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¿BENITO JUÁREZ PERDONÓ LA VIDA DE MAXIMILIANO I?

Este 19 de junio se cumple un aniversario más de la muerte y fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, sin embargo, existe el mito de que el presidente Juárez le perdonó la vida, quien vivó el resto de sus días bajo el nombre de Justo Armas.

lunes, 19 de junio de 2017, Miguel Angel Carral

Corría el siglo XIX, un 19 de junio de 1867. El marco era el Cerro de las Campanas, en Querétaro, México. El gran protagonista de la escena era Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, mejor conocido como Maximiliano de Habsburgo, quien en aquel entonces había sido Emperador de México, pero que en ese día en concreto encontraría la muerte por fusilamiento. O eso es lo que la historia ha documentado.

El investigador Rolando Deneke tiene la firme idea de que el emperador Maximiliano I de México no murió aquel 19 de junio de 1867, sino que comenzó una nueva vida al haberle sido personada su vida por el entonces Presidente de México, Benito Juárez García.

El edicto con el que Juárez dio a conocer el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo es intrigante y la primera pista sobre el destino que pudo haber tenido el príncipe europeo. Y es que tanto Benito Juárez como Maximiliano I fueron masones, lo que habría impedido que el presidente mexicana acabara con la vida de un hermano de logia y que le buscara un salvoconducto a El Salvador.

“El Archiduque Fernando Maximiliano José de Austria había sido hecho justo por las armas”, escribió Benito Juárez a la muerte de Maximiliano de Habsburgo.

Maximiliano I, un líder que no logró gobernar

Maximiliano de Habsburgo gobernó México de 1864 a 1867. O bueno, fue uno de los gobernantes, pues Benito Juárez también fue presidente en ese lapso, solo que Maximiliano fue el líder al que encumbraron los conservadores para que tomara el rumbo del país.

Aunque la intención de Maximiliano I como gobernante de México fue la mejor para con sus súbditos y su pueblo, el tiempo no le favoreció y tuvo que abdicar al trono ante el avance de las fuerzas republicanas de Juárez.

Maximiliano había aceptado el trono de México para velar por su pueblo y ante la nula posibilidad de gobernar en su natal Austria por el reinado de su hermano Francisco José I de Austria. Sin embargo, el destino le depararía otro camino.

El mito de Don Justo Armas

Aunque Rolando Deneke es arquitecto de profesión, cuando tuvo la oportunidad de visitar Austria indagó la historia que su abuela le había contado sobre Justo Armas, un elegante personaje de la segunda mitad del siglo XIX que vivió en El Salvador que su bisabuela Abelina había conocido, y quien aseguraba que Don Justo Armas era en realidad Maximiliano de Habsburgo.

“Ella insistía en que Justo Armas había sido el emperador de México y yo no cuestioné nunca esta historia por respeto, aunque no la creía. Pero a medida que crecía me fui interesando cada vez más por la historia y cuando tuve la oportunidad de visitar Austria aproveché el viaje para obtener datos y lo mismo hice en otros países. Ahora ya no me cabe ninguna duda”, indicó en su tiempo Rolando Deneke.

A partir de este momento, Rolando Deneke dedicó quince años de su vida a investigar el mito sobre que Justo Armas y Maximiliano I eran la misma persona.

Deneke encontró que Justo Armas llegó a San Salvador antes de 1870, pues hasta este año había registro de él. Al llegar a Centroamérica, fue acogido por Gregorio Arbizú, vicepresidente y canciller en el Gobierno del presidente Francisco Dueñas, quien además era masón. A partir de esta administración, Justo Armas asesoró a los presidentes de El Salvador y se encargó del protocolo en asuntos de la cancillería.

La particularidad de Don Justo Armas es que aunque era “un hombre impecablemente vestido y de exquisito trato, no usaba calzado”, algo que nunca explicó el porqué justificándose que ante una grave amenaza de muerte, “le prometió a la Virgen ir descalzo el resto de su vida si conseguía salvarse”. Sobre su pasado, Justo Armas nunca abundó, y solamente explicó que era el único sobreviviente de un naufragio.

La investigación de Deneke también encontró que ante la solicitud de las potencias europeas a México de entregar el cadáver de Maximiliano de Habsburgo, cuando el supuesto cuerpo del príncipe llegó a Austria, su madre, la archiduquesa Sofía de Baviera, afirmó que no era su hijo aquel al que le devolvieron.

La prueba decisiva para Rolando Deneke fue un análisis de ADN que realizó con una muestra de sangre a la que tuvo acceso del emperador con una pariente de Maximiliano por la línea materna directa, la cual dio positivo. También afianzó su postura con un estudio grafológico al comparar la letra de Maximiliano y la de Armas.

Además, Rolando Deneke entrevistó a una mujer que observó una entrevista entre Don Justo Armas y emisarios austriacos durante la Primera Guerra Mundial, a quienes había negado ver pero que finalmente los recibió. Estos le pidieron a Justo Armas que regresara a Austria debido a la decadencia de su hermano Francisco José, y que debía subir al trono. Un firme Justo Armas rechazó la oferta al aseverar que había renunciado a ese privilegio hace muchos años.

Justo Armas falleció en 1936, habiendo vivido por más de 60 años en El Salvador, y que si se toma en cuenta la edad a la que murió el emperador Maximiliano I de México, este personaje habría fallecido a la edad de 106 años. Esto coincidió en el tiempo con que los sellos del archivo personal de Maximiliano fueran rotos en esta época, hasta mil novecientos treinta y muchos.

“Parece increíble pensar que el emperador Maximiliano de México viviera en El Salvador por más de sesenta años descalzo y sin poder revelar su verdadera identidad. Pero ya no tengo ninguna duda y creo que el hecho cambia el rumbo de la historia y crea las bases para trazar nuevos lazos de amistad entre El Salvador, México y Austria”, concluye Rolando Deneke.

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