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Martes,18 de Abril de 2017

Foto: Especial

#ESPECIAL: EL APARTHEID. LA SEGREGACIÓN EN TIEMPOS MODERNOS

Pese a que el fin del Apartheid ha sido limitado al caso sudafricano, la segregación de las sociedades actuales demuestra que sus principios no han muerto.

lunes, 17 de julio de 2017, Sergio Noriega

Sudáfrica vivió tiempos oscuros durante el llamado Apartheid, un periodo histórico que hace referencia a las políticas raciales y discriminatorias que fueron legalizadas por el Gobierno del país. Desde 1948 y hasta 1990, la ideología de superioridad racial imperó en toda la nación africana, después de una serie de leyes promulgadas por Daniel Malan.

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En un escenario donde la discriminación está institucionalizada, los sueños libertarios se sofocan con facilidad, así como cualquier intento de rebeldía. Sin embargo, existen hombres que son capaces de sacrificar todo por sus principios, dispuestos a ver violentada su libertad para conseguir la de sus semejantes. Uno de ellos, nació un 18 de julio de 1918, bajo el nombre de Nelson Rolihlahla Mandela.

“Ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejora la libertad de los demás”, solía decir el hombre que llegaría a convertirse en Presidente de Sudáfrica.

Fiel a sus principios, Mandela inició una guerra abierta contra el Apartheid, en busca de acabar con cualquier muestra de segregación racial en el territorio. La lucha no fue sencilla, sobre todo, porque el problema estaba profundamente arraigado desde la década de los 40. Pero, ¿qué buscaba realmente el Apartheid?

El término significa separación en Afrikaans, una variante sudafricana del idioma holandés, y alude directamente a la organización social y territorial en favor de la raza blanca. Aunque el fenómeno también se registró en Namibia, el caso sudafricano tuvo una mayor proyección internacional.

En aquellos años, la división social en Sudáfrica era evidente. Se creaban lugares separados, tanto de vivienda como de estudio y entretenimiento, para los diferentes grupos raciales. Asimismo, los blancos eran los únicos hombres con derecho al voto, vulnerando uno de los derechos inalienables de las sociedades libres y democráticas. Los matrimonios y relaciones sexuales entre blancos y negros estaban tajantemente prohibidos.

Ser negro en Sudáfrica durante los años del Apartheid era someterse al yugo de los blancos, de la comunidad extranjera, principalmente, de origen europeo. Los llamados “lugares para blancos” quedaban fuera del mapa para la gente de raza negra, que se tenía que conformar con servicios de pésima calidad en su vida cotidiana.

Autobuses escasos, hospitales con sobrepoblación, falta de personal calificado, escuelas con hacinamiento y las carencias de servicios públicos básicos, formaban parte de la realidad del país africano. Además, las leyes eran estrictas para este sector de la población. Cualquier infracción de las normas conllevaba a ser condenado a prisión.

Aunque los relatos del Apartheid causan indignación en la actualidad, ¿qué tan lejos está la sociedad moderna de la discriminación racial? ¿Realmente es un problema superado?

El Apartheid no ha muerto

De acuerdo con organizaciones de derechos humanos y activistas, el racismo continúa siendo uno de los lastres de la sociedad actual. Solo basta mirar las noticias para percibir que la ideología de superioridad racial sobrevive hasta nuestros días. Independientemente del grado de desarrollo, la división sigue latente en diferentes geografías del mundo.

Como se mencionó anteriormente, el concepto Apartheid significa Separación. Desde Estados Unidos hasta México, desde Israel hasta el seno de la Unión Europea, la segregación es evidente en múltiples formas.

En el caso particular de Estados Unidos, la llegada de Donald Trump al poder solamente acentuó problemáticas presuntamente superadas. Las muestras de racismo, la intolerancia hacia la comunidad musulmana y odio hacia los inmigrantes, son solo una muestra de los sentimientos que han revivido en los grupos radicales.

Los abusos de la Policía sobre individuos de raza negra y las manifestaciones recientes del Ku Klux Klan son justificadas por miles de personas en Estados Unidos. El discurso de Donald Trump y sus políticas proteccionistas alientan las muestras de desprecio, y hasta cierto punto legitiman el accionar violento de los verdaderos criminales.

El pasado domingo, casi seis mil personas asistieron al concierto Rock contra la Extranjerización, celebrado en la ciudad de Themar, en el corazón de Alemania. El evento estuvo marcado por cánticos neonazis. Ante los ojos de las autoridades, los asistentes amagaron con utilizar los símbolos empleados por el Ejército Neonazi, durante los años del genocidio judío.

Playeras con leyendas como Amo a Hitler o HKNKRZ (Hakenkreuz, que significa esvástica), fueron portadas con gran orgullo por miles de jóvenes. Asimismo, no faltó quienes realizaron el saludo nazi, que recuerda una época oscura para Alemania. Resulta evidente que los principios del Apartheid no solo eran un problema en Sudáfrica, sino que son un cáncer que no conoce fronteras de tiempo ni espacio, afectando incluso a la mayor potencia de Europa.

“He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre, en la cual todas las personas puedan vivir en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir hasta lograrlo. Pero es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”, dijo en algún momento Nelson Mandela.

Sin duda, el mundo le extraña, especialmente, en años donde el racismo y la segregación racial parecen volver a cobrar fuerza.