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Sigue las normas, no llegues tarde, no salgas sola, usa determinada ropa, no hables demasiado, atiende a tu familia, sé buena madre, sé buena hija, sé buena esposa, aprende a cocinar, si no tienes hijos ¿cómo vas a sentirte realizada?... Esto y más son cientos de frases que poco a poco se incrustaron en infinidad de mujeres, nos educaron para ser buenas, porque aún en esta época pareciera que el problema seguimos siendo nosotras.

No creo que esta educación haya sido intencional, quizás repetimos estos patrones sin darnos cuenta, simplemente pensando en nuestra seguridad, nuestros padres y nuestros amigos no han conocido otra forma de decirnos ¡Cuídate!, porque aunque añoramos igualdad y respeto, la realidad es que aún estamos en una construcción de este anhelo que requiere de esfuerzos más grandes.

Yo misma he sido partícipe de decir no salgas sola, he sugerido a amigas cambiar su vestuario por miedo a que alguien las ofenda, aunque siendo realistas hoy en día cualquiera puede ser una víctima, sin importar su ropa, la edad o el lugar en el que se encuentre. Todos hemos sido cómplices de las etiquetas que portan muchas mujeres, hemos callado infinidad de veces porque en ocasiones intervenir da miedo, porque en más de un suceso las mismas mujeres no sabemos decir basta y confundimos la violencia y manipulación con un cariño distorsionado.

Mientras veo una serie llamada “Chicas buenas” me impacta como pueden lograr actos criminales gracias a los estereotipos en los que sus maridos y la misma sociedad las subestima como simples buenas mujeres, amas de casa, débiles que son incapaces de ir más allá. En la misma serie una de las protagonistas habla de los cuentos de hadas con los que muchas crecimos, añorando una vida de hogar donde la moraleja siempre es si eres buena, te irá bien en la vida y tendrás un final feliz.

Lo cierto es que por ser buenas nos secuestran, nos matan y es difícil defenderse de una situación así, porque en medio de la inseguridad si gritas pidiendo ayuda y el secuestrador finge ser tu pareja pareciera que tiene cierto derecho sobre ti, en los buscadores la palabra mujer va siempre acompañada de atributos sexuales, mientras que la palabra hombre va cargada de heroísmo, lo anterior no es culpa de los buscadores, es un reflejo de nuestra sociedad, de la ideología del entorno contra la que debemos hacer mucho más.

Ya tenemos generaciones infinitas de personas que crecieron siendo menos por su género, pero también en medio de cada una de esas generaciones alguien se atrevió a romper los moldes a desafiar todo tipo de ideas y decir ¡Yo sí puedo!, esas historias son las que debemos replicar y compartir a las nuevas generaciones. Entendamos que la igualdad de género va más allá de pagar una cuenta o dividir tareas en el hogar, la igualdad género implica reconocernos sin distinción como seres humanos, impulsarnos mutuamente en cada meta.

Tener que decir #NiUnaMenos, no debería ser una campaña, sino una obligación, el uso del sentido común de ayudar a alguien que se siente en peligro, sin importar si es hombre o mujer, debemos comenzar a ser más empáticos y activos, dejar de permitir que todo ocurra delante de nuestras narices. En esta era en la que todo se sabe y todo es presenciado al menos por alguien, si no hacemos nada ante todo lo que observamos nos volvemos cómplices.