#ESPECIAL: Octavio Paz, el primer escritor mexicano en recibir el Nobel de Literatura

Al enterarse de su triunfo- el gran Paz expresó que "el Nobel no es un pasaporte a la inmortalidad. La relativa inmortalidad de las obras literarias y artísticas la da la calidad".

octavio paz Foto: sta

Un pequeño barrio de la Ciudad de México fue el escenario de la niñez de Octavio Paz. Criado por su madre, Josefina Lozano, y su abuelo paterno, Irineo Paz, mientras su padre, Octavio Paz Solórzano, trabajaba como escribano y abogado de Emiliano Zapata, además de ser colaborador incansable del movimiento vasconcelista.

 

En un casa de Mixcoac convivía con los señores Paz, un par de hombres letrados. Don Irineo fue editor y escritor de un libro significativo del Porfiriato: México actual, galería de contemporáneos, una radiografía de los personajes de esa época. Por su parte, Don Octavio fue un periodista, escritor y editor de publicaciones relacionadas con los zapatistas.

 

“Como su padre y su abuelo, Octavio fue seducido por la vocación de escribir y el placer de hacer libros, tanto propios como ajenos” (Adolfo Castañón, integrante de la Academia Mexicana de la Lengua).

De esa misma forma lo recordaba Paz Lozano en entrevista con el investigador y profesor cubano Enrico Mario Santí:

 

“Fue decisiva la presencia de mi abuelo que era escritor. Lo veía leer y escribir todos los días. Sabía que había escrito memorias, novelas, de modo que fue un poco el modelo… También, una influencia determinante fue la de una tía (Amalia), era una gran lectora, le interesaba mucho la literatura”.

Al concluir sus estudios de Derecho en la Universidad Autónoma de México (UNAM) se mudó a Yucatán donde comenzó a escribir Entre la piedra y la flor, un poema sobre la cultura y el rompimiento de la fe del campesino mexicano frente al sistema capitalista.

 

Desde joven, la cercanía con la literatura se tornó una cotidianidad en su vida, por lo que incluso cuando viajó a España en plena guerra civil -entre 1936 y 1937-, descubrió a escritores como Gerardo DiegoJuan Ramón JiménezAntonio Machado y al chileno Pablo Neruda.

 

Pese a mostrarse solidario con la causa republicana en el país europeo, esto cambió tras la represión contra algunos de sus amigos que militaban en el Partido Obrero de Unificación Marxista de Cataluña. Luego de ello, Octavio Paz denunció los campos de concentración soviéticos y los crímenes de José Stalin.

 

De vuelta en México hacia los últimos años de la década de los treinta e inicio de los años cuarenta, fundó las revistas Barandal y Taller. Ésta última se convirtió en una red de poetas e intelectuales españoles refugiados en México; casi al final de TallerPaz conformó dos antologías, una de poesía moderna llamada Laurel y otra por encargo de la UNESCO sobre poesía mexicana, Anthology of Mexican Poetry.

 

Conoció el surrealismo durante su estancia en Francia como diplomático mexicano, desde donde publicó su clásica y más relevante obra: El laberinto de la soledad, un ensayo antropológico sobre la identidad de nuestro país.

 

Durante la prolífica década de 1950 también salieron a la luz otros títulos como El arco y la lira, donde reflexiona sobre el fenómeno poetico; ¿Aguila o sol?, un libro de prosa con influencia surrealista; y Libertad bajo palabra, un compendio de algunos de sus poemas más representativos.

 

"La vergüenza es ira vuelta contra uno mismo"

(México: Olimpiada de 1968)

Cuando Octavio Paz fungía como embajador en India, se enteró de la masacre ocurrida en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968; en señal de protesta, renunció a tal cargo porque "no podía seguir representando a un gobierno que había obrado de una manera tan abiertamente opuesta a mi forma de pensar", según confesó a Elena Poniatowska.

 

En conversación con Alfred Mac Adam para The Paris ReviewPaz recordaba que "el movimiento estudiantil en México era más ideológico que en Francia o en los Estados Unidos, pero también tenía aspiraciones legítimas. El sistema político mexicano nacido de la Revolución había sobrevivido, pero padecía una suerte de arteriosclerosis histórica. El 2 de octubre de 1968, el gobierno mexicano decidió emplear la violencia para reprimir el movimiento estudiantil. Fue un acto brutal".

 

Así, bajo el título Olimpiada y Tlatelolco, de su libro Postdata, que ediciones después sería publicado como un apéndice de El Laberinto de la soledad, escribió que "1968 fue un año axial: protestas, tumultos y motines en Praga, Chicago, París, Tokio, Belgrado, Roma, México, Santiago... de la misma manera que las epidemias medievales, no respetaban ni las fronteras religiosas ni las jerarquías sociales, la rebelión juvenil anuló las clasificaciones ideológicas".

 

Tres años después, con Luis Echeverría en la Presidencia de la República y tras su escasa voluntad de aclarar la matanza, el escritor le retiró su apoyo. Su actitud con los dos siguientes sexenios no fue diferente, criticó ampliamente las corrientes capitalista y neoliberalista. Paz “se reencontró” con el liberalismo: denunció las violaciones a los derechos humanos de los regímenes comunistas, con lo que atrajo ánimos de la izquierda latinoamericana y de algunos estudiantes universitarios.

 

En opinión de Enrico Mario, “antes del 68, Paz es un escritor y diplomático; a partir del 68, Paz es una figura pública, un intelectual; en ese momento empieza su fama”.

 

 

La inmortalidad de Paz

Considerado como uno de los poetas hispanos de todos los tiempos, además de la poesía incursionó en una extensa rama de estilos literarios: ensayos, novelas y traducciones. Su obra poética utiliza una rima interna y sutil, algunas veces difícil de captar, en la que aborda tópicos como el amor, el erotismo, la religión y la metafísica del ser.

 

Gracias a su interesante obra fue laureado con importantes galardones: el Príncipe de Asturias, el Premio Cervantes y el de Tocqueville. No obstante, el mayor de todos lo recibió en 1990, año en el que se convirtió en el primer escritor mexicano en recibir el Nobel de Literatura, otorgado como un reconocimiento universal a su producción y carrera.

 

Pese a ser uno de los premios de mayor renombre en todo el mundo, -al enterarse de su triunfo- el gran Paz expresó que "el Nobel no es un pasaporte a la inmortalidad. La relativa inmortalidad de las obras literarias y artísticas la da la calidad".

 

Octavio Paz estuvo casado con la también literata Elena Garro, con quien tuvo a su única hija: Laura Helena. Se unió a Bona Tibertelli de Pisis durante su paso por la India, aunque su compañera hasta el último día de su vida fue su hoy viuda, Marie José Tramini.

 

Paz murió a los 84 años de edad en la Casa de Alvarado, lugar al que fue trasladado luego de que un incendio destruyera parte de su biblioteca en su hogar anterior. Este lugar fue sede de la Fundación Octavio Paz y actualmente alberga la Fonoteca Nacional.

 

Octavio Paz es “el intelectual mexicano de mayor influencia a nivel internacional durante la pasada centuria y cuyas reflexiones sobre la sociedad mexicana de ayer y hoy serán siempre un referente para conocer nuestra idiosincrasia y cultura”.

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