Aunque ya pasó Santa Claus, el niñito Dios, y los Reyes Magos, si les pudiéramos pedir al gobernador interino perfecto para Puebla ¿cómo sería? En mi opinión, todas las características que se buscan en él o ella están definidas por el papel que debe jugar en las próximas elecciones a gobernador.

Lo primero que se tiene que entender es que el interino estará a cargo de administrar los recursos de aquí a que haya un nuevo gobernador electo. Este es el tema más sensible para todos los actores: partidos políticos, gobierno federal, candidatos, autoridades electorales, entre otros.

El antecedente en las pasadas elecciones y desde que Rafael Moreno Valle llegó al poder en Puebla, es que la operación desde el gobierno jugó un papel fundamental en los resultados. Los opositores al morenovallismo sienten que sin esta intervención hubieran ganado la gubernatura y están seguros de que la pueden ganar. Los morenovallistas, por su parte, perdieron al titiritero; ese que manejaba los hilos estratégicamente y tenía una lectura clara de cómo mover las piezas en una batalla. Seguro estarán dudosos de si pueden repetir la hazaña sin el mastermind.

Por eso, una característica fundamental del próximo interino debe ser que todos lo respeten y confíen en él para garantizar un proceso electoral tranquilo. El gobernador interino será el encargado de generar condiciones de gobernabilidad que permitan que la contienda sea equitativa. Esto se dice fácil pero no hay perfiles visibles que cuenten con esta honorabilidad.

La neutralidad y transparencia en el manejo de recursos de quien sea el interino es indispensable para que nadie sienta que está favoreciendo a uno u otro candidato. Y este es un tema sensible, ya que los programas de gobierno federal estarán arrancando y hay un nuevo listado de beneficiarios. También hay nuevos presidentes municipales en todo el estado que no se benefician de una parálisis en el gobierno estatal y requieren que les lleguen los recursos.

Además, está el tema de la seguridad que no se puede dejar de lado. Puebla tiene el problema del crimen organizado, los huachicoleros, los feminicidios, los secuestros, los asesinatos, los robos, y la violencia generalizada. El gobernador interino debe controlar este ambiente, ya que contrarresta a las condiciones idóneas para la elección. Lo mínimo que debe lograr es garantizar la seguridad de los candidatos y sus colaboradores, así como de los funcionarios electorales y otros participantes.

Dicho todo lo anterior, la filiación partidista del próximo gobernador interino importa en la medida en que es una amenaza a la neutralidad del gobierno estatal en las próximas elecciones. Una figura ciudadana a la que respeten todas las partes sería muy buena; pero, hay pocos que se quieran exponer al desgaste y al riesgo. ¿A cambio de qué se preguntarían muchos?

Mientras tanto, los ciudadanos deben esperar a ver qué le depara a Puebla. Seguir divididos peleando por uno y otro candidato. Las quejas se apilan, las necesidades incrementan, lo urgente puede esperar, los resultados hasta después. Lo único que parece importar, otra vez, son las elecciones. ¡Uff! Agotador…