Jesús Rodolfo Santander, doctorado en filosofía por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), representa lo más granado de la cultura poblana en toda la extensión de la palabra, una labor docente en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla a lo largo de treinta y ocho años es testimonio de este hecho (1981-2019). Su recorrido docente dentro de nuestra máxima casa de estudios pasa desde la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, el Seminario de Estudios Filosóficos y, finalmente, la Facultad de Filosofía y Letras, donde impulsó la creación de una de las publicaciones académicas más prestigiosas de nuestro país, y en general para las humanidades en lengua española: La lámpara de Diógenes. Ya sea como profesor, conferencista, editor otraductor, Rodolfo Santander es una de las mentes más agudas de nuestro país.

Su formación comienza en la Universidad de Cuyo, en su natal Argentina. El contexto de sus primeros estudios está dominado por las grandes temáticas de la tradición continental, pero también de una serie de pensadores de lengua hispana encabezados por José Ortega y Gasset, de quien, pasados los años, se seguirá expresando elogiosamente. Así pues, Santander se forma con un espíritu universal, su convicción no desdeña ningún pensamiento por razón de origen, raza o latitud geográfica de origen. A pesar de todo, la atribulada historia política de la Argentina impactó de lleno a nuestro filósofo y el trauma que significó la dictadura de Videla le orilló a abandonar su país buscando refugio en Bélgica, donde la Universidad Católica de Lovaina le acogió en momentos de dificultad, convirtiéndose de tal forma en un enclave institucional adecuado para la culminación de su trabajo doctoral.

El pensamiento y la voluntad de nuestro autor supieron sobreponerse a un acontecimiento de tal magnitud. De acuerdo con su testimonio, una vez que hubo experimentado la filosofía europea in situ, se estableció en Puebla donde habría encontrado las condiciones paraentregarse a la labor docente.

Cabe señalar que el panorama de los estudios filosóficos en la BUAP para ese momento, es decir la década de los 80’s, era bien distinto al actual. Ante un marxismo imperante —casi dogmático— Santander libró una auténtica batalla por el reconocimiento de otras líneas de investigación. Este pasaje va más allá de lo anecdótico y constituye uno de los momentos fundamentales de la historia del Colegio de Filosofía de la que entonces era la Universidad Autónoma de Puebla. En ese contexto, el enquiste institucional le exigió nuevamente, y su labor docente expresó, en todo momento, un posicionamiento fundamental acerca de lo que significa filosofar. Para ese entonces uno de los rasgos que le caracterizan, y que dan forma a su pensamiento, ya estaba bien consolidado: el compromiso. Ciertamente una vocación por el compromiso ypor la coherencia entre el pensamiento y el hacer, son una combinación que suele resultar incómoda y, por ende, perseguida.

Más allá de los dogmas y límites impuestos por un pensamiento dócil y disciplinado por los furores de una interpretación extrema del marxismo, Santander pugnó en favor de la enseñanza de la metafísica, la hermenéutica y la ontología, en un contexto de rechazo frontal a estas líneas de investigación. Paradójicamente, y con el paso de los años, su pugna siguió vigente, y prevenido de la violencia que implica el dogmatismo, su labor intelectual no ha dejado de estar a la vanguardia. Ahora mismo, su actividad intelectualno se limita a la fenomenología dominante en el Colegio de Filosofía de la BUAP; por el contrario, otras temáticas urgentes para una mente libre aparecen con frecuencia dentro de sus preocupaciones, por ejemplo: la ecología, la política e, incluso, las condiciones laborales actuales. No sólo eso, pues otro tipo de formatos, como el cómic y la historieta, han sido explorados por nuestro filósofo en un giro que lo posiciona años luz en términos de innovación respecto de las prácticas y las formas académicas tradicionales. Todo con la finalidad de ir más allá de los moldes tradicionales de la Academia, y proyectarse en unareflexión de índole planetaria que no esté reservada para unos cuantos.

Dentro de su cátedra la seriedad y el rigor en la lectura son, seguramente, los rasgos más distintivos; aunque también hay que señalarlo, la pasión, el coraje y la innovación están presentes, no podría ser de otra manera, pues, como él lo ha señalado en repetidas ocasiones: lo más importante es mantener abierto el diálogo. Estos son algunos de los rasgos más característicos de su personalidad: una erudición devastadora, la habilidad crítica que los años de incansable trabajo desarrollan, una inteligencia desbordante, el gusto por los libros, la tenacidad y el método; pero sobre todo, su apertura y tolerancia hacen que, en su caso, pueda cumplirse la sentencia de Terencio: nada humano me es ajeno.