En la antigua Roma era común que la muchedumbre le solicitara al César terminar con la vida de algún gladiador en el Coliseo Romano. Siglos después esta costumbre en algunas partes del México siguen presentes. Solo que aquí los linchamientos se dan en masa y se matan a personas por ser acusadas de un robo o una violación sin ser juzgados ante las autoridades correspondientes. En las regiones donde suceden este tipo de asesinatos muchas veces entre los habitantes no se condena el hecho, para ellos es una forma de hacer justicia por su propia mano a falta de autoridades que guarden el orden. ¿Y si la persona es inocente? ¿El castigo de alguna manera es proporcional a lo que se les acusa? Es increíble como siguen sucediendo linchamientos en el siglo XXI. 

Uno de los linchamientos más recordados en México es el que sucedió en San Miguel Canoa, Puebla, el 14 de septiembre de 1968. Un municipio ubicado en las faldas del volcán de la Malinche y que fue el lugar donde fueron linchados cinco trabajadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) que iban de excursión al volcán y que al ser sorprendidos por la lluvia tuvieron que pasar la noche en ese pueblo. Llegaron a la casa de un habitante que accedió a salvaguardarlos de un torrencial. Varias versiones apuntan que los habitantes del pueblo, instigados por el párroco Enrique Meza Pérez, acusaron a estos jóvenes de ser comunistas y que su plan era colocar una bandera rojinegra en la iglesia local. El Movimiento Estudiantil de 1968, que por aquel momento vivía el país, fue el pretexto para acusarlos ante un pueblo falto de información fidedigna.

Los habitantes del pueblo fueron despertados a la vieja usanza, por medio de campanazos, y fueron armados con machetes, palos y antorchas. Alguien fungió como informante y dio el pitazo del paradero de estos jóvenes que por azares del destino habían llegado a este pueblo. Y el linchamiento sucedió. La masacre incluyó a tres de los cinco jóvenes y al anfitrión. No hubo detenciones masivas ni se detuvo a los principales orquestadores de la barbarie. Los pocos que fueron encontrados culpables quedaron libres al no podérseles demostrar nada. Estos acontecimientos fueron llevados al cine en la película "Canoa" estrenada en 1976. En el filme "Y tu mama también" de Alfonso Curaron durante el road trip en el que se centra la historia se hace una pequeña mención de lo sucedió en San Miguel

El director de Canoa, Felipe Cazals, en 2016 a propósito de los 40 años de su película dijo a la revista Proceso:

"Hay un fenómeno cíclico cercano al genocidio que se presenta actualmente en México. La falta de justicia social histórica acaba de empujar a la gente a hacerse justicia por su propia mano. Lo ocurrido en San Miguel también lo ocasionaron los textos de los periódicos de [aquel] entonces porque señalaban a los estudiantes como enemigos públicos".

Esta película estrenada durante el sexenio de Luis Echeverría fue muy bien recibida fuera de nuestras fronteras, incluso se llevó el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín. El director inglés Alfred Hitchcock decía que el suspenso era la expectativa que se crea cuando un personaje ignora que está en peligro, pero los espectadores si lo saben. Canoa ilustra este principio sin lugar a dudas. 

Han pasado 50 años de los acontecimientos de San Miguel Canoa. Es 2018 y las noticias de linchamientos abundan en algunas regiones sobre todo del centro y sur del país. La incapacidad de la policía para atender denuncias, procesar y capturar a los delincuentes, y la ineficiencia del sistema judicial, en términos de lentitud y muchas veces por negligencia para la imposición de penas, se han convertido en un problema crónico para la sociedad mexicana. Tener confianza en las instituciones es el factor clave para terminar con los linchamientos. También más policías por habitante. La educación y una mejor información, también son necesarios. El que no conoce la historia está condenado a repetirla.

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