La visita del Presidente López Obrador cimbró los cuartos de guerra de los precandidatos de Morena. 

El regaño pudo haber sido para cualquiera de los tres que buscan ser la o el candidato al gobierno de Puebla. 

Si bien la operación del presidente se puede dar visitando o no al Estado, en su mensaje deja abierta la posibilidad de que las elecciones extraordinarias sean un laboratorio de la democracia que tanto ha pregonado; quiere decir, que estas fluyan por el cause de la legalidad y la imparcialidad. 

Anunció desde el Centro Expositor y frente a 15 mil asistentes que no meterá las manos en el proceso y que no apoyara ni a partido ni a candidato. 

Más aún, pidió que nadie se atreva a usar su nombre para decir que tiene su apoyo. 

Y es que tanto Luis Miguel Barbosa y Alejandro Armenta, han intentado crear la percepción de que su llegada a Morena -proviniendo uno del PRD y otro del PRI-, fue por su cercanía con López Obrador y que de ahí mantienen una relación casi familiar, lo cual no es cierto en ninguno de los casos. 

El entonces precandidato difícilmente les habría pedido que se sumarán bajo alguno compromiso específico, dado que su fuerza iba más allá de la estructura que pudieran haber ofrecido los dos poblanos. 

Cuando Barbosa Huerta decide sumarse al proyecto de Morena, era Senador de la República, mientras que Armenta era Diputado Federal. 

Si bien es cierto que tras los hechos del 24 de diciembre, el Presidente López Obrador en un inicio decidió apoyar al ex perredista, por diversos motivos, hoy el mandatario de la nación ha decidido hacerse a un lado y esperar que la dirigencia nacional de Morena tomé la mejor decisión sobre quien será su abanderado para pelear por Casa Puebla. 

El “regaño” de AMLO desde el Centro Expositor fue para todos y para nadie, aunque quien lo ha sabido capitalizar mejor ha sido el equipo de Alejandro Armenta por varias razones. 

La primera por la presencia obligada de Claudia Rivera Vivanco al ser la alcaldesa de Puebla y después por la presencia, también obligada, de Jesús Encinas, operador de Armenta Mier.

El contacto que estos dos personajes pudieron haber tenido con el Presidente, pudo haber sido importante, aunque no necesariamente efectivo. 

Sin embargo, cuando uso la frase: “no es el quítate tú porque quiero yo, ya no queremos al político fantoche, ambicioso, corrupto que tanto daño le ha hecho a Puebla y a México”, bien pudo haber sido un mensaje más direccionado para el Senador con licencia. 

La señal de AMLO es que no hubo señal.

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1.- Guillermo Pacheco Pulido recibió el reconocimiento de López Obrador, lo cual no es un tema menor dado que el mandatario pocas veces usa la adulación para un gobernador y menos para uno que no es de su grupo político.

Reconoció su liderazgo y su capacidad de conciliación. 

2.- Jesús Encinas intentó hacer creer que Pacheco Pulido fue duramente abucheado, lo cual no fue cierto, porque entonces, el Presidente López Obrador habría mentido cuando reconoció también que el mandatario estatal fue más aplaudido que muchos otros. 

3.- Hablando de Jesús Encinas, que alguno de sus asesores le haga saber que el código de etiqueta política indica que si la máxima autoridad en un presidium no lleva corbata, todos deben retirársela. 

Así, el hoy senador evitará hacer otra vez el ridículo.

4.- El saludo de la alcaldesa Claudia Rivera fue forzado. Quienes estuvimos en el recinto y a pocos metros de distancia, logramos distinguir que fue ella quien retuvo por unos momentos al mandatario, para lograr la foto. No significa que AMLO se haya visto obligado, pero eso no significa que hayan conversado y mucho menos que él le haya avalado su forma de gobierno. 

Si algo ha comenzado a demostrar el jefe del Ejecutivo es ser en algunas ocasiones prudente, más no inocente.

@AlbertoRuedaE