Parece que a los “adversarios” de López Obrador los agarraron por sorpresa en la elección del año pasado y nadie contempló un plan B en caso de que AMLO ganara la presidencia. Su reacción como oposición el último año ha sido desarticulada, de bajo volumen y casi complaciente, por más de que el presidente los señale como los artífices de todo aquello que no le sale bien.

Para mí el único grupo visible que se ha planteado como oposición ante la 4T es el empresariado; y aún ellos carecían de una estrategia, de un vocero, de un rumbo y de la disposición para organizarse verdaderamente para establecer sus peticiones. Su reputación fue cuestionada y sí quedaron un poco raspados tras los ataques del presidente. Parece que poco a poco se han ido articulando y están aprendiendo a jugar con las nuevas reglas.

Otro grupo que podría considerarse como un subgrupo del empresariado que también ha dado la cara como una oposición feroz son los medios de comunicación y la sociedad civil. Particularmente la prensa escrita y de opinión ha cuestionado cada decisión; la prensa de investigación (muchas veces de la mano de grupos de la sociedad civil) ha brindado datos que desmienten los dichos del ejecutivo; y su incidencia (de acuerdo con algunas teorías) ha representado casi 20 puntos de pérdida de aprobación presidencial. Pero carecen de operación política en tierra.

La guerra en redes sociales ha sido sangrienta, dolorosa y sumamente agresiva y ahí toda la objetividad se convierte en pasión ciega (casi futbolera) y cual hinchas los mensajes se deforman en descalificaciones infantiles en donde “espejito espejito todo lo que digas será al revés”; “yo un puntito más que tú”; y trompetillas y sacadas de lengua parecen creer que resuelven las diferencias. Ahí digamos que la cosa está empatada.

El PRI es increíble lo desperdigado que está y la división interna que existe. Incapaces de defender lo bueno que hicieron, incapaces de generar una verdadera autocrítica y actuar en consecuencia, su proceso de elección interna es una muestra más de que todo lo que se dice de ellos es verdad. Su reputación está por los suelos y sus acciones son casi invisibles. Perdón, pero pocos saben quién es “Alito” y sus súper poderes que supuestamente le reinstalarán la gloria al partido.

El PAN no se queda atrás. Con débiles liderazgos, fugas de personajes emblemáticos, también es increíble que el partido que se identificaba con la ciudadanía la haya perdido. Se alejó de las causas ciudadanas, de la honestidad y las manos limpias que profesaban, y aunque estén llenos de buenas intenciones no parecen entregarle al electorado los resultados que esperan. Con la sombra del gobierno de Calderón y la rencilla personal que sostiene con el presidente, cada día su reputación se va quedando en el olvido.

La CONAGO o los gobernadores podrían ser otro flanco de contrapeso y oposición presidencial. Sí han existido cuestionamientos, mismos que no duran más que un día como nota relevante. Me parece que el gobernador de Jalisco ha sido el más visible opositor y creo que por el bien de su propio juego político le ha bajado a su protagonismo. Pero falta que permeen a nivel nacional las historias de éxito de los gobiernos locales de otros partidos; faltan líderes locales que inspiren a nivel nacional; faltan tantas cosas…
La verdadera oposición política es parte esencial en cualquier democracia. Garantiza los pesos y contrapesos del gobierno. Debe ser vigilante no sólo del uso de los recursos; sino salvaguardar la constitución y las leyes. No solo puede fallar el presidente, también la oposición.