Jajaja, fue la primera onomatopeya que vino a mi mente cuando terminó el partido entre mi amada Juventus de Turín y el Atlético de Madrid, perteneciente a los octavos de final de la UEFA Champions League, burla que con mucho orgullo quería restregársela en la nariz de mi amigo Alberto luego de que la Juventus le dio la vuelta en el marcador al equipo español, amor del ya nombrado amigo.  

Con tres goles de un tal Cristiano Ronaldo la Juventus se sobrepuso a un equipo que siempre se muere en la raya. Bueno no me quedé con las ganas, la verdad sí me burlé por whatsapp, ya que no nos vemos muy seguido.  

Mofa, según yo, justificada porque el día del sorteo para definir los duelos de la segunda fase de la Champions le mandé la imagen alusiva a que se enfrentarían Colchoneros y Bianconeris, a lo cual me respondió con un “Vamos a eliminar a Cristiano Ronaldo siuuu” yo dije “Quiero ver”  

Para no hacer más largo este cuento y menor su dolor (ardor) de Alberto, respondió lo siguiente: 

Se reconoce el triunfo, aunque yo nunca celebraría los goles de ese Cristiano, si previamente nos hubiera ganado una final de Champions. 

Respondí: No celebro los goles del Cristiano, celebro el triunfo de mi Juve. 

Agregó: Entonces no entres a Twitter porque parece que CR7 jugó solo. 

Dije: siempre he creído que ningún jugador está por encima del trabajo en equipo, no soy Cristiano believer pero reconozco que sí hace diferencia y sobre no celebrar los goles de un jugador que estuvo con el equipo otrora verdugo, pues es como esa payasada de que los jugadores no deben celebrar si le meten gol a su ex equipo, en el presente se deben al equipo donde ahora juegan. 

Concluyó que no iba a cambiar su forma de pensar y yo rematé con que no quería cambiar su forma de pensar sino poner en juicio su argumento. 

Ya calmados los ánimos me dijo mi amigo Alberto que quizá lo ve desde una perspectiva cegada por la nostalgia y el romanticismo de un aficionado, perspectiva que ya no cabe en este deporte. 

Porque de ser así, nadie celebraría los goles de casi nadie, porque en esta era de la meritocracia, si consigues los objetivos, todo es olvidable y pasajero. Perspectiva cegada también por el dolor de la derrota, claro está. 

Le dije que es un deporte mercenario, pero no lo seguimos por eso.  

A lo que agregó que yo lo veo desde un punto meramente profesional en dónde te debes a tu trabajo, sin embargo en el territorio del aficionado cabe el romanticismo más que la visión del deber. 

Por último le dije que la Juventus es la mejor y si no le parecía nos veíamos en un algún restaurante chipileño para agarrarnos a sartenazos.