El Paso, Texas es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos. Jamás en su historia había vivido una masacre como la sucedida el sábado 3 de agosto de 2019. El escenario: un Waltmart en el área de Cielo Vista Mall, el centro comercial más concurrido, no solo por paseños sino por habitantes de Ciudad Juárez y de Chihuahua capital. Un joven de 21 años, Patrick Wood Crusius, viajó más de nueve horas desde Allen, Texas, al norte de Dallas, para cometer la peor masacre jamás registrada en esta ciudad fronteriza. En todo 2018 El Paso registró 23 homicidios, lo ocurrió el sábado dejó 22 muertos y 24 los heridos en un solo lugar. Un crimen de odio y terrorismo doméstico sin lugar a dudas. Ocho de los muertos eran nacidos en México.


Se maneja la versión de que Patrick tendría algún trastorno mental. La verdad es que eso es imposible: una persona que maneja desde Dallas por horas, con un plan de asesinar a cuantos hispanos se atraviesen, usar protección para sus oídos, usa un arma de alto poder, la recarga nuevamente, mata sin piedad, esto no es más que un terrorista y un racista que se dedicó a escribir un manifiesto en el que no quería que Texas se convierta en un estado demócrata. El asesino en Twitter elogiaba a Donald Trump, apoyaba la construcción del muro. Hay mucho por saber de este joven que apenas cumplió los 21 años, pero que quizá desde adolescente ya tenía en mente imitar a otros asesinos de su edad. Ganar notoriedad a cuesta de la muerte. Obtener la atención que nunca hubiera recibido por sus propios méritos.


Patrick Wood Crusius llegó a El Paso, Texas a hurtar, matar y destruir. Hurtar la paz de una ciudad que convive con su vecino al sur, Ciudad Juárez, de una manera como pocas veces se ve entre dos naciones. Matar a personas inocentes que como cada sábado acuden a esta área para hacer sus compras, muchos cruzan desde temprano los puentes internacionales para aprovechar algunas ofertas de fin de semana. Destruir el mito de que El Paso es una ciudad segura, y es que, sí lo es, tuvo que venir alguien desde el otro lado del estado texano a perturbar el dinamismo con el que aquí se vive. Si el asesino hubiera sido de alguna otra nacionalidad, el discurso se hubiera incrementado, los líderes republicanos estarían apoyando el muro divisorio de Donald Trump. Al ser un joven estadounidense de raza blanca, solo se le cataloga de loco y se atreven a decir que el exceso de video juegos, el internet, la violencia en series de Netflix u otros factores alteran la mente de las personas, los incitan a matar. Muy lejos eso de ser verdad.


Lo de El Paso nunca debió suceder. Patrick tiene todas las características de los autores de otras masacres en Estados Unidos. Desde Columbine en 1999 hasta la más reciente en Texas y otra en Dayton, Ohio. Son jóvenes, compran las armas legalmente, tiene un punto de ataque bien planeado, no tienen piedad de nadie, son solitarios, son de raza blanca, siempre son hombres. Trump no viajó el día de lo sucedido, esa noche estuvo en una boda en uno de sus campos de golf. Si las leyes no cambian, habrá otras masacres. Comprar armas es tan fácil como comprar un café. La retórica de Donald Trump contra los mexicanos inició el día que arrancó su campaña para presidente. Fue él quien dio luz verde para ensañarse contra nuestra comunidad. Trump no mandó a Patrick a asesinar, pero sí le dio argumentos para no querer que hispanos lleguen a este país y que mejor que por una de las fronteras de mayor flujo entre México y Estados Unidos. El Paso se une más que nunca y no dejará que esta persona cambie algo que por años aquí se ha vivido: un lugar de paz entre mexicanos, mexicoamericanos y cualquiera que quiera vivir en esta frontera de Texas. Mi solidaridad con las victímas.

Posdata: El 11 de agosto cumplo ocho años escribiendo en Sexenio. Gracias por la lectura.


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