Hubo primer informe de Gobierno (tercero para el presidente) en México y la realidad es que no hubo nada nuevo bajo el sol. El presente se parecía mucho al pasado. Una trasmisión de menos de dos horas que bien pudo ser otra más de las mañaneras del presidente. Si se hubiera hecho un video con un resumen de las conferencias matutinas de Andrés Manuel López Obrador todos se hubieran dado por bien servidos. En los informes de Gobierno jamás se comentan los errores, solo se habla de logros importantes. El salario mínimo subió, se firmó el TMEC con Estados Unidos y Canadá, hay seguridad social para las trabajadoras del hogar, se recortaron los salarios a funcionarios. De ahí en fuera, muchas cosas que aun están pendientes. Van nueve meses de lopezobradorismo.


El presidente tiene un plan desde antes de iniciar su gestión: lograr la cuarta transformación de la vida pública de México. Desde que se anunció esta 4T llamaba la atención que hablara como si fuera a lograr un hito aun sin empezar. Quiere escribir la historia antes de que ocurra. Quiere bajar la delincuencia, pero cada día va e la alza, quiere que la economía crezca, pero solo en el último trimestre el crecimiento fue del 0.0%, es decir: nada. Los cambios llevan tiempo, decir todos los días que el pueblo mexicano debe portarse bien no es suficiente. A veces parece que AMLO vive en un país y la realidad es otra. El optimismo del presidente solo lo ven quienes se ven beneficiados por las becas y ayudas económicas a quienes menos tienen, el resto no lo ve así. La vida publica cada día es más publica, no hay acto que no quede registrado. Juntarse diario con los integrantes del gabinete presidencial parece no dar aun resultado. Muchas renuncias y pocos avances.


La popularidad del presidente sigue en números azules, el nivel de aceptación está por encima del 70% en promedio en las encuestas nacionales. Esta aun arriba de cuando fue electo el 1 de julio de 2018. Curiosamente tiene los mismos niveles de aceptación que tuvo en su momento Carlos Salinas de Gortari o Vicente Fox en su primer año de Gobierno. AMLO es un presidente popular que ha traído de nuevo el interés de la población sobre la política más que nada por su forma de hablar. No es rebuscado, es directo. La cultura popular es su fuerte. Es un maestro de la historia del país y sus palabras favoritas son: neoliberalismo, corrupción, justicia, fuero y pobres, pero en el sentido de querer ayudarlos. Al presidente le molesta cuando la prensa no está de su lado, quiere que solo le aplaudan, pero la prensa esta para cuestionar al poder no para exaltar sus logros. AMLO está dispuesto a escribir su historia desde su punto de vista, menciona tanto a Benito Juárez y Francisco I. Madero que parecería que se pone al nivel de ellos. Dos pilares de la patria que también tuvieron sus errores. AMLO no acepta cuando la prensa lo señala, y entonces él atina a llamarlos "fifís". Muchos se ríen, pero en realidad es una ofensa contra la prensa que trascribe todo lo que dice.


El desafío de AMLO es sin lugar a dudas la violencia. Estamos en la ruta a que 2019 sea el año más violento del siglo. Los homicidios y feminicidios son de varias decenas al día. Son temas que al presidente no le gusta tratar, pero las estadísticas ahí están. Y son números que se hacen públicos, muchos otros se pierden entre carpetas de investigación que se quedan en el olvido.
Tuvimos un primer informe donde habla AMLO contra la corrupción, pero tiene en el encargado de la Comisión Federal de Electricidad a uno de sus protegidos. Recientemente se destapó que Manuel Barttlet posee varias propiedades que no declaró al ser servidor público. Curiosamente a él fue al único que el presidente llamó por su nombre durante el informe. Cosas de la 4T. Primer informe y AMLO quisiera solo aplausos, pero hay mucho por cuestionar y mucho por avanzar.

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