#ESPECIAL: El lado oscuro de las fiestas decembrinas

Aunque muchos reciben las fiestas de diciembre con alegría, no todos comparten el mismo gusto por las celebraciones del último mes del año.

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El ambiente navideño está por todos lados y las familias ya planean la celebración que tendrá lugar en un par de semanas. Las posadas, la cena de Navidad y la fiesta de Año Nuevo están a la vuelta de la esquina. Aunque todo parece insertarse en un ánimo de felicidad y alegría, no todo es color de rosa en el último mes del año.

Curiosamente, muchas personas aceptan que estas últimas semanas también traen consigo momentos de inapetencia, tristeza, llanto, en pocas palabras, depresión. Estos síntomas no deben minimizarse, pues podrían derivar en algo más complejo como una crisis depresiva de gravedad o a problemas todavía más severos como el suicidio.

Los expertos aseguran que no se trata de un mito urbano, ya que existen diversas teorías psicológicas sobre el aumento de los casos de depresión durante el término del año.

ÚLTIMA HORA

Algunos especialistas afirman que es normal sufrir bajones de ánimo durante el mes de diciembre, sobre todo, porque las festividades fomentan una regresión a nuestra niñez, lo que contribuye a que nos sintamos un poco nostálgicos y sensibles.

Sin embargo, el verdadero peligro comienza cuando estos periodos de depresión duran más de dos semanas. En ese caso, es una clara señal de un problema mucho más profundo, el cual debería ser motivo suficiente para acudir con un especialista con urgencia.

Enero, la verdadera amenaza

Estadísticas recientes aseguran que el número de suicidios durante diciembre no aumenta o, al menos, no existen datos que respalden esta hipótesis. En algunas ocasiones, la tasa de suicidios ha disminuido, precisamente, durante el último bimestre del año.

Sin embargo, el mes siguiente, enero, arroja datos muy interesantes. Una investigación realizada en Países Bajos demostró que se trata del mes en el que se registra mayor cantidad de suicidios. Pero, ¿por qué sucede esto?

Científicos daneses indican que las ideas suicidas rondaban en la cabeza de las personas desde diciembre, pero por alguna extraña razón, muchas decidían posponer sus planes hasta después de las vacaciones navideñas y de fin de año.

Asimismo, indican que la excitación provocada por los festejos llega a su fin en el primer mes del año entrante, por lo que los malestares físicos y mentales se agravan. El estrés vacacional y emocional podría hacer mella en varias personas que ya arrastraban problemas psicológicos.

Por otro lado, un grupo de científicos británicos encontró un gen que fue bautizado como ARNTL, el cual se encuentra menos activo en determinadas temporadas del año. A principios de invierno, parece estar en mayor estado de reposo, pero aumenta su dinámica en verano.

De acuerdo con el reporte, este gen se encarga de la respuesta inflamatoria; es decir, en el principio de la temporada invernal favorece la aparición de determinadas enfermedades, en especial, las cardiopatías.

Otro dato revelador es que, según la Universidad de California, el 1 de enero es el día que más vidas cobra por causas naturales, registrando hasta cinco por ciento más fallecimientos que en cualquier otra jornada del año.

Causas que detonan la depresión

Entre los factores que pueden fomentar la aparición de un cuadro depresivo en esta temporada del año se encuentran la predisposición genética, es decir, tener padres o hermanos que padecieron esta enfermedad.

Además, la soledad suele tener un impacto fuerte en aquellas personas que no cuentan con familiares o amigos con quienes pasar las fiestas. Esto deriva en una sensación de malestar emocional que se ve agravado aún más con la exposición continua a publicidad donde se resalta la importancia de una familia unida en dicha temporada del año.

Los problemas económicos abonan a que las personas se sientan tristes y desilusionadas por no haber mejorado su estilo de vida o la de sus familias, además de que crece el anhelo de volver a ver los seres queridos que fallecieron meses o años atrás.

Señales de alerta

Estado de ánimo irritable

Dificultad para dormir o exceso de sueño

Cambio de apetito

Pérdida de peso

Dificultad para concentrarse

Sentimientos de inutilidad y baja autoestimo

Pérdida de interés en actividades que solían agradarle