Los influencers que tienen los canales de youtube más famosos siempre incluyen dentro de su repertorio videos de expectativa vs. realidad, porque es una manera divertida de checar si lo que otros publican es en realidad tan fácil de hacer como dicen.

Los típicos videos en línea de expectativa vs. realidad son en los que siguen las instrucciones para hacer de manera “facilísima” pasteles, manualidades, arreglos de la casa y otras cosas. Los resultados, al comparar la versión del experto contra la del aprendiz, nunca se acercan a la expectativa.

Así me imagino que nos va a pasar con todas las nuevas expectativas que nos generaron la plantilla nueva de políticos del país. Nos veíamos con calles limpias, pavimentadas (sin baches), iluminadas solarmente, cielos azules, sueldos dignos, educación gratuita de calidad, empleos competitivos, libres de violencia, discriminación y abusos, con cero corrupción e impunidad. Hasta me imagino música de pajaritos sonando mientras vemos nuestras expectativas.

Pero pues como los pasteles derretidos, los marcos chuecos y los cables pelados la realidad pocas veces cumple nuestras expectativas. Llevamos sólo una semana de la elección y ya nos anuncian que seguirá aumentando el precio de la gasolina, que al parecer sí saldría más caro vender el avión presidencial que quedárnoslo, que por fin sí va a tener que llevar seguridad el presidente; y, pues esas son las que llevamos hasta ahorita, más las que se acumulen.

Gobernar tiene costos y las mejores decisiones no son populares. Sostener el ejercicio del gobierno por 6 años no es fácil, ya que requiere emprender planes a largo plazo que no les corresponderá concluir y quién sabe si el que siga después los quiera continuar. Los planes a corto plazo tienen impacto, pero no tan profundo. El reto es enorme.

Hay quien dice que López Obrador tiene un bono enorme de confianza con la aplastante mayoría con la que ganó; pero en los medios de comunicación tiene unos críticos feroces que estarán supervisando cada paso, cada dicho, cada parpadeo buscando incongruencias entre la expectativa vs. la realidad.

Yo no recuerdo que Fox (quien no ganó con una mayoría tan holgada, pero también tuvo un bono democrático por la alternancia) sufriera la obsesiva supervisión de los medios. Él fue el responsable de bajar el tono oficialista de los medios, abrir mucho más la crítica, la burla y la libertad de expresión.

Entonces, aunque muchos digan que el futuro presidente regresará a las formas de gobernar de los setentas, los medios modernos y las redes sociales no permiten autoritarismos injustificados, promesas al aire, gastos sin transparentar, o sea dar paso sin huarache.

Los medios tienen que vender, ganar seguidores, clicks y likes. Los contrastes de expectativa vs. realidad son de las piezas con mayor difusión. Hashtags como #fail o #epicfail suelen acompañar estos despliegues de esmero y buenas intenciones. Pero al final, sólo le sale bien a los expertos. Y, como muchas de las cosas que se van a intentar en este sexenio son experimentos, pues esperemos que esta presidencia no sea un “roast”.