La universidad pública en México juega un papel fundamental para el desarrollo del mismo, por ello ha evolucionado según las necesidades de la época, tenemos por ejemplo la educación rural con el presidente Lázaro Cárdenas o la educación técnica con Carranza; han existido diferentes tipos de universidades en nuestro país y todas han tenido un gran acierto en común: establecer requisitos de calidad para alcanzar a ser “universitario”.
Sin embargo, en días recientes algunos grupos han adoptado una postura simple y cómoda: culpar a las autoridades gubernamentales o educativas porque jóvenes se queden sin la oportunidad de matricularse, hablando más en particular, me refiero a grupos en Puebla como el denominado Frente Estudiantil Educación para Todos (FEET), quienes exponen varias razones sin fundamento, pero la que exame atañe ahora es la afirmación más popular y más fácil de contradecir con argumentos, “todo el que solicite un lugar en educación superior, debe tenerlo garantizado”.

Hay dos razones fundamentales para rebatir esta afirmación que le gusta a gran parte de la sociedad:
En primer lugar, materialmente no es posible, la población va en aumento y lógicamente la demanda continuará en dicha tendencia, por lo que ante el inevitable paso del tiempo, siempre se van a necesitar más aulas, más profesores, más sillas, más pizarrones, etcétera, así que es sencillo de entender, nunca terminará por ser “suficiente”.

En segundo lugar, cualitativamente, por muy “triste” que pueda leerse, lamento decir que la universidad es un espacio al que deben ingresar sólo aquellos que cuenten con un nivel de conocimiento necesario para desarrollarse correctamente (aún cuando éste será perfeccionado), lo cual implica que será solo una parte de todos los aspirantes, quienes reúnan este requisito. La medida hasta ahora más eficaz y eficiente para determinar a los elegidos es un “examen de admisión”, filtro que es objetivamente necesario; si bajo éste, resulta que no alcanzaste un lugar, entonces no se debe culpar a terceros por propia incompetencia, lo que se debe hacer es redoblar esfuerzos y estudiar mejor para concretar dicho objetivo.
Mucho se ha logrado ya en universidades públicas como la BUAP, que ha ampliado su matrícula enormemente y sin descuidar el aspecto de calidad, como punto de comparación podemos observar que en 2013 la matrícula era de casi 77 mil estudiantes, hoy en día son más de 120 mil; para lograrlo, si bien es cierto se han ampliado el número de aceptados en cada carrera en agosto y también en enero, no menos cierto es la gran decisión de crear campus regionales, logrando así descentralizar el conocimiento y aperturar licenciaturas o ingenierías con base a las necesidades específicas de las regiones en el estado.

Ahora bien, aunque existen esfuerzos como este, es lamentable ver a jóvenes en la capital poblana, que buscan ser aceptados llamando la atención de medios de comunicación o incluso atentando contra su integridad, lo que se debe hacer es, reitero: mejorar las habilidades para lograr pasar el filtro de calidad llamado “examen de admisión”.

Como parte de la comunidad BUAP, me siento con el deber de defender a mi alma máter, fui testigo de varios compañeros en el aula que con mucho esfuerzo lograron un lugar, incluso algunos lo intentaron varias veces en el “examen de admisión”, pero nunca se rindieron; los universitarios que hemos estado tomando clases en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (y me atrevo a afirmar que cualquier universitario del país) sabemos el inmenso valor que tiene pertenecer a una máxima casa de estudios, es un privilegio y esfuerzo que te forja para toda la vida.
Sin duda alguna es preferible forjar universitarios en serio, que valoren el esfuerzo que cuesta ganarse un lugar; a universitarios en serie que crean que ser universitario es un fruto que cae de los árboles todos los días.