Las condenas y acciones para combatir la violencia política contra las mujeres que ganaron las presidencias de varios municipios en Oaxaca han continuado desde que conocimos la “renuncia” de la presidenta municipal de Santiago Tamazola, y los intentos de sustituir mujeres con hombres en estos cargos han ido en aumento.

La Cámara de Diputados y Diputadas del Congreso de la Unión fue escenario de una de las protestas de mujeres en contra de la simulación de la paridad, que hemos conocido en otras Entidades Federativas y que ahora sucede en Oaxaca, en donde se presentó un punto de acuerdo en la sesión de la Comisión Permanente para que las autoridades garanticen los derechos políticos de las mujeres en todo el país.

De las 52 presidencias municipales que ganaron las mujeres en las urnas en el estado de Oaxaca, en 4 casos las mujeres que obtuvieron el triunfo el día de la elección no ejercerán el cargo para el que las y los habitantes de esos municipios las eligieron, y mujeres de otros tres municipios están siendo amenazadas para obligarlas a renunciar a estos espacios públicos. Las mujeres son usadas para cumplir con el requisito de acceso y después son forzadas a renunciar para que un hombre asuma el cargo.

La solución para cerrar el paso a esta forma de violentar el principio de paridad está en que una mujer que renuncie a un cargo para el que fue electa, sea sustituida siempre y en todos por casos por otra mujer. Las formas inagotables con las que los partidos políticos pretenden violentar el principio de paridad deben ser conjuradas con respuestas contundentes para evitar que un espacio obtenido por una mujer sea ocupado por un hombre.

Los partidos políticos deben responsabilizarse de cumplir con el principio de paridad y sancionar la conducta de sus precandidatos o militantes que utilicen a las mujeres para el registro y después violenten sus derechos políticos pretendiendo ellos ocupar esos espacios.

Mujeres en todos los estados han estado atentas a lasdiversas formas con las que se ha intentado violentar los derechos de las mujeres en los espacios públicos. Gracias a ellas, a que levantan la voz y a que denuncian públicamente estos actos, ha podido impedirse que muchas mujeres violentadas dejen de ocupar los cargos que ganaron democráticamente en las urnas.

Las mujeres que contendieron y ganaron un espacio público deben saber que no están solas, que mujeres en todo el país están defendiendo sus derechos, que no deben sentirse amenazadas ni obligadas a renunciar a su cargo. Las autoridades electorales están haciendo su parte para impedir que acciones violatorias del principio de paridad se consumen y el Congreso de la Unión, el primero con paridad de género, ha defendido a las mujeres que ocupan espacios públicos en todo el país. La lucha por estos espacios continuará, pero las mujeres no estamos dispuestas a perder ni uno sólo de los espacios públicos que corresponden a las mujeres en todo en país.