#ESPECIAL: En memoria de las víctimas del Holocausto

Hitler pudo concebir finalmente la 'Solución Final' para depurar las sociedades y establecer una raza 'pura' (la germana), asesinando a sus víctimas en cámaras de gas diseñadas especialmente para ello.

Holocausto Foto: Staff Sexenio

Cuando Alemania fue derrotada en la Primera Guerra Mundial, en una situación inexplicable, puesto que aunque nunca fue ocupada, los germánicos debieron enfrentar la pérdida de unos 2.5 millones de combatientes.

Uno de sus soldados, el austriaco Adolf Hitler -quien luchó en las filas teutonas- responsabilizó de ello a los judíos, pues los señaló como creadores de los falsos universalismos del liberalismo y el socialismo, que impedían a los alemanes alcanzar su ‘destino especial’.

Bajo esta ideología y apoyado por el Partido Nazi, Hitler llegó a convertirse en canciller y presidente de Alemania; una vez en el poder, decidió invadir a sus vecinos del este en una lucha por su 'espacio vital'. Lo que también significaría destruir a la Unión Soviética, conquistar el poder mundial y ocupar la parte del globo terrestre donde vivía la mayoría de los judíos.

Hitler recurrió a una supuesta inestabilidad interna para justificar la creación de instituciones cada vez más represivas, privó a los judíos de sus derechos civiles y los presionó para que emigraran. Y durante la ocupación alemana en países como Hungría, Polonia, Noruega, Checoslovaquia, Dinamarca, etc., los semitas fueron expulsados de tales zonas.

Mientras el poderío alemán se extendía, se creó una oficina de “emigración” que arrebataba al pueblo judío sus propiedades, mientras los habitantes huían de la violencia. Las víctimas de odio racial eran retenidas, padecieron el desgobierno, la explotación, la miseria, la muerte por hambre y enfermedad, además de ser encarcelados en campos de concentración donde realizaban trabajos forzados.

La polémica asunción de la raza aria

Luego de que los alemanes se dieran cuenta de que deportar a todos los judíos era prácticamente imposible, determinaron comenzar con el asesinato masivo de esta raza, con lo que dio inicio el periodo histórico conocido como el Holocausto Nazi. Así, Hitler pudo concebir finalmente la ‘Solución Final’ para depurar las sociedades y establecer una raza ‘pura’ (la germana), asesinando a sus víctimas en cámaras de gas diseñadas especialmente para ello.

Dos de cada tres judíos habían muerto por su ‘inferioridad racial’, y no conformes, los alemanes arrasaron además con gitanos, prisioneros soviéticos de guerra e intelectuales polacos. También persiguieron a homosexuales, oponentes políticos, disidentes religiosos y otras personas cuyos comportamientos no se ajustaban a las normas sociales prescritas.

Adolf Hitler era un dictador dispuesto a acabar con aquellas vidas “que no eran dignas de ser vividas”, por lo que emprendió la Aktion T4 (en referencia la localización de las oficinas de esta fundación), donde por medio de la eutanasia, se concedía a los enfermos y personas con discapacidad “el alivio de la muerte”, proporcionándoles sedantes, narcóticos y medicamentos específicos para esta finalidad o simplemente cancelando su tratamiento médico.

Existían seis lugares en los que se llevaban a cabo estas eutanasias nazis, mismos que disponían de una cámara de gas y hornos crematorios para incinerar los cuerpos. En tanto, los restos eran devueltos a sus familias en urnas acompañadas de un certificado médico donde se falsificaba la causa del deceso.

Pese a que sólo se habla de los alemanes como autores de este genocidio, lo cierto es que los polacos jugaron un papel esencial en la persecución nazi. Tras la destrucción del Estado polaco, su policía continuó en funciones y recibía órdenes de Alemania, por lo que se movilizaron en búsqueda de los judíos.

Si esta persecución fallaba, los propios castigadores eran designados rehenes y castigados; quienes fungían como líderes locales eran responsables de mantener sus distritos libres de judíos, si no lo hacían, podían ser denunciados. Por el contrario, si tenían éxito, se ganaban el derecho de distribuir las propiedades que dejaban los rehenes.

Debido a esta ley social establecida en ese entonces, los campesinos comenzaron a adoptar prácticas en las que se enemistaban unos con otros: se denunciaban entre sí cuando -de manera prohibida- daban asilo a algún judío, advertían cuando una familia recolectaba más comida, si tenía otros horarios o incluso, si llevaban el periódico a casa, pues eran tomadas como señales de que ocultaban a un semita.

Esta epidemia de denuncias callejeras ayudaba a los polacos a hacerse de la propiedad de quienes escondían a los perseguidos, aunado al miedo a las represalias colectivas de los alemanes. De ahí que Polonia fuera catalogada en muchas ocasiones como un ‘falso’ defensor e incluso, como víctima de este trágico movimiento antisemita.

Así pues, los crímenes cometidos durante el Holocausto devastaron a la mayoría de las comunidades judías en Europa, además de eliminar por completo a cientos de éstas de los territorios ocupados por dicha etnia en la zona de Europa Oriental.

La caída nazi

El poder alemán fue decayendo luego de distintos acontecimientos: rebeliones de la resistencia y la declaración de guerra de Italia, así como el planteamiento de desmembrar Alemania que hicieron el norteamericano Franklin D. Roosevelt, el británico Winston Churchill y el ruso Joseph Stalin.

Hitler ya vivía acosado; sufrió un atentado planeado por un grupo de oficiales cuando se encontraba en su cuartel general de Rastenburg en Prusia Oriental, del que resultó con heridas leves. Para vengarse, hizo ajusticiar a 200 resistentes de la élite político-militar. Desgastado por las batallas, ya era un enfermo mental que todavía creía en el triunfo obtenido con armas secretas que preparaba.

Detrás de él seguía tan sólo una reducida corte de aduladores, su amante Eva Braun, así como su amigo y ministro de propaganda de la Alemania nacionalsocialista, Joseph Goebbels, por lo que el poderoso líder del nazismo vivía totalmente aislado mientras veía cómo sus fieles servidores iban abandonándolo.

Devastado y oculto en su búnker subterráneo de Berlín mientras el Ejército Rojo soviético se apoderaba de la ciudad, acordó quitarse la vida después de contraer nupcias con Braun, así que fijaron su unión matrimonial mientras ordenaba que Blondi, su pastor alemán, fuera envenenada.

Al acabar la ceremonia dictó su testamento político y, al día siguiente -30 de abril de 1945- se escucharon dos disparos: Adolf y Eva se habían quitado la vida. La noticia se dio a conocer al día siguiente a través de la radio, anunciando que el Führer (líder), como era conocido, había sido un héroe que cayó luchando hasta el último momento.

Durante la primera noche de aquel mes de mayo se emprendió una huida masiva, mientras que siete días después de la muerte de Hitler fueron suspendidas todas las hostilidades raciales. Años después, esta atrocidad mundial llamó al respeto de los derechos humanos sin distingos de raza, género, idioma o religión.

La repulsión al genocidio tras el asesinato sistemático de 6 millones de judíos (sin contar los millones de víctimas que no pertenecían a este gremio), han sido factores para combatir el odio y privilegiar la tolerancia alrededor del mundo, pese a que sin duda, aún queda mucho por hacer para garantizar la convivencia pacífica entre las distintas razas humanas.

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