Quienes me conocen desde hace tiempo saben que soy una persona obstinada, pues cuando me propongo algo conservo la firmeza sin que nada ni nadie me amedrente. Pero últimamente he podido confirmar aquello que dicen que los tiempos de Dios son perfectos, y que solo él sabe cómo y cuándo nos lo concederá. He de confesarles que se me hace bastante difícil asimilar esta gran verdad puesto que básicamente la ansiedad domina mi vida, pero remitiéndome a los hechos pude convencerme de que la concreción de lo deseado no solo depende de nuestro empeño y perseverancia sino también de la decisión de Dios. En lo personal he tenido que librar grandes batallas, conquistas que llegaron mucho tiempo después a mis previsiones, y créanme que recién entonces comprendí las razones por las que no se concedieron con anterioridad. Todos saben, hablando de mis grandes propósitos, que hay uno en particular por el que vengo trabajando hace muchísimos años, lapso en el que escuché infinidad de veces: “Tu sueño de conocer a Luis Miguel llegará cuando tenga que ser”. Al procesar aquella frase sentía rabia en mi interior porque me negaba a aceptar que este tiempo de espera no dependiera de mí, y aunque hoy puedo ser capaz de comprender y admitir que indefectiblemente se dará cuando sea el momento oportuno, no puedo evitar desear que llegue pronto. Pero creo que he dado un paso importante al dejar atrás la angustia generada por mi incomprensión y, aunque en la actualidad no encuentre un fundamento que me ayude a entender, sé que hay poderosas razones que justifican esta larga espera.

No caben dudas que no solo aprendí de mis experiencias más recientes sino también de lo capitalizado en este espacio a través de los diferentes relatos, como lo plasmado en mi columna anterior cuando Carina nos contó que aguardó 35 años para concretar el gran sueño de disfrutar a ‘El Rey’ en carne propia. Y la historia que tengo para compartirles hoy viene a aportar otro claro testimonio de lo que hemos venido platicando pero con un condimento especial, pues podrán palpitar muy de cerca la magia que se teje en torno a Luis Miguel:

Mi nombre es Claudia y deseo compartirles mi historia como fan de Luis Miguel. Tengo 41 años y desde siempre he sido su admiradora, pero recién pude gozarlo en vivo y en directo en 1994 cuando me encontraba a punto de terminar la preparatoria. Por muchísimos años no tuve con quien asistir a los conciertos porque soy hija única, situación que inquietaba a mis papás por lo que permanentemente preguntaban si me afectaba el hecho de no contar con compañía, y la realidad es que no me importaba porque estando en un concierto de Luis Miguel difícilmente dedicaría mi atención a alguien más.

Así fue como tuve la dicha de disfrutar de muchos conciertos, 12 o tal vez 14, ya perdí la cuenta, tiempo en el que fui cosechando amigos que resultaron ser fans, por lo que dejé atrás la soledad y accedí a tener compañía en mis citas con Luis Miguel. Para cada una de ellas viví la experiencia de someterme a largas filas para conseguir boletos, pues antes no existían los sistemas actuales que facilitan la compra a través de Internet o por teléfono.

De esa manera desde 1994 hasta el año 2014 no falté a ninguno de sus conciertos en Monterrey, e incluso en algunas ocasiones repetía 2 días seguidos por oportunidades inesperadas, como la posibilidad de adquirir una buena ubicación de último momento, o acudir al auxilio de alguna amiga que me contactaba porque su novio o acompañante no asistiría, llamado al que por supuesto respondía feliz y agradecida.   

En lo personal siento que un concierto de Luis Miguel es muy especial porque lo vivo con la emoción a flor de piel. Los nervios se apoderan de mí cuando inevitablemente pienso que puede surgir algún inconveniente de última hora que no me deje asistir, tampoco puedo comer mientras disfruto del evento porque el estómago se me cierra por completo -admiro la gente que sí puede hacerlo-, y tengo sentimientos ambiguos porque soy la más feliz durante el tiempo que me embriago con su presencia, pero al acercarse el momento de la despedida me toca sufrir ante la incertidumbre de nuestro próximo encuentro. 

En el año 2013 asistí acompañada por mi mamá y mi hijo de 2 años, y la gente me observaba detenidamente ante la sorpresa de que llevara a un niño tan pequeño. Pero cuando amplié la mirada hacia el auditorio me llamó poderosamente la atención la presencia de muchos niños más.

Para finales de 2014 se anunció algo impensado, Luis Miguel se iba a presentar en la ciudad para celebrar con nosotros la fiesta de fin de año. Este evento se brindaba al público de manera gratuita porque lo traía el gobierno del estado, y qué mejor momento para empezar el año 2015 que disfrutando a ‘El Sol de México’.

Pero desgraciadamente el destino me tenía reservado lo peor, cuando mi madre se enfermó de una neumonía atípica y fulminante en el mes de diciembre. Así fue como transcurrí en el hospital la última semana del año 2014, y el 31 de diciembre terminó por convertirse en uno de los días más terribles de mi vida teniéndola en terapia intensiva. Apenas unos días después mi mundo cambió rotundamente cuando mi madre falleció, el 3 de enero de 2015, dejándome sola con mi hijo de 4 años. Desde entonces no ha sido fácil ser madre soltera trabajando en tiempo completo,  pero poco a poco las heridas empiezan a sanar y su recuerdo siempre lo llevo conmigo.

A pocas semanas de aquella pérdida irreparable anunciaron que Luis Miguel regresaba a Monterrey y por primera vez dudé, no sabía si anímicamente estaría en condiciones de asistir, o si tendría con quien dejar a mi hijo. Finalmente  me animé a comprar un par de boletos, como siempre conseguí buenos lugares (fila 8, aunque no de frente) pero no eran de primera fila como siempre lo había soñado.

Llegado el día los padrinos de mi hijo se ofrecieron a cuidarlo, así que sin pendiente me fui al concierto acompañada de mi mejor amiga que, aunque para ella no es su favorito, aceptó compartir conmigo este momento tan importante para mí.

Aquel maravilloso 14 de marzo de 2015 asistí más que puntual al Auditorio Citibanamex. Fue muy emocionante llegar al lugar, tomarnos fotos en la entrada y ver los souvenirs oficiales. Déjenme contarles que la magia comenzó desde el preciso instante en que decidimos buscar nuestras ubicaciones. En primera instancia nos asustamos puesto que no veíamos la sección en la que habíamos comprado, y al caminar rápida e intranquilamente hacia el siguiente sector nos topamos con un acomodador que para nuestro asombro nos dijo: “Chicas es su día de suerte, los estamos acomodando en la primera sección”. Nos pidió los tickets y al regresar con otros dos prosiguió: “Las pasamos a fila 2”. Al oír estas palabras casi me desmayo de la emoción, pues todo aconteció tan rápido y milagroso que no me dio tiempo a poder asimilarlo. Aquella espera la transité nerviosa, ansiosa y aún incrédula de lo que estaba viviendo, con el temor de perder dichos lugares ante la mínima posibilidad de que alguien los reclamara. Pero afortunadamente aquello no sucedió, e inició un concierto inolvidable para mí porque por fin podía cumplía mi anhelo de verlo tan cerca.  Con el correr de los minutos no podía dejar de sonreír y plasmar cada instante en fotografías, me sentía tan plena y feliz que había logrado apartar, al menos por el momento, las tribulaciones que embargaban mi vida. 

A mitad del concierto dejé mi ubicación para buscar un mejor lugar hacia el centro de la fila, y allí me encontré con una amable señora cuya complicidad permitió que me quedara a su lado para no ser descubierta por el personal de seguridad.

Mi sueño máximo llegó cuando Luis Miguel interpretó “México en la piel”, puesto que me pude acercar para estrechar muy fuerte su mano, con decirles que su perfume se quedó impregnado en la mía. Pero ese instante fue más profundo porque por un par de segundos pude mirarlo a los ojos, y les juro que ese momento lo llevo grabado en mi mente y corazón para toda la vida. ¿Qué les digo de mi amiga? Ella desde su lugar disfrutaba verme tan feliz y dichosa. 

Aunque no pude inmortalizar en imágenes aquel instante que viví junto a él, quiero compartirles este fragmento que pude grabar.

Cuando llegó la instancia en que Miky regala las famosas rosas blancas lanzó una en mi dirección, pero justo cuando estaba por alcanzarla alguien me empujó muy fuerte y no pude lograrlo. Pero no perdí de vista su trayecto y al ver que aterrizó en el piso me dediqué a buscarla incansablemente hasta que di con ella debajo de un asiento. Creo que está de más decirles que la conservo como un gran tesoro.

Claudia Elizondo, concierto Luis Miguel en Monterrey

Cuando volteé con mi rosa en la mano para enseñársela a mi amiga, ella me hizo señas de que me había llegado del cielo, y sin duda alguna tenía razón porque todo lo extraordinario que viví esa noche no podía haberse dado sin la ayuda de mi mamá, que desde donde está intercedió para que pudiese concretar mi máximo anhelo. 

Saliendo de allí no tardé en compartir esta experiencia en mi espacio personal de Facebook, y obviamente todos opinaban en forma unánime que mi mamá había sido la responsable de esa noche especial para mí. Coincidirán conmigo al confirmar que esto es la magia de Luis Miguel de la que tanto se habla.

En lo personal espero que Miky sea consciente de cuán importante es su música y presencia en la vida de los fans, y aprovecho la ocasión para agradecerle esto y tantos momentos de felicidad.

Un abrazo desde Monterrey, México. 

Claudia Elizondo