T: pgonzalezr1

Un día común en el trabajo nada sorprendente más que los chismes, algunos buenos y otros recurrentes, mis compañeros son de todas edades y distintos entre sí, mientras unos escuchan cumbias, otros escuchaban baladas románticas “detrás de mi ventana, veo pasar la mañana”, ¿le llamare? No está loca esa mujer, me gusta meterme en problemas, pero también me gusta administrar mis derrotas. Así que para que me enredo con esta homónima de la cantante de los noventa. Pero como siempre la necesidad de hacer el mal, me llevo a que minutos después le estuviera marcando.

El teléfono daba tono y llamaba una y otra vez, hasta llegar a la grabación que te envía al buzón, ya sabía pinche vieja cotizada, para que me da su número si no me va a responder.

Bueno tampoco se perdió nada, solo una conocida fugaz y de ahí no representaría nada más. Poco después de las dos de la tarde zumbo mi teléfono, llamada entrante de un número no registrado, otra vez esos cabrones del banco que a fuerza quieren que me comprometa con un crédito. No puedo llevar al corriente ni una “tanda” menos pagarles un crédito. Dejo que suene y que escuchen la grabación del buzón.

Zumbo más de tres ocasiones, ¡ha cabrón estos del banco si andan más hambreados que yo! -pensé- como chingan. Mientras caminaba y batallaba con mi celular por las constantes llamadas recibidas, fue cuando la vi muy fresca sentada en la jardinera donde la conocí la otra ocasión.

No lo niego si me emocione, pero que se chingue no me contesto, menos se ha de acordar de mí, pase por el frente de ella sin voltear a verla siquiera, ella se levantó como esperando un saludo, el cual no recibió.

Genaro- me grito- fingiendo sorpresa me gire en dirección a ella, la vi con una expresión un tanto triste, hola- respondí- ¿cómo estás?, bien- me dijo-  ¿ya no te acuerdas de mí? – claro eres la del oso panda ¿no?- con un certero golpe en el brazo me dijiste pendejo ya que dije que no me gusta esa referencia. Solo pude echarme a reír.

Como no contestaste mi llamada pensé que pues menos te ibas a acordar de mí personalmente-comenté- reprochando me dijiste que yo solo había marcado una vez, sin embargo, tu llevabas marcando más de ocho veces en esta tarde, a cabrón eras tú-sorprendido respondí- pensé que eran los pendejos del banco que chingan y chingan, para que cambias de número y no me avisaste.

Por eso vine a sentarme un rato aquí, pensando que pasaras en algún momento, y ve tuve suerte y te encontré- me dijiste-, si paso muy a menudo por este lugar esta de camino al bar donde fuimos la ocasión cuando te conocí, recuerdas.

Seguimos platicando sin mucho esmero hasta que nuevamente llegamos a una plática trágica, sobre la violencia y los linchamientos que han sucedido, y como la gente desesperada por la falta de justicia, prefiere tomar las riendas y hacer de juez, poner la condena que cree es la mejor, aunque algunos ladrones no merezcan mayor misericordia, no es lo más humano que se puede hacer en esos casos. Es más tengo algunos documentales sobre eso casos, ¿quieres verlos?, aceptaste por morbo, supongo.

Ya instalados en la habitación que ocupo, prendí la computadora y puse el documental, las escenas demasiado fuertes para el común de la gente, golpizas masivas, llantos y gritos formaban parte de la música de fondo, la sangre teñían cada toma como película de Tarantino, solo que no era ficción, comenzaste a mover las piernas en señal de nerviosismo, secabas tus manos sobre tu pantalón, y la frente se mojaba y comenzaba a escurrir. No te hacia mucha gracia lo que veías aunque no apartabas la vista del monitor.

Ya me sabia escena por escena de ese documental lo he visto muchas veces así que me concentraba en tus reacciones, apareció un pequeño temblor, parecía que tú estabas sola en ese espacio, yo no importaba, tome tu mano para distraerte un poco pero no lograra que voltearas hacia mí. La perversión una vez más inundo mis pensamientos, y como si estuviera con alguien sin vida, sin mayor temor perdí mi mano en tu sostén, esperando una bofetada por respuesta pero no fue así, seguías sin voltear a verme.

Toque y masajee tus senos a  mi gusto, como infante metiendo las manos en un recipiente lleno de dulces, con esa misma ansiedad pasaba de un lado a otro, apretando y chupando. Pensé por un momento que era tal tu sufrimiento que de verdad no sentías nada de lo que te hacía. Pero no era así, no sufrías pero si te excitabas cada vez que veías el sufrimiento en alguien más. 

Te agitabas cada que hacia algún movimiento sobre tu cuerpo, gemías despacio, casi era imperceptible, pero lo estabas disfrutando. Quitándome la pena y culpa de mis hombros, también te di tu merecido como aquellos criminales en el monitor, no te queme, pero estoy seguro que falto muy poco para que te incendiaras.

Después de la actividad nos quedamos recostados uno al lado del otro como novela ñoña, viendo al techo, tu pensabas en no sé qué, pero veías fijamente al foco, yo también veía al foco, pero pensaba que te gustaba sufrir apasionadamente.