En la algarabía de aquellos a quienes les brotan las lágrimas de felicidad al ver que quien simboliza la lucha por la injusticia llega al poder, aquellos que no luchamos esas luchas, que no sufrimos esas penas, y que nuestra energía se desgasta en una competencia mundial nos sentimos fuera de lugar, por decir lo menos.

Después de ese día de toma de protesta, con la impresionante imagen del indígena hincado, llorando, abrazando una cruz con un cristo negro, me queda claro que soy “extranjera en mi propia tierra” y sé que AMLO no gobernará para mí.

¡¡¡Claro que quiero justicia social!!! Claro que creo que debe ser una parte prioritaria que defina el rumbo del estado. A todos nos beneficia vivir en un entorno donde nuestros semejantes gocen de un piso mínimo de garantías y derechos. Entiendo la lógica detrás de que mayor justicia social, a la larga, debe disminuir la inseguridad.

Pero mientras se va emparejando el piso, yo no me puedo quedar de brazos cruzados esperando a los de atrás. La competencia hacia afuera sigue. El futuro que quiero para mí se acerca. ¿Qué futuro me ofrece a mí este gobierno?

¿Qué futuro les ofrece el presidente López Obrador a mis hijos? ¿Habrá más y mejores oportunidades de trabajo en 6 o 12 años? ¿Su sistema educativo garantizará que mis hijos puedan competir con recién egresados de cualquier parte del mundo? ¿Habrá un ambiente para que puedan emprender en su propio negocio? ¿Se podrá mantener un negocio familiar en el futuro?

La cosa, hoy en día, está complicada; se necesita de mucho más que antes. El salario o ingreso que aspiro para mis hijos, para que puedan lograr su independencia y su éxito, debe alcanzar para pagar alimentos, agua, luz, gas, teléfono, internet, celular, algún servicio de streaming o cable, gasolina o transporte, renta, adquirir una hipoteca, pagar colegiaturas, seguros de vida, seguro médico (¿se seguirá necesitando?) y los extras: un espacio deportivo y un espacio recreativo… ¿ahorro?

Nada de lo anterior me queda claro con los discursos, declaraciones y conferencias de prensa que ha dado el señor presidente. He leído todos los análisis de lo que dice, quiere decir, podría decir. Y, a mí no me ha hablado. A mí me ha dejado de lado. Yo no quepo en ninguna de sus políticas públicas.

Soy la pequeña franja que queda de una clase media consolidada que aporta puntualmente sus impuestos; que educa hijos con valores cívicos de amor a la patria, la inclusión, el respeto y el servicio a su comunidad; que trata de sacar adelante un negocio o mantener o crecer en su puesto de trabajo; no soy beneficiaria de la corrupción. Me duele el resentimiento social, el clasismo, el rencor. Yo también soy México.

¿Y es que, qué creen? Como los de en medio somos tan poquitos, no somos rentables electoralmente. Los políticos y los gobernantes se enfocarán en políticas públicas para sacar a los de abajo o los de atrás y en impulsar a los de arriba para que les abran oportunidades a los de abajo. ¿Y, dónde quedamos los de en medio? Somos poquitos, deberíamos ser más. Pero no se ve que a López Obrador le preocupemos, ni tampoco a la oposición.