Vivimos en la época en la que creemos estar más cerca de nuestras deidades

Uno de los terrenos que nos permite disfrutar el rendirle culto a nuestros dioses se encuentra en el deporte como entretenimiento, específicamente el fútbol.

El fútbol ha encontrado en dos figuras el esplendor mundial, esas figuras que sentimos son como nosotros y que se encuentran en el mismo camino, soñamos con que un día no muy lejano las alcancemos y disfrutemos de su magia, de su sabiduría por las canchas, claro porque se encuentran en el mismo camino en el que transitamos.

Lionel Messi y Cristiano Ronaldo nos han cautivado, han tomado su lugar en el Olimpo y han coqueteado con la eternidad, nadie los olvidará, vivirán en la memoria colectiva y cuando llegue el momento de su retiro la admiración por lo que hacían será motivo de nostalgia, son dos seres paralelos que viven en el mismo universo, pocas veces se llegan a encontrar pero soñamos con verlos jugar el uno contra el otro, no importa con qué camiseta pero es el anhelo de todos, eso nos han dicho sus promotores, nos lo repiten hasta el cansancio.

Esos dos seres brillan como faros para guiar nuestro andar y cada jornada nos deleitamos viéndolos hacer milagros con sus piernas, no hay nada como sentirlos cerca, ya no son ellos, ya son parte de nosotros, la parte del credo por la fantasía. Cada uno desde su régimen de poder, desde su fortaleza, motivándonos a ser mejores espectadores cada día.

Basta un pequeño gesto para que el mundo se rinda a sus pies, un pequeño guiño (literal) y su bondad se propaga por sus fieles seguidores, nosotros. Su trabajo no es fácil hacer de su oficio arte y de sus acciones religión, para enseñarnos que tienen emociones, que también son seres humanos.

Aunque pertenecen a un mundo ajeno al nuestro sólo queda tocarlos con la bondad de la red mundial. En estos tiempos se nos ha otorgado el privilegio de amar a nuestros ídolos desde cualquier lugar, con un pequeño dispositivo logramos por un momento tocar nuestra estrella y transmitirle el colmo de emociones que generan.

Conscientes que en masa sólo llevemos un nombre destinado al anonimato, nos une la idea de ser escuchados, que con una simple sonrisa nos hará sentir como niños esperando el mejor de los regalos.

Hace tiempo, cuando nuestros ancestros amaban a sus dioses, el acceso era restringido, el único consuelo eran los medios de comunicación, ellos se encargaban de darle forma a nuestras creencias y a nuestras convicciones. Hoy creemos que no es así, que nos valemos por nosotros mismos y creamos nuestros propios medios que determinan nuestras añoranzas. Nuestros aliados: las marcas, la publicidad y las redes sociales.

Ignoramos que seguimos siendo influenciados por los mismos intermediarios que los de nuestros ancestros, nada más que ahora estos se han diversificado.

Siempre que existan estos dioses habrá esperanza y optimismo para los seres humanos, hoy esas deidades se encuentran en la cancha de los sueños, en el nirvana de la idolatría y no hay quien les quite su lugar, eso dioses tangibles y reales son nuestros anhelos, nuestra alegría, pasajera, pero al fin alegría.