Hay que estar más que atentos a la emisión de la entrega de los Latin American Music Awards 2019, ceremonia que se llevará a cabo el próximo 17 de octubre en el Dolby Theatre de Los Ángeles, porque Luis Miguel está nominado en la categoría “Tour Favorito” junto a Chayanne, Bad Bunny, Jennifer López y Marc Anthony. El ganador surgirá de la votación realizada por el público a través de diferentes plataformas digitales, tarea a la que los fans de ‘El Sol’ estuvimos avocados desde que se dio a conocer la noticia. En tan solo unos días podremos conocer al flamante acreedor de este reconocimiento, el que esperamos sea otorgado a Luis Miguel por una gira que batió records de asistencia y recaudación sobre un total de 150 conciertos. Y mientras esperamos que esta cuenta regresiva llegue a cero quiero presentarles la primera parte de una historia verdaderamente apasionante.

Durante todos estos años he aprendido y comprobado que la concreción de un sueño depende de nuestra Fe y tenacidad. Para muchos no nos resulta fácil que se alineen los planetas en forma espontánea y, como por arte de magia, veamos cumplido nuestro gran anhelo. Pero si hay algo que comprendí es que la clave para poder lograrlo, tarde o temprano, está basada en el trabajo constante. A la famosa frase “Deséalo tanto, tanto, tanto que la vida no tenga más remedio que dártelo” la editaría diciendo: “Trabaja en forma ardua y perseverante en la concreción de tu sueño hasta que la vida se sienta en la obligación de otorgártelo”. Y así fue como el universo se sintió en el compromiso de concederle su máximo anhelo a esta acérrima fan, hecho que sin dudas renueva nuestras esperanzas de concretarlo.

Prepárense a descubrir un relato que los emocionará entrañablemente, y los hará palpitar las sensaciones de un encuentro con el que soñamos todos: 

En esta gira 2019, en la que Luis Miguel recorrió Latinoamérica, conocí a muchas personas que lo aman profundamente y me enseñaron cosas realmente importantes. Con ellas aprendí que existe la solidaridad y el apoyo incondicional entre mujeres, pese a experiencias propias del pasado; que aquel amor que te brindó felicidad desde niña y logró perdurar en el tiempo es sanador, y hasta el detalle de escribir su apodo correctamente “Miky”.

Pero mi historia con Luis Miguel se remonta a muchos años atrás, y la iniciativa de compartírselas viene motivada muy especialmente por Euge Cabral y el Club de Fans “Amigos de Luis Miguel”. 

Comenzaré contándoles que me llamo Carola Cardona, tengo 42 años y soy de El Salvador. Esposa, madre de dos niñas -Camila de 18 años y Miranda de 10-, con unos padres maravillosos y dos hermanas que son únicas en el mundo. No hace falta decirles que amo con locura a Miky desde mis 10 años, y que cualquier persona que me conoce -mucho o poco- puede describirme por esta última cualidad. 

Siempre he dicho que las fans de Luis Miguel somos incondicionales y unas locas perdidas disfrazadas de normalidad, puesto que hay que parecer serias cuando somos madres, esposas, y contamos con un trabajo que, además de permitirnos vivir dignamente, nos lleva a seguirlo por el mundo. Pero a la hora de sincerarnos sabemos que nuestra vida gira en torno a un encuentro cercano con aquel ser maravilloso que nos ilumina. Por eso no es de extrañar que me digan “Carola, tu sí que eres fan de Luis Miguel”, y que mi respuesta sea “No soy fan, ¡yo lo amo!”. Cuando se dan estos episodios la gente cero empática me retruca con algún improperio dedicado a mi ‘Sol’, pero quien tiene la última palabra soy yo al decirles: “¿Alguna vez he hablado mal de tu familia?, pues eso es Luis Miguel para mí, alguien cercano que ha estado conmigo durante 32 años brindándome energía y consuelo. Él me conecta con mi parte más alegre y feliz, y me hace recordar que no importa lo difícil que se ponga la vida (cuando a veces te da la espalda aunque tengas buena estrella) porque el corazón siempre volverá a latir con una emoción genuina cuando se trata de Luis Miguel. ¿Piensan que estoy loca? ¡De Atar!, lo admito”.

Jamás olvidaré cuando un domingo mi mamá me llamó y me dijo: “Caro, venga a ver a este niño cantar en “Siempre en Domingo”, seguro que le gusta”. ¡Santa Madre cuando lo vi tan sensual con aquel pantalón ajustado y esa camisa con botones dorados! Ese día descubrí a un ser resplandeciente al que me une un eterno romance que se acrecienta con los años, aunque en palabras de papá “Solo se empeora con el tiempo”.

Mi vida es una búsqueda constante de senderos que me acerquen o me lleven directo a Miky, por lo que debo confesarles que tuve que elegir trabajos y proyectos en función de ese encuentro deseado. Así fue como decidí jugar una partida arriesgada al convencer a mi jefe de patrocinar la gira de Luis Miguel por Centroamérica allá por el año 2011, pues haría lo que sea por traerlo a mi país ya que es un lugar que no suele visitar con su tour. Ya dicen que si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña así que normalmente lo busco por el mundo, generalmente en Las Vegas, aquella ciudad perfecta en la que nuestra relación ha crecido muchísimo. 

Haciendo un balance miro hacia atrás y aparte de conocer gente maravillosa, grandes amigos que me han ayudado incondicionalmente a acercarme a Luis Miguel, he cosechado grandes logros en lo laboral al ganar un premio similar a un Billboard, en cuanto al prestigio e importancia, por “Mejor campaña de marketing” para una empresa en la que trabajé. Recuerdo haber ido a la premiación con el único propósito de contactar a alguien que me acercara a Luis Miguel

Siendo su fan capitalicé otra enseñanza al comprender que él siempre saca lo mejor de uno, créanme que no hay pérdida si lo amamos sino todo lo contrario. En esta eterna búsqueda por ese encuentro soñado él me ha inspirado a realizar cosas tan increíbles como creativas, me llevó a encontrar gente productiva y a crecer tanto en lo profesional como en lo personal. 

Mis papás, con mucho esfuerzo por cierto, siempre se preocuparon por comprarme el mejor ticket para asistir a sus conciertos, estos apenas fueron dos y se dieron en mi adolescencia y juventud, a los que fui acompañada de la gran cómplice de este amor, mi abuelita que ahora está en el cielo. Los demás conciertos se dieron gracias a mis propios medios, pues tal como les conté he seguido sus pasos por el mundo al cabo de unos 15 años, especialmente yendo a Las Vegas año tras año. Nada me ha detenido a la hora de reencontrarme con Miky, ni siquiera un embarazo de 7 meses y medio, y he aquí la explicación del nacimiento de una nueva fan, mi hija Miranda. Ella lo ama tanto como yo y no es para menos, lo escuchó durante todo el embarazo con la canción “Por debajo de la mesa”.

Confirmé que es real eso que dicen que los niños se educan desde el vientre materno, pues así fue como Miranda aprendió lo más importante: el gusto por lo bueno, lo atemporal de las cosas bellas, y el arte… en pocas palabras “Aprendió a amarlo”.

Cada viaje hacia la Ciudad de las luces trataba de estar lo más cerca posible, así logré estrechar su mano, recibir rosas e incluso saludarlo detrás del escenario. Me permitiré relatarles la cronología de los hechos de esta última experiencia que se dio en el año 2013. Resulta que tengo un amigo que es productor de espectáculos, el más importante de Centro América, y casualmente es quien siempre ha contratado a Miky para traerlo a mi país. Ese año decidí solicitarle un favor personal al preguntarle si conocía a alguien de la producción de Luis Miguel y, de ser así, le pedí que indagara sobre la posibilidad de conocerlo. Curiosamente tenía un amigo en la producción, que está con ‘El Sol’ desde la gira “20 años”, así que de inmediato intercedió por mí. A pesar de que éste se mostró predispuesto a cumplir mi sueño no dependía de él sino de Miky, así que solo pudo prometer invitarme al backstage y el resto quedaba en manos de su jefe.

Tal como lo habíamos planeado, el 13 de septiembre ingresé a un sector detrás del escenario como invitada de la producción acompañada de un obsequio para Miky: una botella de ron de una marca especial sugerida por mi cómplice. Temblaba como una hoja mientras trataba de que no lo notaran, la idea consistía en que permaneciera allí sin moverme y, si se daba la oportunidad y Miky lo deseaba, lo podía saludar. El reloj corría y él no llegaba, mis esperanzas de conocerlo se desvanecían porque el concierto estaba a punto de comenzar. A los pocos minutos de la llegada de los músicos, con un auditorio casi completo, el milagro sucedió cuando anunciaron que “The boss” estaba arribando. Cuando por fin apareció el ambiente cambió rotundamente, pues a pesar de que hay complicidad y cariño entre Luis Miguel y su equipo, cuando el jefe se hace presente prima el respeto y el profesionalismo.

Desde mi lugar observaba exaltada cómo hablaba con sus músicos y luego con mi aliado, pues él es el encargado de darle el esquema del show, el cual está en una carpeta sellada y firmada por la productora, la disquera, el Caesars Palace y Luis Miguel. Me sentía muy nerviosa después de que finalizaron aquella conversación con detalles propios del concierto (además veía todo en cámara lenta), pues me agobiaba la idea de que no accediera a conocerme. Recuerdo que lo tenía como a 3 metros pero solo podía observarlo y rogar que nuestro plan resultara, pues me habían dejado muy en claro que no podía dirigirme a él por mi cuenta ni tomarle fotos. Teñida de incertidumbre recibí la mirada esperanzadora de mi ángel guardián, la antesala de la gloria misma porque me dijo: “Acércate, él quiere conocerte”. ¡Les juro que morí!

Al llegar a su encuentro Miky se dirigió a mí diciéndome: “Hola mi reina, gracias por venir”. A esas alturas apenas podía emitir sonido, y en ese estado de obnubilación solo atiné a contarle que lo veía todos los años en Las Vegas. Cuando pensé que había logrado dominar la respiración entrecortada y el temblor en mi cuerpo, él decidió sabotear aquel autocontrol al quitarse los guantes para acariciarme el pelo. Ante semejante atentado sentí que mis piernas ya no me sostenían, así que aproveché para abrazarlo con todas mis fuerzas. Luego me preguntó de dónde era y le respondí “El Salvador”, entonces agregó “¡Ah! eso es Brasil” y no me animé a corregirlo, aunque sí lo hizo mi gran cómplice. Más tranquila pude contarle que siempre rezaba por él, para que Dios lo cuidara porque su música es mi mejor terapia para los momentos más tristes de mi vida. Fue muy lindo cuando me dijo: “¿A dónde estás ubicada?, ¿Estás cerca?”, y le dio gusto saber que estaba en fila uno. Prosiguió diciéndome: “Serás la primera persona a la que salude”. ¿Qué puedo decirles? Volví a morir de amor. Para finalizar se dirigió a mí con estas palabras: “Entra por este lado del escenario porque ya vamos a comenzar”, y a mi ángel guardián le dijo: “¿Tu esposa sabe que eres cómplice de mujeres bonitas?, ¿Qué me usas?” mientras sonreía por hacerlo sonrojar.

Por supuesto que luego de esto nos despedimos con un abrazo y un beso, y que efectivamente esa noche fui la primera persona que saludó. Más tarde recibió un rosario que le había llevado, obsequio que traía conmigo en backstage pero que se me olvidó a raíz de los nervios.

Confieso que no suelo contar esta experiencia porque la gente es incrédula y necesita pruebas que confirmen la historia, pero sé que sabrán comprender que seguí al pie de la letra los pedidos de su equipo de seguridad respecto a despojarme de mi celular, cámara de fotos o similar. Lo único que puedo aportarles es el bendito pase que me permitió estar presente en el paraíso mismo.

Los próximos años viví muchos momentos gloriosos junto a Luis Miguel, los que me hacen sentir muy dichosa y afortunada, así que prometo compartírselos en la próxima columna.

Continuará…

Carola