Aquella noche lluviosa en que Manuel Crescencio Rejón dio la vida al amparo como un padre amoroso, soñó con una revolución. Pero ya no más una revolución de fusil y sangre, sino una revolución donde el Derecho fuera el arma y el poder judicial el escudo. Soñó en un país donde el poder y el poderoso tuvieran como límite la firme muralla de la Constitución.
Amparo, la mujer revolucionaria que ha marchado en las calles al lado de los oprimidos, los trabajadores, los campesinos; aquella que hombro a hombro ha levantado la voz en nombre de los jóvenes, los desposeídos, los niños y mujeres que gritan desesperadamente por una justicia no en el más allá, sino en el más acá.
Porque el Juicio de Amparo en el siglo XXI se ha convertido en un instrumento revolucionario, capaz de transformar la realidad desde las instituciones, se ha convertido en la principal herramienta de las manifestaciones y en el remplazo de las armas.
Desde la trinchera del abogado se funden los argumentos que han de decidir el futuro de los derechos fundamentales del país. Mientras que en la oficina del juez y magistrado se funde el futuro del alcance constitucional nacional.
El Amparo con la espada de la razón nos ha dado la libertad de casarnos con personas del mismo sexo por amor o por seguridad jurídica; nos ha dado la posibilidad de divorciarnos, sin más complicaciones, cuando no queremos compartir el mismo camino con alguien más. El Amparo nos ha dado la libertad para consumir marihuana con fines lúdicos, pero respetando el derecho de terceros; además ha frenado los principales ecocidios en Tajamar y Bosque Diamante en protección del más urgente de todos los derechos: el derecho al medio ambiente sano.
El Juicio de Amparo ha permitido a la mujer decidir sobre su cuerpo y ha despertado las alertas de género en contra de los feminicidios, cuando el estado es omiso ante la violencia contra la mujer; incluso ha permitido que los padres decidan cuál de sus apellidos pueda llevar primero su hijo en aras de la igualdad.
Ha protegido a un indigente contra las inclemencias del tiempo y de la sociedad cuando el estado lo ha abandonado en la calle, ha resguardado a los niños autistas contra la discriminación cuando en la escuela quieren hacer diferencias que ellos no comprenden; además el juicio de amparo ahora procede contra escuelas y hospitales privados, contra bancos y todos aquellos particulares que vulneren derechos fundamentales.
En fin, el Juicio de Amparo nos hace recordar que aún hay esperanza en un estado constitucional y democrático, nos hace recordar que debemos ser rebeldes con causas nobles por defender y que el juicio constitucional es un instrumento de rebeldía institucional; nos hace recordar que debemos leer, estudiar y reflexionar para lograr que los derechos sean los vencedores, porque la lucha y la revolución siguen adelante, y nuestro último objetivo es caer y levantarnos “¡Hasta la Victoria siempre!”.