Desde 2015, muchas voces comenzaron a pedir la activación de la Alerta de Género porque se venían registrado una serie de asesinatos en contra de las mujeres, principalmente universitarias.

La gota que derramó el vaso fue la muerte de Paulina Camargo, quien fue asesinada por su novio al no querer asumir la responsabilidad de su embarazo; la historia todos la conocemos. 

Desde aquel entonces he preguntado: 

¿Ustedes creen que la activación de una alerta de género impedirá que mujeres sigan muriendo a manos de sus parejas?

Este miércoles se dio a conocer, después de tantos reclamos, que la Secretaría de Gobernación federal, decidió activar la Alerta de Género en 50 municipios del estado de Puebla, entre ellos Teziutlán, San Andrés y San Pedro Cholula, Huejotzingo, Zacatlán, Atlixco y Puebla.

En septiembre de 2015 escribí las siguientes líneas que hoy toman mayor fuerza, pues lo que necesitamos en Puebla más que nunca es la activación de una alerta de valores: 

Lo dijo muy bien el rector de la UDLAP, Luis Ernesto Derbez Bautista, lo que realmente se requiere no es lanzar una alerta de género ante la desaparición de varias mujeres, sino un llamado enérgico a reforzar los valores.

No falta el que diga que lo sucedido en el caso de Paulina Camargo Limón es culpa del Presidente de México, del gobernador o del alcalde de Puebla.

En verdad no es así. 

El actuar de los jóvenes es responsabilidad de sus padres, pues son ellos quienes los educaron y quienes, en teoría, les deberían inculcar los valores que los hacen crecer como buenos seres humanos.

Pero tal parece que estos valores se están extinguiendo conforme avanzan los años; las nuevas generaciones están perdiendo el amor a la vida.

La culpa no es de los representantes populares, menos de los candidatos o de otros actores políticos o funcionarios públicos; tan poco de Miguel “El Piojo” Herrera.

No, es claro que no.

Desde casa nuestros hijos deben aprender esos valores que se están difuminando: amor, agradecimiento, amistad, respeto, bondad, honestidad, generosidad, humildad, lealtad, responsabilidad, solidaridad, tolerancia, entre otros más. 

Ya no vemos, por ejemplo, en los camiones de pasajeros jóvenes que cedan su lugar a las mujeres o a las personas de la tercera edad; tampoco los escuchamos decir por favor y gracias. 

Algo pasa en esta sociedad donde la autoridad debe sumarse a emprender acciones que ayuden a vigorizar el tejido social, pues cuántos casos no hemos escuchado como el de Paulina Camargo.

Algo pasa en esta sociedad donde los padres de familia deben ser los primeros en inculcar estos valores, una terea nada complicada pero que debe ser toda una constante.