podía palpitar la emoción de que eso sucediera, pero en el otro sentía miedo al rechazo ante la posibilidad de que no lo recibiera.

Cuando comenzó el concierto me ganó la timidez mientras lucía aquel lei en mi cuello y temblaba como una hoja al ver a Luis Miguel. Por supuesto que no tardó en saludarme y que, durante todo el tiempo, jugó con mi ansiedad al sonreír con picardía porque presumía mis intenciones. Cuando llegó el momento tan esperado, debo admitir que los nervios no me permitieron registrar la canción que estaba cantando, sólo sé que me miró, luego se acercó para inclinarse y esa fue la señal para que intercambiara mi lei por un beso.

 

¡Qué hombre Dios mío! Su perfume y su galantería me catapultaron al mismo cielo, y ahí permanezco todavía porque al cerrar los ojos vuelvo a vivir ese instante como si fuese ayer. Aquel recuerdo quedó grabado para siempre y puedo compartírselos gracias a otra incondicional que lo amó profundamente, la recordada Verónica Navarro. Chequen el minuto 2 del video:

 

Como muchas personas he sufrido bastante en la vida, por lo que he requerido los servicios de un profesional y ¿Qué creen?, en mis terapias siempre surge Luis Miguel. El primer diagnóstico al que llegaron no me gustó en lo absoluto, pero luego un psiquiatra me dijo algo que decreté mi mayor enseñanza: “¿Le dicen que lo que siente por Luis Miguel es su mayor locura? Pues yo creo que gracias a él usted está cuerda”. Ante esta expresión me quedé helada porque aunque en mi interior lo tenía resuelto, oírlo de boca de un profesional jamás lo hubiese imaginado. Y agregó: “Lo suyo con Luis Miguel es el sentimiento más puro de su pasado. Él le hace revivir su ingenuidad, la Fe en las personas, la conecta con su “yo” más feliz, y la motiva a comprender que este mundo aún la hace vibrar pese a los golpes de la vida. El día que a usted no la emocione habrá perdido las ilusiones”. Desde entonces esa es la prédica que repito a mi esposo, papás y jefes, quienes son una belleza y santidad de personas porque siempre han comprendido esta pasión.

En el año 2018 tuve la dicha de verlo en el American Airlines Arena de Miami, viaje que no emprendí sola sino que gocé de la compañía de mi amiga Ingrid. Debo destacar que ella no era fan antes de vivir esa experiencia, y que luego de ésta pasó a pertenecer al club de las incondicionales poseídas. Fue maravilloso verlo de nuevo, especialmente bien después de haber atravesado momentos difíciles en su vida. Estaba hermoso, elegante, carismático, simpático, y con esa voz que hace recordar que sigue siendo el único artista de habla hispana de semejante talla. Empezaba su gira “México por Siempre”, en la que por cierto inmortalizó su interpretación de “Contigo a la distancia” al piano, y ahí estaba yo en primera fila. Como anécdota quisiera contar que cuando estaba cantando “Tú y yo” el público tomó asiento y me quedé sola de pie, momento en que aproveché para acercarme y obsequiarle un rosario.

Aquel fue un concierto soberbio, y esa noche la coronó bajándose del coche en las afueras del recinto para saludar a sus seguidores. No podía creer tenerlo frente a mí tan guapo, sonriendo y recordándome una vez más lo feliz y orgullosa que me siento de ser su fan.

La siguiente etapa de mi relación con Miky me impulsó a escribir esta historia, la que decidí bautizar “Adoctrinamiento”… ¡Well done Carola! Tal como les conté en la columna anterior, mi hija Miranda es una apasionada fan de Miky, y déjenme decirles que ese cariño alimentado durante sus diez años de vida es totalmente correspondido. El pasado 24 de marzo, aquí en El Salvador, el destino conspiró a nuestro favor cuando la gloria le llegó a Miranda de manos de ’El Sol’. Fuimos testigos de cómo llamó a mi hija, lo mucho que la consintió, y de cuánto se dejó querer cuando inclinó su cabeza para que lo coronara con su lei. Para una madre lo único que puede superar la felicidad de experimentar algo extraordinario es vivirlo a través de los hijos, y esa noche allí estaba ese ser de luz perfecto mirándome y haciéndome completamente plena con aquel gesto para con mi niña. Les juro que no pude evitar las lágrimas y se lo agradecí llorando, él me lo retribuyó con un beso al aire y una flor.

  

En ese momento entendí que no tengo que darle explicaciones a nadie, que ahí estaba el mejor artista latino de la historia, ese mismo que me conquistó a los 10 años con las mismas canciones y la misma alegría pese a las duras pruebas de la vida, para él y para mí, sonriendo y haciendo suyo los corazones de 6 generaciones sin caer en modas ni en vulgaridades. Me sentí orgullosa de él, de mí y de mi hija Miranda frente a muchas mamás que me juzgan por permitirle que crezca escuchando sus canciones, y aprovecho la ocasión para invitarlas a poner atención a las letras de los éxitos de moda que bailan y cantan sus hijos. En lo personal no creo haberme equivocado porque Miranda es una niña sana, inocente y buena alumna, que ama el ballet y las cosas bellas.

Para finalizar les cuento que fui a verlo a Guatemala, esta vez sin Miranda pero con mi lei (en un amarillo precioso).

Tuve nuevamente la dicha de estar en primera fila, pero al llegar me percaté que alguien más llevaba un collar de flores y estaba sentada justo al frente mío. En ese instante reviví aquella sensación de angustia del año 2014 cuando pensé que Luis Miguel podría rechazar mi obsequio, y esta vez tenía fundadas razones puesto que la otra candidata estaba mucho mejor posicionada para tal efecto. De inmediato le escribí a Euge y a mis amigas para que acudieran en mi auxilio, necesitaba leer consejos que me llevaran al éxito total. Pero mis dudas se despejaron en un santiamén cuando él, como todo un caballero y un artista con memoria, me reconoció en la multitud. Se acercó para ponerse de rodillas y, cuando procedí a colocarle el lei, me agradeció con un tierno “Gracias”. Luego sostuvo mi mano por un tiempo prologando, con decirles que llamó la atención de algunos asistentes, y mientras lo hacía llegué a la conclusión de que su camisa roja combinaba perfecto con aquel lei amarillo. Y como si esto fuera poco cerró aquel inolvidable momento con un beso lanzado al aire.

Esa noche entendí una vez más lo maravilloso que es Luis Miguel, lo bien que me hace rezar por él todas las noches para pedirle a Dios y a la Virgen que le brinden protección y amor, para que siga conquistando y sanando corazones con su voz, e iluminándonos con su presencia.

Estoy segura que cuando crezca Miranda, y pase inevitablemente por situaciones duras, se acordará de este momento que le relaté, de lo que vivió con Miky y conmigo, y será feliz. Todo esto, Luis Miguel Gallego Basteri, ¡No tiene precio!

¡Gracias una y mil veces Miky!

Carola