Luis Miguel sigue demostrando por qué es el número uno indiscutido, ofreciendo conciertos sold out en EEUU a puro derroche de talento, seducción y simpatía. Particularmente siento que está atravesando un gran momento tanto en lo personal como profesional, y sin dudas eso puede apreciarse en el brillo especial de su mirada, no en vano dicen que los ojos son la ventana del alma. Soy especialmente feliz al verlo tan dichoso y radiante, pues he ahí la recompensa al bien que nos hace.

He notado que últimamente se anima a bailar mucho más en el escenario y eso me encanta, como también que nos regale una fiesta de color, guapura y sensualidad a la hora de llevar esas camisas informales que le sientan tan bien. Es divertido que despierte en los fans la curiosidad acerca del tono que elegirá cada noche de concierto, los que expectantes siguen las transmisiones para confirmar si han acertado su predicción.

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Dentro del marco de estos conciertos Luis Miguel finalizó su presentación en Miami y al salir, al encontrarse con una importante cantidad de público que aguardaba, decidió detenerse para saludar. Pero en esta ocasión no lo hizo desde su camioneta sino que tuvo el valorable gesto de acercarse a las vallas para hacer contacto físico con muchísimos de ellos. Aquí quisiera hacer un paréntesis para destacar el gran detalle de tomarse un tiempo para prescindir de los guantes, actitud que demuestra una vez más su autenticidad, puesto que a pesar que los lleva para proteger su salud optó por un verdadero contacto con los fans.

También deseo compartir con ustedes un momento con el que sueña todo fan y tiene que ver con el tierno beso que recibió Paola Jaume, instante que fue eternizado en un video que grabó muy atentamente su pareja. Gracias Luis Miguel por estos regalos directos al corazón.

Y ahora sí, desde la actualidad los llevo de nuevo al pasado para continuar contándoles todo lo que viví con la visita de Miky a mi querida Argentina.

La mañana siguiente al día del concierto en mi ciudad amanecí con un cansancio físico extremo pero, aunque el cuerpo me pasaba factura por exigirlo al máximo la jornada anterior, mi cerebro no daba tregua a la hora de impartir órdenes para continuar con el itinerario de esta maravillosa aventura. Luego de almorzar salí rumbo a mi trabajo para cumplir responsablemente con mis obligaciones, y a las pocas horas ya estaba embarcando junto a mi hermana Carolina, Ana y Lizbeth con destino a Buenos Aires. Esa noche llegamos alrededor de las 21:30 pm, y luego de abandonar la aeronave de inmediato nos dirigimos hacia la casa de Anita para dejar nuestro equipaje. No había tiempo que perder si queríamos poner en marcha un plan cuya única misión consistía en coincidir con Luis Miguel en alguno de sus restaurantes favoritos. Si bien estábamos cansadas y con un apetito feroz, no podíamos darnos el lujo de satisfacer esas necesidades porque íbamos a llegar tarde.

Es de público conocimiento que a Luis Miguel le fascina Buenos Aires, pues no solo disfruta de la belleza de esta ciudad cosmopolita sino también de su variada gastronomía, especialmente aquellos platillos con cortes de carne propios del país, y por supuesto de nuestros excelentes vinos. Visita tras visita nos hemos dado cuenta que frecuenta prácticamente los mismos lugares, pero había muchos factores a contemplar puesto que no sabíamos efectivamente si había salido del hotel, y mucho menos el sitio que elegiría en caso de cenar afuera. Pero había que optar por uno ellos y probar suerte, así que nos dirigimos hacia allá con la mente en positivo. Al llegar nos detuvimos en la entrada y nos llamó la atención que había más seguridad de lo normal, percatándonos que había dos de ellos vestidos de negro (atuendo que caracteriza al personal que trabaja para Luis Miguel). De inmediato se acercó uno para explicarnos que no podíamos detenernos allí porque estaban a punto de salir dos vehículos del estacionamiento subterráneo. Lentamente, con todos nuestros sentidos apostados en ese ingreso, emprendimos la retirada en busca de estacionamiento. Cabe destacar que el lugar está situado a la vera del Río de la Plata en el lujoso barrio Puerto Madero, y que se nos hizo difícil transitar con paso acelerado debido a obras en la vía pública. Al cabo de unos 10 minutos caminábamos hacia el lugar deseando que por fin los planetas se alinearan a nuestro favor, pero al llegar no divisamos a los guardias de seguridad que habían captado nuestra atención minutos antes, lo sin dudas no era buena señal. De todas maneras iniciamos guardia por si acaso, por supuesto que a escasos metros para no levantar sospechas, y ¿qué creen? No habían pasado ni 5 minutos cuando vimos que una camioneta, de la marca que suele trasladar a Luis Miguel en el país, encaró hacia la puerta del lugar. Antes de pensarlo mis piernas me estaban llevando a toda velocidad directo a ella, puesto que si alguien descendía o ascendía lo haría en escasos segundos y no había tiempo que perder. Al llegar solo vimos al chofer, ya que el polarizado y las cortinas dificultaban la visión en la parte trasera del vehículo. Hasta el momento solo eran suposiciones porque a ciencia cierta no sabíamos si aquel transporte formaba parte de la comitiva de ‘El Rey’, y en caso de serlo si él estaba en su interior o todavía en el restaurante. Mientras nos hacíamos todas estas preguntas, y en lo personal me moría de vergüenza por exponer a Luis Miguel a vivir esta situación cuando defiendo a capa y espada su privacidad (a veces uno debe hacer una excepción con tal de satisfacer una necesidad primaria al corazón), la puerta se abrió para dejar pasar a su guardaespaldas personal. En ese instante mi frecuencia cardíaca aumentó notablemente porque les juro que asumí que venía abriendo paso al mismísimo Luis Miguel. Pero lamentablemente confirmé que mi teoría era errónea cuando subió a la camioneta y se marchó. Había que descifrar lo acontecido y la conjetura que nos motivó a renovar la esperanza fue la siguiente: había ido a supervisar que todo estuviese acorde a las preferencias de su jefe. Nos quedamos firmes en el lugar y con muchas ilusiones, pero estas se esfumaron rápidamente cuando una empleada del restaurante, que había terminado su jornada de trabajo, nos dijo que no perdiéramos tiempo porque ya se había retirado. Minutos después, aún estando allí, constatamos aquella historia con un video que se viralizó de inmediato en las redes sociales, en la que pudimos verlo dejando este restaurante junto a su novia. No pudimos creer haber estado tan cerca de lograrlo y que el destino nos hubiese ganado la partida una vez más. No nos quedó más remedio que emprender el retorno al que sería nuestro hogar por aquellos días, y olvidar nuestra pena brindándole al cuerpo esa sensación única y placentera que sientes al degustar la mejor pizza del planeta. Con la panza llena y el corazón contento buscamos descansar, puesto que al otro día teníamos planeado almorzar con algunas fans de Argentina y Brasil.

Luego de un sueño reparador y un rico desayuno salimos rumbo al microcentro porteño para encontrarnos con Inés, Lorena, Claudia y Patricia (anfitrionas de esta hermosa ciudad) y Solange de Sao Pablo, Brasil. La plática giró en torno al querido Luis Miguel, nosotras compartimos la experiencia de lo vivido en Córdoba y las chicas nos transmitieron su ansiedad e ilusión por la oportunidad de disfrutarlo al otro día. Debo confesar que por momentos me abstraía de la conversación para ingresar a la página de venta de tickets porque, cabe recordar, no teníamos nuestro pase para ninguno de los dos conciertos en Buenos Aires. Aunque la esperanza estaba latente, pues sabemos que a veces se liberan ubicaciones sobre la hora del concierto, empezaba a atormentarme la preocupación ante la posibilidad de no conseguirlas.

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En la tarde nos encontramos con Anita y trasladamos la plática a un pintoresco bar del emblemático barrio Recoleta, mientras hacíamos tiempo para partir hacia el aeropuerto en busca de sumar a la otra integrante de esta nueva aventura. Luego de pasar por Viviana emprendimos un recorrido por los sitios que frecuenta Luis Miguel, y luego de montar guardia en uno de ellos supimos que había estado en Palermo, otro popular barrio porteño que alberga muchos restaurantes y bares. Nuevamente nos regresamos sin concretar nuestro objetivo, pero aún faltaban algunos días por delante.

La mañana del viernes 1 de marzo desperté angustiada, había llegado el día del primer concierto y no había miras de conseguir nuestro pasaporte al paraíso. Jamás había vivido algo similar en mi país, estaba aterrada de experimentar el sentimiento de tener a Luis Miguel presentándose en la misma ciudad sin ser parte de aquel espectáculo. El sueño de verlo en Buenos Aires podía transformarse en una verdadera pesadilla pero estaba dispuesta a luchar hasta el último minuto. Durante todo el día estuvimos ingresando a la página oficial de venta de tickets sin éxito, pero aún conservábamos la ilusión de poder encontrar algo interesante en la taquilla minutos antes del evento. Nos preparamos para la ocasión como si realmente fuésemos a verlo, y aunque estas aventuras las vivimos siempre como una fiesta por la sola oportunidad de compartirlas juntas, el fulgor de nuestra mirada podía verse opacado por el agobio de una inminente realidad imposible de revertir.

Salimos con destino al Campo Argentino de Polo, estadio en el que Luis Miguel convocó a más de 40.000 personas cada noche de concierto, portando mi ‘Diario de una Fan’ con la recopilación de las columnas por si surgía posibilidad de entregarlo. Antes de pasar por la boletería fuimos a saludar a un queridísimo amigo en las inmediaciones del estadio, y para mi sorpresa me topé con Paula Peralta, una de las coristas. Luego de conversar un ratito con ella contándole acerca de esta pasión por escribir, el gran significado y trabajo que conllevó mi ‘Diario de una Fan’ Edición 7, me tomé el atrevimiento de preguntarle si podría colaborar en hacerle llegar el material a la novia de Luis Miguel para que sea ella quien se lo entregara en mano, pedido al que accedió comprometiéndose muy seriamente. Al verla ingresar al estadio con el libro respiré hondo con la satisfacción de cumplir con la palabra de hacer­ llegar a ‘El Sol’ las historias de los fans participantes de aquel compilado.

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Luego corrimos hacia la taquilla con el último hilo de esperanza pero al llegar comenzó la agonía. Preguntábamos cada 5 minutos si se había liberado alguna ubicación aceptable, entiéndase por aceptable aquella que no nos obligara a verlo a través de la pantalla grande, pero la respuesta siempre fue negativa. Fue devastador escuchar el sonido de los acordes de la Intro del concierto afuera del recinto, no había más tiempo de esperar por un milagro y mi corazón se negaba a aceptarlo. La tristeza se apoderó de mí pero no tardó en llegar el consuelo, Dios intervino porque sabe de este sentimiento genuino que me une a Luis Miguel.

Continuará…