Iván Juárez

Hace un par de semanas el Instituto Nacional de Geografía, Estadística e Informática (INEGI) publicó los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) correspondientes al segundo trimestre de este año. Más allá del particular resultado donde 88% de las personas encuestadas en Puebla manifestaron sentirse inseguras, vale la pena observar ciertos datos que nos pueden ayudar a tener una mirada diferente acerca del porqué de esta percepción.

Las calles por las que necesaria y regularmente transitamos resultan ser un espacio inseguro para el 65% de las y los mexicanos. Otro dato importante de esta encuesta es que casi 80% de la población reveló que los baches son el problema más importante que se debe atender en su ciudad. Estas cifras también ubican a las calles como espacios no seguros y generadores de otras dificultades, generando así una percepción negativa del desempeño gubernamental.

¿Qué hay en común aquí? De las 13 problemáticas más mencionadas en esta encuesta que se asocian con la inseguridad, nueve son servicios públicos administrados a nivel municipal, en la mayoría de los casos la primera referencia en cuanto a la autoridad para las y los ciudadanos es el gobierno local.

Y es que acaso una calle sin luminarias, mal pavimentada, con basura, uno que otro auto abandonado y en general con una mala imagen urbana ¿no es un detonante para percibir un ambiente inseguro? Seguramente sí, y es aquí donde se hace evidente que contar con servicios públicos de calidad ayuda a conservar un mejor entorno, generar confianza y mejorar la percepción de seguridad, donde las autoridades son las encargadas de velar porque todas esas obligaciones estén cubiertas en la medida de lo administrativa y presupuestalmente posible.

En el caso de que exista desidia o pérdida temporal de la memoria para atenderlas, tendrían que ser las y los vecinos quienes señalen estas anomalías a través de distintas herramientas y medios, como es el caso del Centro de Integración Ciudadana (CIC Puebla), programa impulsado por el Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia, por ejemplo.

Pero ¿si este abandono es producto del abandono del espacio público? Aquí la responsabilidad no tiene color ni ideología, aquí somos todas y todos.

Una ciudad segura se logra con el tránsito normal de quienes, según Jane Jacobs “… podríamos llamar los propietarios naturales de las calles”: las y los ciudadanos. Esto nos lleva a pensar en comunidades donde cada persona asume un rol frente a otra, que se desenvuelve a partir del reconocimiento del otro y, sobre todo, donde por encima del interés particular apremia el de la colectividad, donde el diálogo y la mediación se encuentren en el centro de la convivencia entre vecinos.

La tarea no es sencilla, pero sí posible. Viene a la mente como buena práctica el esfuerzo que las y los vecinos de la colonia San José Mayorazgo realizan para generar comunidad en su colonia y que, a partir de elementos de identidad urbana como lo es su conocido acueducto, hayan generado un plan completo de recuperación del espacio a partir de que las calles fueran escenario de la convivencia entre vecinas y vecinos, el proyecto ARCOS.

La seguridad pública representa un enorme reto para quienes definen las estrategias de combate al crimen y la delincuencia. Como ciudadanía nos toca llevar más ojos a las calles que nos permitan no solo vigilar y señalar actos que alteren nuestra tranquilidad, sino también caminar para cruzar miradas con aquellas vecinas y vecinos a quienes quizá ya no reconocemos.

Salgamos de nuestros muros y rejas, recuperemos esa seguridad activándonos en el espacio público.
@IvanJuarezJPue, director de Comunicación del @CCSJPuebla