#ESPECIAL: Los poemas de Pablo Neruda, los mejores para enamorar Foto: Especial / Pablo Neruda

Pablo Neruda falleció hace 45 años en la ciudad de Santiago de Chile. Nadie olvida al genio literario que conquistó al mundo con sus poemas, versos compuestos con gran naturalidad que siguen siendo objeto de admiración. El nacido en Parral como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto fue un prodigio, una luz en el mundo de las letras.

El escritor fue galardonado en vida con múltiples reconocimientos, el más importante de ellos el Premio Nobel de Literatura de 1971. En su momento, el también monstruo del arte escrito, Gabriel García Márquez, lo calificó como “el más grande poeta del Siglo XX en cualquier idioma”.

La crítica literaria jamás ocultó su admiración por Neruda, tal como está reflejado en las palabras de Harolod Bloom.

“Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él”, afirmó, para después colocarlo entre los 26 autores más importantes de la literatura occidental de todos los tiempos.

En la actualidad, la cultura popular recuerda a Pablo Neruda como el poeta del amor, un autor cuya pluma escribió versos inigualables en honor a uno de los sentimientos más intensos de la naturaleza humana.

En 1924, con tan solo 20 años, el nombre de Pablo Neruda emerge de forma descomunal con su obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada, convirtiéndose así en el poeta más conocido de todo su país.

A continuación, Sexenio presenta una serie de fragmentos de la obra de Neruda, piezas que reflejan su forma de entender el amor.

Fragmentos de poemas de Pablo Neruda

 

Poema 12

Para mi corazón basta tu pecho,

para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo

lo que estaba dormido sobre tu alma.

 

Soneto 45

No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo,

porque, no sé decírtelo, es largo el día,

y te estaré esperando como en las estaciones

cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces

en esa hora se juntan las gotas del desvelo

y tal vez todo el humo que anda buscando casa

venga a matar aún mi corazón perdido.

 

Si tú me olvidas

Pero

si cada día,

cada hora

sientes que a mí estás destinada

con dulzura implacable.

Si cada día sube

una flor a tus labios a buscarme,

ay amor mío, ay mía,

en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,

mi amor se nutre de tu amor, amada,

y mientras vivas estará en tus brazos

sin salir de los míos.

 

Soneto 25

Antes de amarte, amor, nada era mío:

vacilé por las calles y las cosas:

nada contaba ni tenía nombre:

el mundo era del aire que esperaba.

 

Juntos nosotros

Qué pura eres de sol o de noche caída,

qué triunfal desmedida tu órbita de blanco,

y tu pecho de pan, alto de clima,

tu corona de árboles negros, bienamada,

y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje

que huele a sombra y a precipitada fuga titánica.

Ahora, qué armas espléndidas mis manos,

digna su pala de hueso y su lirio de uñas,

y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma

están situados en lo justo de la fuerza terrestre.

 

Soneto 83

Ausente, por los sueños tu corazón navega,

pero tu cuerpo así abandonado respira

buscándome sin verme, completando mi sueño

como una planta que se duplica en la sombra.